Iglesias y Errejón son amigos y vecinos de Madrid...

Pablo Iglesias e Iñigo Errejón.
Pablo Iglesias e Iñigo Errejón.

Cartearse públicamente entre los colíderes de un partido teóricamente nacido de la protesta ciudadana contra un status que la calle criticaba, es una práctica hasta ahora inédita.

Iglesias y Errejón son amigos y vecinos de Madrid...

Chicho Ibáñez Serrador creó en la España de los años 70, y en la televisión todavía en blanco y negro, la figura de la gran ilusión: ganar un coche, un apartamento o un millón de pesetas mediante un juego en el que había que acertar, primero, en dar respuesta a una serie de preguntas para, posteriormente elegir la papeleta adecuada y lograr que el sueño se hiciese realidad de modo que, por ejemplo, el sueño que parecía inalcanzable -un coche- estuviese al alcance de la mano y con más ganas del mismo para el concursante que el hacerse con un apartamento costero o el millón de pesetas, premios mayores de aquel inolvidable "Un, dos, tres... responda otra vez". Lo importante fue -y todavía es, en buena medida- el coche.

Cuarenta años más tarde, los concursantes de la política del siglo XXI en España encabezan, a la espera de lo que dicte el Vistalegre 2, esa especie de rifirrafe de buenas intenciones y sonrisa cómplice que protagonizan Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, hoy en día los máximos candidatos a la concesión de la flor de Lalilá en el seno de un Podemos que, por separado, poco o muy poco puede hacer o decir.

Cartearse públicamente entre los colíderes de un partido teóricamente nacido de la protesta ciudadana contra un status que la calle criticaba, es una práctica hasta ahora inédita. Máxime si ese carteo es público porque se ofrece al lector como el menú de un yantar del que solo van a disfrutar precisamente los escribanos.

Esto es la nueva política. Y el personal se asombra del verismo que los coprotagonistas del hecho quieren transmitir a una sociedad española que ha pasado de la pana de González y Guerra, a las camisas de manga larga remangadas sin más transición que las corbatas y la chaqueta impoluta de los Aznar, Rajoy, Montoro, etc., etc.

La mayor parte de la sociedad española ve con una cierta sonrisa a los nuevos PNN de una política que se conformó con el sello de lo nuevo para caer en lo más hilarante de lo viejo, por no decir lo más ridículo del sistema político-cameral: no se soluciona nada, pero se habla mucho. Demasiado. Los parados están ahí, la historia se ha detenido y la visión de la ciudadanía no puede ir más de lo que permiten las lecturas interesadas de las misivas de Iglesias y Errejón, como si el presente de estos dos diputados y líderes de Podemos, necesariamente condicionen el presente y el futuro de uan sociedad como la española que saludó lo nuevo con un bienvenidos para, finalmente, deshojar la margarita de un sueño cuyo final no se adivina, pero se prevé difícil.

Y hasta aquí puedo leer. Iglesias y Errejón son amigos y vecinos de Madrid. No sé si llegarán a compartir algo más que el deseo de poder.

Iglesias y Errejón son amigos y vecinos de Madrid...
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