La igualdad de género llega al frontispicio del Congreso de los Diputados

Congreso de los Diputados.
Congreso de los Diputados.

Nadie con dos dedos de frente duda de la igualdad de derechos, pero defenderla con anécdotas es una caricatura. Este autor sostiene que trasladar la igualdad de género al léxico puede resultar a veces chusco y hasta ridículo.

La igualdad de género llega al frontispicio del Congreso de los Diputados

Podemos y Compromís han propuesto sustituir la denominación “Congreso de los Diputados”,  por “Congreso”, lo que implica una modificación de la Constitución. En esta ocasión, sensatamente, no han  recurrido al defendido desdoblamiento que supondría “Congreso de los Diputados y las Diputadas”. Nada que objetar.

Sin embargo, llama la atención que los partidos políticos que más ardorosamente  defienden el desdoblamiento en masculino y femenino,  en aras de dar visibilidad a la “igualdad de géneros” –por entender que el plural masculino no acoge a lo femenino-, se olvidan en sus programas electorales de lo que ellos mismos proponen y, además, curiosamente, esto sucede en los capítulos dedicados a la preconizada “igualdad”. Ahí están los ejemplos, para quienes deseen comprobarlo, de los programas de PSOE, Podemos, C`s y Compromís para las últimas elecciones generales.

Algo parecido le sucedió a Amparo Rubiales en un artículo publicado hace unos años en El País –“La RAE y el lenguaje”-, en el que, mientras defendía el desdoblamiento, se olvidaba de aplicarlo.

Luego están los casos chuscos de quienes -¿o quienas?- se liaron la manta a la cabeza y dijeron aquello de jóvenes y jóvenas, miembros y miembras. Aunque no se lo crean, la presidenta de un colectivo feminista  de Córdoba propuso usar la palabra marida, en sustitución de mujer, esposa o cónyuge, y lo defendió ardorosamente en una campaña contra el lenguaje machista.

Y añado que, por razón parecida, aparecerán varones que reivindiquen vocablos como taxito, violinisto, poeto, sindicalisto, pediatro, artisto, periodisto, maquinisto, electricisto, oculisto,  funambulisto, contratisto, policío, proyectisto, turisto, equilibristo, golfisto, arreglisto, masajisto, trompetisto y, sobre todo, machisto. Y es que, llevar la “igualdad de género” al lenguaje puede resultar hasta ridículo.

El machismo tiene implicaciones más serias y profundas; sus raíces se hunden en la educación. La educación que los padres dan a los hijos –niños y niñas- en el seno del hogar, en los juegos, cuentos y canciones infantiles, cuando desdeñan la colaboración de los varones en las tareas domésticas e, incluso, les liberan de ellas; en la actitud de los gallitos adolescentes que se presentan como machos dominantes; en quienes confunden la educación y el respeto con el sometimiento y la mariconería; los chistes, refranes y dichos; las letras de algunas canciones de éxito; la publicidad y determinadas series y programas de televisión.

Nadie con dos dedos de frente duda de la igualdad de derechos, pero defenderla con anécdotas es una caricatura.

La igualdad de género llega al frontispicio del Congreso de los Diputados
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