La importancia de significarse

Principales candidatos en las elecciones de Castilla y León. / Mundiario.
Principales candidatos en las elecciones de Castilla y León. / Mundiario.
Probablemente haya que hacer pedagogía sobre la importancia de significarse, de participar, porque si como ciudadano no te posicionas, otros harán política por ti. 
La importancia de significarse

Las elecciones del pasado domingo en Castilla y León dibujan un futuro preocupante. Preocupante porque la ultraderecha en vez de reducir representación, la aumenta. Preocupante porque el Sr. Mañueco, con un gobierno tranquilo y sin sobresaltos, fuese capaz de convocar elecciones anticipadas con la única pretensión de gobernar con mayoría absoluta y de paso cargarse a su socio de gobierno, Ciudadanos, y no vislumbrase que de quien iba a ser rehén era de VOX, cuestionando aún más el liderazgo de Pablo Casado en un Partido Popular cada vez más escorado a la ultraderecha con una simpatizante reconocida como Díaz Ayuso. 

El PSOE puso toda la carne en el asador con un candidato solvente ganador de las últimas elecciones autonómicas pero que no fue revulsivo suficiente para movilizar de nuevo a los votantes de izquierdas, como tampoco lo fue Unidas Podemos que se desangra en cada proceso electoral. Ambas fuerzas perjudicadas por la irrupción de Soria Ya! que recoge el voto de los desencantados después de muchos años trabajando desde el activismo.

El futuro es por lo tanto preocupante a todos los niveles. Por un lado, estamos asistiendo a un nuevo desencanto político y desafección ciudadana de los votantes de izquierdas que no se movilizan frente a un votante disciplinado de ultraderecha que no falla en las citas electorales. Un votante que seguramente sería incapaz de decir qué propuestas tiene un partido como VOX para resolver los problemas que preocupan a la ciudadanía. Un votante que paradójicamente se beneficia de la reforma laboral en la que su partido votó en contra (recordemos el gesto victorioso del señor Espinosa de los Monteros en los segundos que duró el error de no prosperar la reforma), se acogió a los ERTES en la pandemia o ve cómo el SMI se ha incrementado.

Vox es un partido con nula lealtad institucional y ningún sentido de Estado como pudimos comprobar durante el confinamiento poniendo palos en las ruedas a las decisiones del gobierno cuyo objetivo era preservar la salud de los ciudadanos y ciudadanas y establecer el mayor colchón social de la historia de nuestro país, con una estrategia de desgaste continuo, usando un tono bronco y faltón en cualquier medio, un discurso populista y de eslogan fácil pero que lamentablemente cala entre determinados públicos.

Por otro lado, con un PP cada vez más desnortado, nadie parece escandalizarse de la irrupción en las instituciones de un partido de ultraderecha y la necesidad de pactar con él, lo que ha permitido blanquearles en vez de vez de poner coto a la posibilidad de cogobernar a cualquier precio. Un precio que no es otro que un retroceso en derechos y libertades, así como normalizar sus discursos del odio, homófobos, racistas y machistas.

Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla y la pasividad social ante lo que se avecina es preocupante. Estamos siendo testigos de la banalización del mal sin que haya una fuerte reacción social que haga de cordón sanitario ante la ultraderecha y lo que es más grave, el partido de centro derecha que debiera poner coto a VOX le da alas y se escora aún más hacia la ultraderecha, perdiendo su espacio político.

Porque no nos engañemos, el futuro del Partido Popular no pasa por Pablo Casado, sino por la señora Díaz Ayuso, que es incapaz de dar un discurso solvente pero que ha comprendido a la perfección qué quiere su electorado, libertad y cervezas, mientras se niega a apoyar una comisión de investigación sobre los ancianos fallecidos en residencias de mayores durante la pandemia o privatiza la Sanidad sin pudor ni disimulo.

Hace unos días, en un acto en el que participó Manuela Carmena presentando su último libro, hablaba de la necesidad de cuidar la democracia. Y cuidar la democracia también lo es preservarla de aquellos que la boicotean y en esto incluyo el bloqueo sine die por el PP de la renovación del Consejo General de Poder Judicial con la evidente intención de utilizar la justicia para fines políticos, por no mencionar los casos de corrupción que interesa que cuando lleguen a instancias superiores, lo de menos es la obtención de justicia. Y cuando instrumentalizas la justicia y comprometes la independencia judicial, estás comprometiendo uno de los principios del Estado de Derecho. Hasta The Economist ha bajado de valoración de la calidad democrática de nuestro país por este bloqueo institucional calificándola de “democracia defectuosa”.

Sin perjuicio de la autocrítica que debiera ser obligatoria tras cualquier proceso electoral por todo partido político (campañas electorales ridículas con propuestas e ideas que poco tienen que ver con las necesidades y demandas ciudadanas ni la realidad de su día a día, performance ante jamones o campos llenos de vacas, cuando no en programas de entretenimiento a ver quién es el político más simpático/a o campechano/a que simula una empatía que no tiene para ver si consigue un puñado de votos) la ciudadanía también debiera reflexionar acerca de a quiénes ponemos al frente de las instituciones y cómo sus decisiones políticas pueden afectarnos. Hace unos meses el expresidente de Uruguay, José Mújica escribía un acertado tuit “Jóvenes, hagan política, porque si no la hacen se va a hacer igual y seguramente en su contra”.

Probablemente haya que hacer pedagogía sobre la importancia de significarse, participar, porque si como ciudadano no te posicionas, otros harán política por ti. Y si la gobernabilidad depende de un partido formado por herederos del franquismo, debiéramos conocer la historia para no repetirla.

No hace falta mucho para una involución social. Ya está encima de la mesa. Esperemos no ver en breve la derogación de la ley de violencia de género o la de memoria democrática, todo a costa de mantenerse en el poder.  

Ya lo dijo Edmund Burke “Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada”. Toca tomarnos en serio las elecciones y la papeleta que metemos en las urnas.  Ojalá no tengamos que lamentar en un futuro el no habernos significado hoy. @mundiario

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