Illa sale del hospital tras dos semanas ingresado por una infección en el pubis
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha abandonado el hospital Vall d’Hebron tras catorce días ingresado por una osteomielitis púbica, una infección tan poco frecuente como potencialmente grave. Se va a casa apoyado en muletas, con tratamiento antibiótico aún por delante y con una incógnita abierta: cuándo podrá volver a ejercer el cargo al cien por cien.
La imagen del president saliendo por su propio pie del hospital tiene algo de alivio colectivo, pero también de advertencia. Illa ingresó el pasado 17 de enero tras sufrir un episodio alarmante mientras corría: dolor intenso, pérdida de sensibilidad y fuerza en las piernas. Dos días después llegó el diagnóstico: una infección bacteriana en el pubis causada por Streptococcus dysgalactiae. Rara, sí. Banal, en absoluto.
Durante estas dos semanas, la política catalana ha convivido con una paradoja incómoda. Mientras el jefe del Govern luchaba contra una bacteria capaz de derivar en sepsis, el país seguía avanzando —o tropezando— sin él. Rodalies colapsó, un maquinista perdió la vida en un accidente ferroviario y la maquinaria institucional tuvo que reorganizarse para cubrir la ausencia del president. El poder, de pronto, mostró su lado más humano: depende de cuerpos que enferman.
La salida del hospital no implica una recuperación completa. El tratamiento estándar para este tipo de infecciones se prolonga durante ocho semanas, y el president aún recibe antibióticos por vía intravenosa. Su actividad intelectual no está comprometida, subrayan los médicos, pero la física será progresiva. En otras palabras: podrá despachar, pero no gobernar como antes. Y ese matiz importa.
Ja soc a casa, des d'on he de continuar uns dies més el tractament de l’Hospital Universitari @vallhebron amb supervisió mèdica.
— Salvador Illa Roca (@salvadorilla) January 30, 2026
Vull expressar el meu agraïment al personal de l’hospital. La nostra sanitat pública és un orgull.
Moltes gràcies també a totes les persones que…
Una enfermedad rara que irrumpe en la agenda política
La osteomielitis púbica es una patología poco común que afecta a los huesos, músculos y articulaciones del pubis. Su baja incidencia explica por qué ha generado tanta atención pública. No es habitual que una enfermedad desconocida para la mayoría irrumpe en el centro del debate político y mediático. Menos aún cuando obliga al presidente de una comunidad autónoma a ingresar en la UCI.
Los facultativos del Vall d’Hebron han sido claros: el cuadro era potencialmente grave, pero la evolución ha sido muy buena. Buena radiología, buenos análisis, buena respuesta clínica. Suficiente para continuar el tratamiento en casa, bajo supervisión médica. No suficiente, todavía, para hablar de normalidad.
Gobernar desde la convalecencia
Durante el ingreso, las funciones ejecutivas recayeron en el conseller de Presidencia, Albert Dalmau. La Generalitat no se detuvo, pero sí cambió de ritmo. Gobernar desde una habitación de hospital —o desde casa, en recuperación— no es lo mismo que hacerlo desde el Palau. La distancia física se convierte en distancia política.
Los médicos no se atreven a poner fechas. El punto de inflexión llegará cuando Illa pueda pasar al antibiótico oral. Hasta entonces, prudencia. La rehabilitación marcará el tempo de su regreso real, no el calendario institucional.
Illa ya está en casa. La frase suena tranquilizadora, casi doméstica. Pero detrás hay días de tratamiento y límites físicos claros. También hay una lección incómoda para la política: el poder no inmuniza contra lo imprevisible. @mundiario
