La Gran Estafa Española que no pudo rodar el cineasta Luis García Berlanga

¿Quién nos ha robado la historia, el guión original, los personajes, la trama, la taquilla y la gloria de La Gran Estafa Española, eh?
¿Quién nos ha robado la historia, el guión original, los personajes, la trama, la taquilla y la gloria de La Gran Estafa Española, eh?

España es el topónimo tapadera de una gran estafa generalizada oficial y civil, pública y privada, que no llena butacas de cine, como esa de Hollywood, sino banquillos de acusados.

La Gran Estafa Española que no pudo rodar el cineasta Luis García Berlanga

Ahí la tienes, La Gran Estafa Americana, favorita en todas las apuestas para llevarse el mayor botín de Óscar de esos de Hollywood. Se acerca la gran noche de los vencedores o vencidos y, como una siniestra alegoría de un occidente que desprende un penetrante olor a podrido, los “estafadores” de celuloide genuinamente americanos aguardan el paseíllo triunfal por la gran alfombra roja de la factoría de los sueños, entre flashes y taquígrafos, contando los días, las horas, los minutos que faltan para que las voces de sucesivos maestros de ceremonia vayan pronunciando sus nombres después del clásico preámbulo: and the winner is… Ahí tienes a David O. Russell, su guionista Eric Singer, sus protagonistas Christian Bale y Amy Adams, sus actores secundarios Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, ya digo, con muchas papeletas para acabar recibiendo una cosecha de estatuillas fálicas, en permanente estado de erección áurica, de esas que provocan las más tórridas fantasías sexuales en el desinhibido y endogámico paraíso del cine americano.

Lejos de mí la funesta manía de establecer odiosas comparaciones, oye. Pero, si al final se cumplen los pronósticos, y esos estafadores de pega se llevan la gloria, me voy a acostar la noche de autos de 2014 con la sensación de que los españoles hemos sido víctimas de un plagio, cobayas de laboratorio cinematográfico, anónimos protagonistas de una cruda realidad, con estafadores de carne y hueso, que ha inspirado otra historia taquillera en la cuna del Séptimo Arte.

¿Quién ha plagiado a Berlanga a título póstumo?

Porque esa película, no nos engañemos, ya la habría rodado el maestro Luis García Berlanga si la vida le hubiese concedido una prórroga. Se habría basado en uno de aquellos guiones para la inmortalidad de su inseparable Azcona, si al bueno de Rafael no le hubiese pillado el desmadre español descansando en paz, claro. Y la podrían haber protagonizado, con garantías de bordar sus respectivos papeles, qué sé yo, estrellas de la escena cañí como Manuel Chaves, Griñán, Rato, Pujol, Felipe, Aznar, Zapatero, Rajoy, gente así, en el papel masculino, y Cospedales, Susanas Díaz, Barcinas, Ferrusolas, Magdalenasálvarez, Anamatos, Rita Barberas, Cristinas de Borbón, gente asá, para dar la réplica femenina. Para papeles secundarios, de la A a la Z, pasando por la I, de Iñaqui, naturalmente, es que habría una cola que convertiría en meras anécdotas las interminables y dolorosas colas de parados. Y, bueno, para extras con muchas posibilidades de pasar el casting con nota, quizá no nos llegaría con los listines telefónicos de todas las comunidades autónomas.

¿Quién nos ha robado la historia, el guión original, los personajes, la trama, la taquilla y la gloria de La Gran Estafa Española, eh? Nos la habíamos ganado a pulso entre todos, tras varias décadas rodando sórdidas secuencias por los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía. Llamadle envidia cochina, si queréis. Pero a mí me jode, con perdón, que los españoles hayamos vivido, padecido, representado, colaborado en esta obra maestra de una estafa nacional que se ha convertido en un paradigma de occidente, ¡el español, cuando estafa, es que estafa de verdad!, para que ahora lleguen los yanquis y nos birlen el copyright, los tíos Óscar y el valor añadido en las taquillas de todo el mundo.

