Feijóo sitúa a Sánchez contra las cuerdas en su intento de recomponer el bloque popular

El líder del PP redobla su ofensiva contra el presidente del Gobierno con la exigencia de un pleno monográfico urgente sobre el escándalo Cerdán. Mientras Pedro Sánchez guarda silencio y su partido sufre una crisis interna sin precedentes.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP. / @PP_Almeria.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP. / @PP_Almeria.

La política española atraviesa un momento de tensión institucional, desgaste moral y desconexión emocional. El caso de corrupción que afecta al entorno más próximo de Pedro Sánchez no solo ha golpeado a su Gobierno: ha dinamitado la cohesión interna del PSOE, ha puesto en jaque su autoridad y ha sembrado la duda incluso entre quienes hasta hace poco le ofrecían fidelidad ciega. En este contexto, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha encontrado una grieta —quizás una de las más profundas desde la moción de censura que lo llevó a La Moncloa en 2018— y está decidido a convertirla en la puerta de salida del presidente.

La exigencia de Feijóo para que Sánchez comparezca esta misma semana en un pleno monográfico sobre la trama Cerdán no es un simple golpe de efecto. Es un movimiento calculado, con el que pretende medir hasta qué punto los aliados parlamentarios del PSOE están dispuestos a seguir cubriéndole las espaldas en mitad de un escándalo que ya ha dejado de ser un asunto aislado. El mensaje es claro: o el presidente da explicaciones inmediatas o los grupos que sostienen su investidura deberán retratarse en sede parlamentaria, esta vez sin margen para la ambigüedad.

En este pulso, Feijóo no se limita al griterío partidista. Sabe que no cuenta todavía con los apoyos para una moción de censura eficaz, pero ha optado por una estrategia de desgaste más sofisticada: elevar la presión institucional, reforzar la imagen de un PP responsable y maduro, y convertir cada escándalo en una oportunidad para mostrar la debilidad estructural del sanchismo. La elección de Málaga como último destino de su gira interna no es casual: la Andalucía del PP, que simboliza la derrota socialista más humillante de los últimos tiempos, es también el espejo en el que Feijóo quiere que se mire el resto de España.

Mientras tanto, Sánchez calla. Aislado de los barones territoriales, con Ferraz convertida en un búnker sin pulso político, y con una militancia en estado de shock, el presidente parece más ocupado en evitar su naufragio personal que en liderar una respuesta política estructurada. El control absoluto que ejerció sobre el partido se le vuelve ahora en contra: sin redes de apoyo reales, sin una interlocución sólida con sus cuadros y sin margen para maniobrar, Sánchez asiste al hundimiento de su propia arquitectura de poder.

Y es en ese vacío donde Feijóo pisa con fuerza. Su discurso ya no gira únicamente en torno al "Gobierno Frankenstein", ni se limita a denunciar cesiones al independentismo o pactos oscuros. El líder del PP ha sabido adaptar su mensaje al momento: frente a la narrativa del victimismo sanchista, impone ahora la del hartazgo ciudadano. Frente al ruido, ofrece método. Frente al colapso ético del PSOE, presenta una alternativa que aspira a ser solvente, coherente y sin estridencias.

Feijóo sabe que aún no ha ganado. Pero también sabe que Sánchez ya ha empezado a perder. Por eso insiste en que no se trata de "desahogarse un día", sino de construir una estrategia paciente, implacable y sensata. Y por eso busca que la presión no venga solo del PP, sino también de la sociedad civil, de las instituciones y, sobre todo, de aquellos grupos parlamentarios que tendrán que decidir en breve si su lealtad está con un presidente en caída libre o con los principios de transparencia y responsabilidad política.

El caso Cerdán puede marcar un antes y un después. No solo por lo que revela sobre las prácticas internas del PSOE, sino por lo que ha destapado en términos de liderazgo, gobernabilidad y crisis de confianza. En este escenario, Feijóo juega sus cartas con templanza, midiendo cada paso, sin dejarse arrastrar por la ansiedad ni por las voces que claman una moción inmediata. Prefiere el asedio prolongado al asalto fallido.

Y si Sánchez no comparece este miércoles por iniciativa propia, el tablero quedará dispuesto para un nuevo acto de esta crisis: la votación en el Congreso y el posicionamiento de sus socios. Entonces ya no será solo Sánchez quien esté bajo la lupa, sino también todos aquellos que decidan taparse los ojos ante la evidencia. Porque a veces, en política, no hacer nada también es tomar partido. @mundiario

Comentarios