Feijóo anticipa el cambio en 2026 tras el “colapso total del sanchismo”, sin explicar aún el cómo
Alberto Núñez Feijóo ha querido cerrar el año político con un mensaje nítido en el diagnóstico y prudente en las concreciones. Para el presidente del Partido Popular, 2025 ha sido el año en el que “colapsó el sanchismo”, una etapa que, a su juicio, llega a su fin tras una acumulación de fracasos de gestión, escándalos judiciales y deterioro institucional. El cambio, asegura, llegará en 2026. Cómo y cuándo, sin embargo, sigue siendo una incógnita que el líder de la oposición evita despejar.
El discurso de balance pronunciado por Feijóo combina dos planos: una enmienda a la totalidad al Gobierno de Pedro Sánchez y la presentación implícita del PP como alternativa, aunque sin un programa detallado ni una hoja de ruta concreta para el relevo en La Moncloa.
Feijóo articula su análisis en torno a 10 grandes fracasos del Ejecutivo: “el fracaso parlamentario; la vivienda; el apagón eléctrico; la política migratoria; la política internacional; la gestión de los fondos europeos; la juventud; la protección de las familias; la protección de las mujeres y la corrupción”. La lista busca transmitir una idea de agotamiento estructural más que de errores coyunturales.
En ese marco, el líder popular sitúa dos colectivos en el centro del debate político: jóvenes y mujeres. Sobre los primeros, denuncia una pérdida de expectativas marcada por la falta de acceso a la vivienda y la precariedad. Sobre las segundas, acusa al Gobierno de incoherencia entre su discurso feminista y los casos de prostitución, acoso y corrupción que han salpicado al entorno socialista. El planteamiento no es nuevo, pero sí insistente: Feijóo pretende disputar al PSOE su tradicional hegemonía en estos ámbitos.
El horizonte de 2026 y las incógnitas abiertas
El eje más duro del discurso es el referido a la corrupción. Feijóo sostiene que el “sanchismo” llegó al poder ya contaminado y ha terminado por “adueñarse del Estado”, en una crítica que engloba desde casos judiciales concretos hasta la relación del Gobierno con el Poder Judicial, las Cortes y los organismos públicos.
El líder del PP vincula esta situación a la ausencia de Presupuestos Generales del Estado durante varios ejercicios, a la pérdida de la mayoría parlamentaria y a lo que describe como una estrategia de resistencia basada en concesiones a socios independentistas y en la polarización política. En su relato, el Ejecutivo no gobierna, sobrevive.
Pese al tono contundente del diagnóstico, Feijóo evita comprometerse con plazos o fórmulas. Reconoce que 2026 puede ser “el año del cambio”, pero subraya que no depende exclusivamente de él. La fecha de unas hipotéticas elecciones generales sigue en el aire y, como admite implícitamente el líder popular, estará en manos de Sánchez.
Esta cautela refleja una tensión estratégica: el PP quiere presentarse como alternativa sólida sin precipitar expectativas que no controla. El calendario electoral autonómico —con citas clave en Aragón, Castilla y León y Andalucía— será un banco de pruebas para medir el desgaste del PSOE y la capacidad del PP de consolidar su ventaja sin quedar atrapado por el crecimiento de Vox.
Entre la certeza del desgaste y la indefinición del relevo
El mensaje de Feijóo apunta a una convicción clara: el ciclo político de Sánchez estaría llegando a su fin. Sin embargo, el propio discurso revela el principal reto de la oposición: transformar el diagnóstico de colapso en una propuesta de gobierno reconocible, capaz de atraer mayorías para una hipotética moción de censura y de gestionar una eventual reconstrucción institucional.
Por ahora, Feijóo se limita a marcar distancias con el Ejecutivo y a proyectarse como una figura de transición hacia una etapa distinta. El “cómo” del cambio —alianzas, programa, reformas concretas— queda pendiente. Así, el líder del PP sitúa 2026 como horizonte simbólico, pero deja al electorado y a sus socios potenciales ante una pregunta aún sin respuesta: si el sanchismo está agotado, ¿cómo reemplazarlo? @mundiario


