La política de Pinocho

Grandes mentiras.
Grandes mentiras.

La mentira nos engaña a nosotros. La mentira nos manipula a nosotros. La mentira nos somete a nosotros. Si no nos ofende la mentira que nos ataca y denigra, si no comprendemos la gravedad de la agresión es que quizá no estemos a la altura de los ideales democráticos.

La política de Pinocho

Si alguien pensaba que el fake news sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez se iba a quedar en tormenta de verano, lo siento, pero está equivocado, solo es un episodio más de esta tenebrosa borrasca post-franquista que ensombrece nuestro futuro con armonía. Jugar a las democracias con los enemigos de la democracia tiene estas cosas, te levantas mojado, normalmente con tu propia sangre. Tras una mentira llegará otra y luego otra más. Inauguramos los miserables tiempos de la política de la mentira, que es una falsa política. El juego excede el marco legítimo que nos dimos en las democracias. No se trata de ganar al adversario político con la verdad y la habilidad, sino de destruir al enemigo hundiéndolo bajo una montaña de patrañas, trolas, calumnias y tergiversación. Y aquí pivotamos sobre el eje de mi propuesta: debemos comprender que los máximos ofendidos por una fake news no son los políticos de turno a quienes les caiga la lluvia de mierda, sino a los ciudadanos. La mentira nos engaña a nosotros. La mentira nos manipula a nosotros. La mentira nos somete a nosotros. Si no nos ofende la mentira que nos ataca y denigra, si no comprendemos la gravedad de la agresión es que quizá no estemos a la altura de los ideales democráticos. Como ciudadanos libres y soberanos debemos arremeter con todas nuestras fuerzas sobre los mendaces y aplastar todo intento de intoxicación mediático. No dudemos de que el enemigo planea transformar la sociedad actual liquidando la democracia o dejando de ella aquello que sirva a sus proyectos de dominación y que el camino es meternos en un torbellino constante de desechos. El gran resultado esperado de esta táctica de miente y destruirás es que la verdad deje de ser un criterio de conocimiento de la realidad, lo que a todas luces es un suicidio colectivo que nos arroja de nuevo en la marmita de las élites.

El consumo de lo verosímil está en bajas, no vende. La derecha pasa de la verdad, prefiere meterse un pelotazo en vena de gasolina o mejor, TNT mediático. Les llega con que alguien publique aquello que les gusta oír para sentirse informados y revitalizados. Les mola que se la pongan dura con la última mentira infumable. Pedro se pidió treinta kilos de langostinos en un restaurante. Absurdo, sin duda, pero fue un fake. Supongo que la verdad es que alguien de su equipo programó una comida de trabajo con alguna delegación o con algún colectivo en un restaurante y en el menú había langostinos a la plancha, como en cualquier chiringuito, vamos, y eso si hay algo de verdad. Pero tienen el titular, que es lo que importa, porque algunos son tan borregos que lo de dentro se lo dejamos en el plato. Si hicieran esto con los dichosos langostinos nos produciría una risa maliciosa.

Digo yo que la indignación ante la realidad no solo es lícita sino conveniente. Sin embargo, el cabreo permanente sobre la mentira televisada, el libelo o la calumnia radiada es una soberana estupidez. Es como tener sed y beberse una botella vacía, como una gallarda soñando con Marilyn o Marilón. Poco importa porque la verdad y la dignidad no cuentan para aquellos que han decidido estar permanentemente cabreados y llevan el odio en la venas. Digna carne de cañón para esas élites que buscan el poder en crudo, sin apellidos, o con esos apellidos de la alcurnia española de toda la vida de Franco y cuarenta años más: poder malversar, poder robar, poder manipular... ¡Dios Bendito! Y hace tres meses se les cerró el grifo sin previo aviso. ¡Hostia que cabreo! Se les hace insoportable y le han comprado el modelo de agitación y propaganda basurienta al inefable Steve Bannon.

No estamos dando la suficiente importancia al mendaz huracán que apenas roza nuestra democráticas playas. ¡Que no se acaba, señores y señoras, que no se acaba! Ya llega el siguiente aguacero. Ahora toca intentar destruir el prestigio de Dolores Delgado, la Ministra de Justicia. Y vale todo. Siempre mezclan la mentira con la exageración y lo irrelevante. Imagino a una jauría hozando en el vertedero inmundo de la post-verdad, rastreando cualquier hecho sobre el que construir una torre de falsedad y calumnia. Que no cuaja, da igual, ya tienen en la recámara otra inmundicia para dispararla contra nuestra inteligencia. Nos retorcerán sin piedad. Mentira tras mentira. Hasta que alguien sea tan inteligente de legislar con sabiduría y conseguir que salga mucho más barato decir la verdad que mentir como un bellaco. ¿A qué esperamos? @mundiario

 

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