Fallos de protocolo y atuendo deslucen la ofrenda nacional al Apóstol

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El cortejo oficial hacia la catedral. / Casa Real
Expertos en protocolo señalan errores en los actos del 25 de julio y apuntan al Ayuntamiento de Santiago y a la representación del Gobierno.
Fallos de protocolo y atuendo deslucen la ofrenda nacional al Apóstol

Las críticas al modo en que se desarrolló este año la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago no se han hecho esperar. Pese a las limitaciones impuestas por la pandemia, en contra de lo que viene siendo habitual, el carácter solemne de este evento uno de los de mayor tradición y solera de España, merecía determinadas previsiones y ejecución, por lo que se han repetido errores ya señalados por especialistas, como el atuendo del Rey, los de las ministras y el innecesario gesto del alcalde de Santiago de entregar su insignia al monarca, el bastón. No hay manera, pese a lo mucho que advierten los especialistas que se deje de realizar este innecesario gesto.

De entrada, hay que lamentar también la patética, ridícula e indocumentada transmisión que realizó la televisión pública de Galicia, a la que habría que saber si los servicios de Protocolo de la Xunta y del Ayuntamiento informaron previamente de la morfología y características del acto. Los comentarios a la llegada y honores al jefe del Estado demostraron que el responsable de la narración no tenía ni la más leve idea de lo que veían sus ojos.

Para el desarrollo del acto, en Ayuntamiento de Santiago, como organizador de la parte civil, elaboró un documento guía titulado “Protocolo de Autoridades” que los servicios correspondientes hicieron circular a modo de guía indicativa para las instituciones y profesionales que iban a participar, se supone, en los referidos actos. Llama la atención que en este relatorio falten secuencias de la ceremonia y asombra todavía más la terminología indicada para los militares. A los invitados se los convoca a las 11.40 en los soportales del Pazo de Raxoi para asistir a la ceremonia religiosa. Y en cuanto al atavío se detalla: “Homes: traxe escuro. Mulleres: traxe curto. Militares: traje de gala”.  ¿Visten traxe de gala los militares o son uniformes?

El lugar de los jefes de protocolo

Otra de las advertencias choca especialmente con lo que se pudo ver en las fotos y en las imágenes con respecto a la propia ubicación de los responsables de protocolo de las entidades anfitrionas, que salen el plano detrás de los Reyes o hemos visto correr detrás de ellos y a su altura por la plaza del Obradoiro. Sin embargo, la nota de protocolo advertía que “Debido ás limitacións de aforo non se permite a presenza de acompañantes, axudantes ou persoal de gabinetes”. Eso está bien, porque el papel de este personal es no aparecer en plano, pero sí tienen una misión de asesoramiento de las autoridades a las que sirven. En las imágenes se aprecia, sin embargo  que, en algunos momentos, las respectivas responsables de protocolo de la Xunta y del Ayuntamiento de Santiago se colocan detrás de los reyes o cruzan corriendo a su lado la plaza del Obradoiro.

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Las jefas de Protocolo del Ayuntamiento y la Xunta corren al lado de los Reyes.

Cabe preguntarse si el atuendo del Rey fue ocurrencia del Ayuntamiento de Santiago, si el asunto se pactó con la Casa Real o cuál es la causa de que el jefe del Estado no vistiera chaqué y con él las primeras autoridades de Galicia, como se hacía en el pasado. El Rey viste chaqué en actos de mucho menos simbolismo e historia que la Ofrenda Nacional, lo que es una evidencia más de la pérdida de solemnidad. En cuanto a las ministras, una peor que otra. Yolanda Díaz con traje de fiesta de noche, emulando el que luciera Pilar Rojo hace años, como delegada real, y que se he comparado con el atuendo de las alegres hieráticas de las películas de Hong Kong. En cuanto a la Calviño, aunque es habitual el uso del pantalón, la hemos visto conjuntos mejores en actos de menos relevancia.

Y está lo del bastón. Me he aburrido de repetir que es una insignia, no un adorno, que representa la autoridad que los vecinos otorgan al primer edil y que es su distintivo, que no se debe ceder nunca, como el propio Fraga dijera una vez al alcalde de Ponteareas que se lo quiso entregar. Cuando un alcalde es nombrado, el acto se perfecciona cuando toma el bastón, la vara de su autoridad. Pero es que, además, es que es un incordio para el propio Rey. Hace años, compartí tribuna con Tomás Chávarri, ex jefe de protocolo del Estado, que se desempeñó junto al Rey ahora honorífico (que no emérito) Juan Carlos I, en los cursos de protocolo para funcionarios que se impartían por toda España por parte del Ministerio de Administraciones Públicas y en Galicia la Escuela Gallega de Administración Publica. Me contaba el embajador Chávarri dos cosas: que cuando iba con el Rey se dedicaba a apartar a ministros y diputados para que pudieran estar con el jefe del Estado alcaldes y concejales que pocas ocasiones tendrían de aproximarse. Y, sobre todo, que aconsejaba a los alcaldes que no le entregaran el bastón al rey, que era un incordio para el monarca, sobre todo si tenía que saludar a más gente, y que en una ocasión se produjo el absurdo de que el monarca le pasó la vara municipal a un ayudante para poder desenvolverse. Y es que, además, me decía, se indica que la persona que lleva el bastón es el alcalde y es una señal inequívoca de su condición.

El rey se desembaraza del bastón

En una de las fotos, se aprecia que el rey se desembaraza del bastón, ya dentro de la catedral, y lo deja ladeado en una silla. Aparte del deslucimiento de atuendos y rituales apena mucho cómo ha venido a menos la que fuera una de las más brillantes e históricas ceremonias de Estado de España. No está presente, aunque estén los caballeros de las órdenes militares, una representación formal de la Caballería, que ese día honra a su patrono, ya no se sube la bandera al altar al lado del Evangelio ni se rinde escolta al apóstol matamoros, que sobrevive a duras penas sobre Raxoi y que ha sido discretamente oculto a la vista de los curiosos en el templo catedralicio.

Sus Majestades los Reyes junto a Sus Altezas Reales la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía ocupan su lugar en el interior de la Catedral de Santiago

El Rey deja el bastón en el sillón.

Si esto sigue así, yo creo que lo más digno es dejar de celebrarlo sin más, como ya se hizo en la II República o que se convierta en una celebración privada como ocurre en A Coruña con la ofrenda a la Virgen del Rosario, protectora invocada por la ciudad frente a los corsarios ingleses, que antes organizaba la corporación, cuidadora de las tradiciones de la ciudad. @mundiario

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