El independentismo acude a la Diada menos concurrida y apela a la unidad
La Diada de este año ha reflejado con claridad la crisis que atraviesa el movimiento independentista en Cataluña, evidenciada tanto en las urnas como en el seno de los partidos y entidades que lo apoyan. La tradicional manifestación organizada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, que en su día fue símbolo del poderío secesionista, ha reunido apenas a 60.000 personas, según cifras de la Guardia Urbana, en el Passeig Lluís Companys de Barcelona. Aunque la descentralización del evento en cinco ciudades ayudó a paliar la baja participación, el contraste con años anteriores es evidente.
El independentismo, golpeado por sus propios errores y por un electorado cada vez más desencantado, llega a esta jornada con un desgaste significativo. Desde que Artur Mas impulsara el proceso independentista, la Diada se convirtió en un indicador clave del apoyo social a esta causa. Sin embargo, en esta ocasión se celebra sin una mayoría independentista en el Parlament por primera vez en 14 años, tras unas elecciones en las que los partidos secesionistas obtuvieron 1.3 millones de votos, lejos de los dos millones de 2017.
Uno de los factores que ha contribuido a este declive es la llegada de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat, un hecho que marcó el fin de la complicidad con las organizaciones independentistas. Illa y el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) han trabajado para despojar a la Diada de cualquier connotación conflictiva con el Gobierno central, destacando su carácter como “una fiesta para todos”. Esto contrasta con la histórica manifestación de 2014, en la que 1,8 millones de personas llenaron la Diagonal y Gran Vía de Barcelona en la famosa “V” de victoria independentista.
En este contexto, la portavoz del PSC, Sílvia Paneque, afirmó durante la ofrenda a Rafael Casanova que Cataluña es un lugar de “esperanza, futuro y oportunidades”, instando a los ciudadanos a trabajar por el progreso. No hubo menciones a la ley de amnistía ni al sistema de financiación singular, aspectos clave para los independentistas más radicales, lo que evidencia la creciente brecha entre el independentismo institucional y el activismo más beligerante.
El independentismo pide unidad
El presidente de la ANC, el cantautor Lluís Llach, aprovechó la ocasión para lanzar un duro mensaje a los partidos políticos, criticando su falta de unidad. “Salimos a las calles porque ni estamos pacificados ni nos han pacificado”, exclamó, y pidió a los partidos que dejen de "lamerse las heridas" y se organicen. Por su parte, el líder de Òmnium Cultural, Xavier Antich, lamentó que las mayorías parlamentarias facilitadas por los independentistas se hayan desperdiciado en “discusiones cainitas”, lo que ha dejado a la Generalitat en manos de “un Gobierno españolista”.
Las polémicas no faltaron en la jornada, especialmente tras las declaraciones de Llach en la víspera de la Diada, cuando insinuó que todos los independentistas, incluidos los miembros del partido xenófobo Aliança Catalana, serían bienvenidos en la manifestación. Aunque luego rectificó, las críticas desde Esquerra Republicana (ERC) y la CUP no tardaron en llegar. Oriol Junqueras, expresidente de ERC, se excusó de asistir a la marcha, mencionando precisamente esas declaraciones.
La participación de los partidos en la manifestación fue discreta, reflejo de la fragmentación del movimiento. La decisión de la ANC de repartir la manifestación en varias ciudades (con 6.500 personas en Girona, 2.800 en Tarragona y 1.200 en Tortosa) diluyó aún más la presencia de los líderes políticos, destacando la ausencia de Marta Rovira, líder interina de ERC, y de Pere Aragonès, que solo acudió a la ofrenda floral, donde fue abucheado por algunos asistentes.
ERC también enfrentó críticas en un acto en Barcelona, interrumpido por manifestantes que exigían la libertad de un joven preso y que mostraron su descontento con el llamado “pacto de la vergüenza”. Este incidente pone de manifiesto la difícil situación que atraviesa el partido, intentando equilibrar su renovación interna con la búsqueda de más espacios de poder político, como destacó Juli Fernández, secretario del Parlament.
El PSC se queda solo
El PSC, por su parte, evitó pronunciarse sobre la lenta aplicación de la amnistía o la financiación singular acordada con ERC, dejando estos temas fuera de la agenda del día. Sin embargo, figuras como Jéssica Albiach, de los comunes, abogaron por un sistema de financiación que beneficie a la Generalitat sin perjudicar al resto del país.
Mientras tanto, Junts per Catalunya no desaprovechó la oportunidad para criticar a Illa, acusándolo de intentar “aplastar la nación”. Jordi Turull, secretario general de Junts, aseguró que no permitirán que quienes tienen “más vocación de delegado del Gobierno que de presidente de Cataluña” adormezcan las instituciones catalanas, reafirmando así su postura de oposición.
La Diada 2024 marca un antes y un después en la lucha independentista, dejando al descubierto las profundas divisiones internas y la pérdida de apoyo popular, en un contexto político cada vez más complejo y desafiante para sus líderes. @mundiario


