“Una ilegitimidad no puede ser respondida con una ilegalidad”: Sánchez marca distancias con Trump

Sánchez eleva el tono frente a Trump: ve en Venezuela un “precedente terrible” y avisa de que Europa no tolerará amenazas a Dinamarca.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en La Moncloa. / La Moncloa.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en La Moncloa. / La Moncloa.

Pedro Sánchez ha decidido dejar de caminar por el alambre diplomático y dar un paso al frente en un momento en el que buena parte de Europa opta por la cautela. El presidente del Gobierno español ha verbalizado con claridad algo que muchos líderes europeos comentan en privado pero evitan decir en público: el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela no es solo un episodio aislado, sino un “precedente terrible” que erosiona el orden internacional, y las amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia suponen un desafío directo a la integridad territorial de un Estado europeo.

En la reunión celebrada este martes en París, convocada inicialmente para abordar el futuro de Ucrania, la agenda se vio rápidamente desbordada por dos fantasmas que recorren la política internacional: Venezuela y Groenlandia. Según  señalan fuentes gubernamentales al diario EL PAÍS, Sánchez fue el mandatario que habló con mayor contundencia dentro de la sala y también fuera, en la comparecencia posterior. Su mensaje fue incómodo, deliberadamente incómodo, para una Unión Europea que intenta no incomodar a Washington mientras observa cómo el marco legal internacional se resquebraja.

El jefe del Ejecutivo español fue explícito al rechazar cualquier justificación para la intervención militar estadounidense en Caracas. Recordó que España nunca reconoció a Nicolás Maduro como presidente legítimo, pero subrayó una idea que ha convertido en eje de su discurso: “Una ilegitimidad no puede ser respondida por una ilegalidad”. En su lectura, responder a unas elecciones fraudulentas con bombas y capturas forzadas no restaura la democracia, sino que normaliza la ley del más fuerte.

Un “precedente terrible” que inquieta a Europa

Sánchez considera que lo ocurrido en Venezuela va más allá del tablero latinoamericano. En su análisis, el ataque de Estados Unidos abre la puerta a un mundo en el que los cambios de gobierno se justifican por intereses estratégicos o económicos, especialmente cuando hay recursos naturales de por medio. El petróleo venezolano aparece así como telón de fondo de una operación que, a juicio del Gobierno español, recuerda demasiado a intervenciones pasadas que terminaron en inestabilidad crónica.

El presidente advierte de que este tipo de acciones sientan un precedente peligroso para otros conflictos latentes. Si la comunidad internacional acepta que una potencia decida unilateralmente intervenir para “corregir” una ilegitimidad, el concepto mismo de soberanía queda debilitado. Para Sánchez, ese es el verdadero riesgo: no solo lo que ha pasado en Caracas, sino lo que puede pasar mañana en cualquier otro punto del planeta.

Groenlandia, la otra frontera del conflicto

El segundo eje del discurso de Sánchez apunta directamente a Trump y a Europa. Las amenazas del expresidente estadounidense de hacerse con el control de Groenlandia, territorio danés y por tanto europeo, han encendido todas las alarmas en París. En este punto, Sánchez fue tajante: no se puede aceptar que se amenace la integridad territorial de un Estado miembro sin una respuesta firme y clara.

Junto a Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido, España respaldó explícitamente a Dinamarca en un comunicado conjunto. Pero, de nuevo, Sánchez fue más allá del lenguaje diplomático habitual. Insistió en que callar ante estas amenazas equivale a normalizarlas, y que Europa no puede permitirse esa deriva si quiere seguir presentándose como garante del derecho internacional.

Europa, entre el miedo y la tibieza

En el entorno del presidente español existe la convicción de que muchos líderes europeos están midiendo cada palabra para no irritar a Trump. Sánchez, en cambio, parece haber asumido que esa estrategia de apaciguamiento no ha dado frutos. Un año después, sostienen en La Moncloa, Trump está más envalentonado y menos contenido, lo que obliga a redefinir la respuesta europea.

El contraste entre la contundencia española y la reacción más tibia de la Unión Europea es evidente. Bruselas tardó más de un día en emitir una declaración sobre Venezuela y evitó criticar directamente a Estados Unidos. Sánchez, sin romper públicamente con sus socios, dejó claro que España ha decidido ir un paso más allá.

El movimiento de Sánchez también tiene una lectura estratégica. España no quiere perder influencia en Venezuela y aspira a jugar un papel en una eventual transición política. De ahí su intención de hablar tanto con Delcy Rodríguez, la nueva presidenta aceptada por Washington, como con Edmundo González, vencedor de las últimas elecciones y exiliado en España. @mundiario

Comentarios