¿Ha perdido Madrid tolerancia en los últimos 20 años por el centralismo de sus élites?

Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.

Los gallegos, catalanes y vascos que insisten en mantener su identidad en el Madrid mediático o político son percibidos como "extraños" o como "otros", denuncia este autor.

¿Ha perdido Madrid tolerancia en los últimos 20 años por el centralismo de sus élites?

El Madrid de la postmovida era abierto, acogedor y liberal. Llamarse Roser, Koldo o Xoán era un plus para ganar la curiosidad amable del entorno. Cuando en el teléfono del pasillo de un colegio mayor hablabas en gallego, euskera o catalán con tu familia o con amigos del País, tus compañeros de  Castillla o Extremadura te miraban con complicidad y simpatía. Gustaban las letras en gallego de Antón Reixa con Os Resentidos y las de Serrat en catalán, así como  el cine y los equipos vascos de fútbol. Políticos nacionalistas como Pujol, Roca, Garaikoetxea, Mariñas, Bandrés o Camilo Nogueira eran respetados y escuchados.

Esta realidad cambió totalmente en estos 20 últimos años. Hablar gallego por el móvil en un taxi o en un bar madrileño es una experiencia que se desarrolla muchas veces en un clima de silenciosa extrañeza, cuando no  hostilidad. Con los antiguos compañeros de carrera y amigos de allí ya no se pode hablar de política ni de temas conexos. Todos profesionales bien formados asumieron sin embargo el discurso unánime de sus medios de comunicación  y creen que aquí no se pode estudiar casi en castellano, que el himno gallego es injurioso o que hablamos gallego por fastidiar.

Que ocurrió para que una ciudad aparentemente abierta diese este vuelco? Pues que se desarrolló un proceso movido de arriba hacia abajo, dirigido por las élites españolas favorecidas por el capitalismo castizo del BOE y desarrollado por sus portavoces mediáticos y políticos para concentrar en Madrid el poder económico y político, convirtiéndola en la única capital financiera del Estado y de su Ibex 35, dotándola de un aeropuerto que se pretendía única puerta con el exterior y de un AVE radial, que condenaba a la secundarización de los ejes ferroviarios naturales atlántico, cantábrico y mediterráneo. Son estas éites las que definen los llamados intereses de España. Intereses en los que no entran nunca los intereses gallegos en los sectores de la  agrogandería, pesca, construcción naval,  energético o nuevas tecnologías. 

Frente a este discurso dominante, el gallego, catalán o vasco que defiende su identidad propia y los intereses económicos de su respectivo país se percibe como a un "otro". Son -somos- los "Extraños en Madrid" , de los que escribió Iñaki Anasagasti en un libro editado hace ya tres años y que, sin embargo, mantiene una innegable actualidad.

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