En vez de llenar butacas de cine, llenamos banquillos de acusados

Para una cosa que hacemos bien, a conciencia, con profesionalidad y sin reparar en gastos de producción en A, en B y en el resto del abecedario, en vez de aspirar a llenar los patios de butacas en los cines, nos conformamos con intentar llenar banquillos de acusados en los tribunales. Para una vez que habíamos colocado la dichosa “marca España” en el número uno de todas las listas de corrupción en Europa, van estos chicos que se reúnen en la gala de los Premios Goya y sitúan entre las favoritas del cine español a “La Gran Familia Española”, je, mientras en Hollywood se lo montan con “La Gran Estafa Americana”. Si al final va a resultar que el problema no era la dichosa prima de riesgo, sino el riesgo permanente de un país habitado por 47 millones de primos. Éramos el Estado “pata negra” occidental de la corrupción y la cosa, y resulta que centenares de millones de espectadores hacen cola en las taquillas del mundo para contemplar las “marranadas” yanquis de recebo, adulteradas con celuloide y decorados de cartón piedra.

Vivir es fácil con los ojos cerrados…

Cierto es, señores del jurado, que si por lo menos le hubiesen concedido el Goya a La Gran Familia Española, tendría el morbo alegórico de la gran familia nacional por antonomasia que yo me sé y ustedes están pensando. Y un poco de juego coñero de contrastes entre el paseíllo por la alfombra roja de Los Ángeles y el siniestro callejón sin salida de Palma. Pero, ya ven. Aquí, hemos apostado una vez más por “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. O sea, como Rajoy, como Rubalcaba, como Cándido Méndez, como Susana Díaz, como Artur Mas, como los Magistrados del Constitucional, como los sucesivos gobernadores del Banco de España, como Jordi Pujol, como Esperanza Aguirre, como el Fiscal General, como los consejeros de la extintas Cajas de Ahorros, como los cómplices por acción u omisión de miles de imputados y decenas de miles de imputables, que no son de hoy ni de mañana, sino de siempre de la cepa hispana, entre el pasado efímero de Machado y el futuro “proustiano” de un pueblo condenado a errar en busca de la honradez, la dignidad y el tiempo perdido.

España es un topónimo tapadera de una gran estafa generalizada

España no es un Reino, ni un Estado Social de Derecho, ni el país desarrollado que, apenas hace un lustro, presentaba credenciales falsas para entrar en sibilinas logias reservadas como el G-8. España es un enorme contenedor de basura política, económica y sociológica, en el que estamos hurgando millones de españoles harapientos, algunos por dentro y otros por fuera, sin techo, sin empleo, sin pan nuestro de cada día, sin oficio ni beneficio, sin presente y sin futuro, en busca de cualquier indicio de desesperada esperanza, aunque sea caducada. España, la vuestra, la mía, es el topónimo tapadera de una estafa penal y moral generalizada, oficial y civil, pública y privada, “tuneada” de democracia, decorada con los tres grandilocuentes poderes del Estado, maquillada de parlamentarismo sintético y habitada por un pueblo de hooligan ciegos que siempre eligen a un tuerto para que les gobierne, de ratas de alcantarilla ideológica que siempre siguen a flautistas de Hamelín, de revolucionarios callejeros con sus propias revoluciones personales pendientes, de conservadores con “complejo de Diógenes”, de progres que avanzan marcha atrás hacia el siglo XIX, de intelectuales de twitter y tertulia, de jóvenes que mantienen a la vida y al mundo secuestrados en el claustrofóbico zulo de sus Iphone, de gente corriente que le ha cogido gusto a ver la paja en el ojo ajeno, pero padece amnesia cuando se trata de ver la paja en el ojo propio.

Tenemos delante de nuestros ojos la gran oportunidad de sentarnos en la butaca a contemplar, en vivo y en directo, “La Gran Estafa Española”, pero nos ponemos como locos a la cola, en las taquillas de los cines, para no perdernos la ficción de La Gran Estafa Americana. No será porque la historia no nos haya enseñado que la realidad supera siempre a la ficción, oye. Lo que pasa es que ojos que no ven, que no quieren ver, o sea, ojos typical spanish, corazones que no sienten…

La Gran Estafa Española que no pudo rodar el cineasta Luis García Berlanga
Comentarios