Los indignados se apaciguan, dejan de votar a populistas y vuelven a los partidos tradicionales
La esperanza que supusieron esos grupos cuando nacieron en el momento peor de la crisis y frente a los partidos tradicionales, demasiado lentos de reflejos para entender lo que estaba ocurriendo, se ha desvanecido.
La derrota de Syriza en las elecciones griegas es muy significativa. El movimiento que encabezaban Tsipras y Varoufakis se ha dividido ante las elecciones, tras haber aplicado las políticas de recorte más duras y ha terminado perdiendo el poder a manos de la derecha tradicional. Como Podemos en España, en caída libre, o el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, que gobierna a la sombra de los populistas de derechas en una alianza imposible. La esperanza que supusieron esos grupos cuando nacieron en el momento peor de la crisis y frente a los partidos tradicionales, demasiado lentos de reflejos para entender lo que estaba ocurriendo, se ha desvanecido.
De una parte, los jóvenes que entonces estaban en paro y con pésimas expectativas laborales, ya son menos jóvenes y de una forma u otra se han acomodado a la nueva economía: salarios bajos, precariedad máxima, dificultades para el acceso a la vivienda, incertidumbre sobre sus pensiones, etc. De otra parte, los nuevos partidos hicieron bandera del populismo además de encarnar otras tendencias igualmente estériles: adanismo, tacticismo y sobre todo asumiendo lo peor de la denostada política partidista: personalismo, centralismo y oportunismo.
Ahora las aguas de la política bajan tranquilas y quienes nacieron en las calles se ahogan en los despachos confortables de las instituciones, mientras en su vida privada actúan como lo hacían quienes eran denostados. Sus miserias han quedado al desnudo y el electorado ha actuado en consecuencia. Las últimas encuestas en España pronostican un hundimiento todavía mayor si se repiten las elecciones.
En el ámbito de la derecha acontece algo parecido. Macron está erosionado por las protestas de los “chalecos amarillos”, un confuso movimiento de la periferia contra el centro, Ciudadanos se ha enredado en el victimismo más aparatoso, Vox ha comenzado a purgar las voces más estridentes en beneficio de una respetabilidad mayor y en Europa las derechas se han quitado la máscara de las formas para repartirse el poder descarnadamente. Fin de ciclo.
La nueva situación se resume en pocas palabras: horizontes más bajos, menos ambiciosos. Los recursos públicos continuarán siendo insuficientes, las reformas importantes no son viables por inestabilidad política o simplemente insuficiencias presupuestarias, las sociedades están más atomizadas y es difícil construir mayorías.
Ya se preparan elecciones en Cataluña y en Galicia
En España la digestión de los resultados electorales se está complicando mientras se preparan elecciones en Cataluña y en Galicia. En Cataluña con el horizonte despejado para una nueva mayoría nacionalista en la Generalitat, quizás presidida de nuevo por Artur Mas. Mientras PSC y Comunes se reparten la Diputación de Barcelona y el Ayuntamiento. Anotemos que la Diputación de Barcelona es una de las pocas, de entre las 38 de régimen común existentes, que tiene políticas relevantes y no un mero neoclientelismo a través de las subvenciones. Por otra parte, en Galicia, con elecciones el próximo año, el PP ha iniciado ya la precampaña con anuncios variados de cuantificación imposible. Al tiempo la derecha permanece agrupada mientras la izquierda ya ha producido un nuevo grupo.
En el Gobierno estatal se está generando una mala imagen, innecesaria. La agria rueda de prensa posterior al encuentro de Sánchez con Iglesias, muestra un deterioro de las relaciones entre quienes están condenados a entenderse, al menos de momento. El énfasis de la portavoz socialista subrayando como generosas ofertas lo que no pasa de ser buenas intenciones de significado ambiguo, sólo se entiende en clave de enfado. Iglesias quiere prolongar su papel hasta setiembre y Sánchez quiere cerrar ya. Como ya comentamos en MUNDIARIO, sobre el papel no parece difícil el acuerdo en lo importante y más fácil todavía en lo secundario. Es posible que ambos dirigentes hayan terminado enredándose en sus respectivos imaginarios, uno sintiéndose capitidisminuido con Ministros procedentes de Podemos y el otro presintiendo el final de su camino si es excluido del Gobierno, pero no son argumentos reales. Alguien podría sugerir un mediador, ahora sí. @mundiario