El incierto futuro de la 'revolución' de Pablo Casado

Pablo Casado. / Mundiario
Pablo Casado. / Mundiario

Pablo Casado pretende un adanismo político imposible. ¿Vivirá con comodidad esa estrategia de “ganar perdiendo”, uniendo su destino a Vox y Ciudadanos?

El incierto futuro de la 'revolución' de Pablo Casado

La práctica que desarrollan los partidos políticos, sobre todo en los momentos preelectorales, es consecuencia, normalmente, de la interacción de dos parámetros básicos:los idearios propios de cada organización y los estados de opinión presentes en el cuerpo social. En otras palabras: se trata de buscar la mayor conexión de la “oferta” partidaria con la “demanda” existente en el electorado.

Pablo Casado ha puesto patas arriba buena parte de los contenidos y de las formas fabricadas por el “marianismo”. Su relato principal está construido sobre una falsedad y una “boutade” no justificada por su juventud y/o precariedad académica. Reiterar obsesivamente que la moción de censura fue el fruto de un pacto entre Pedro Sánchez y el independentismo catalán se ha estrellado estrepitosamente con la prueba del nueve del reciente fracaso gubernamental en la tramitación de los presupuestos generales del Estado. Concluir, a partir de tal mentira, que la presidencia de Sánchez carece de la legitimidad exigible a tal cargo completa el despropósito radical en el que se ha instalado el máximo dirigente del PP.

La situación en Cataluña ocupa un lugar prioritario en las propuestas de Casado. Se registra, en este caso, una notable asimetría entre la importancia otorgada a este problema en las encuestas del CIS (no figura entre los tres más destacados por las personas consultadas) y el volumen y la intensidad de los mensajes emitidos por los dirigentes de la calle Génova. Lo que han puesto encima de la mesa -aplicación por un tiempo indefinido y con mayor dureza del artículo 155 de la Constitución- suscita serias dudas sobre su encaje legal (recuerdese que todavía está pendiente un pronunciamiento del Tribunal Constitucional acerca de la decisión tomada por el gobierno de Rajoy en Octubre de 2017) y muchas más todavía sobre la pertinencia estrictamente política de semejante opción.

Pablo Casado pretende un adanismo político imposible. Su participación en los “estados mayores” de Aznar y de Rajoy le debería proporcionar plena consciencia sobre las graves responsabilidades políticas derivadas de la corrupción cronificada en su partido y obligarle a reconocer el dato indiscutible del crecimiento exponencial del independentismo en la sociedad catalana durante los cuatro años de mayoría absoluta del PP a partir del otoño de 2011.  historia ofrece paradojas como esta:si, después de la sentencia del caso Gurtel, M. Rajoy hubiese dimitido o convocado elecciones -como le pedía, entre otros, Pedro Sánchez- posiblemente Casado no hubiese llegado a donde hoy está.

Entre las incógnitas que despejará la cita del próximo 28 de Abril hay una que ocupará un espacio relevante en la atención de los análisis posteriores:¿cómo recibirá el electorado menguante del PP los cambios que emanan de su nuevo núcleo dirigente? ¿Vivirán en el PP con comodidad esa estrategia de “ganar perdiendo”, uniendo su destino a Vox y Ciudadanos? Qué lejos parecen quedar aquellos tiempos en los que demonizaban los “pactos de perdedores” cuando las izquierdas y los nacionalistas completaban mayorías parlamentarias para gobernar. @mundiario

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