La expresividad del lenguaje corporal que raramente tenemos en cuenta

El presidente Pedro Sánchez en el Congreso. / Mundiario
El presidente Pedro Sánchez en el Congreso. / Mundiario

Merece la pena observar el lenguaje corporal de los políticos en entrevistas, declaraciones improvisadas, mítines o intervenciones parlamentarias. Complementario, o más, de lo que dicen.

La expresividad del lenguaje corporal que raramente tenemos en cuenta

Según los expertos, en la comunicación oral el lenguaje corporal es más expresivo –entre un 60 y un 90 % de información- que el mensaje que se transmite a través de la palabra, pues informa a quienes escuchan acerca de la credibilidad de quien habla, intencionalidad, convencimiento sobre lo que dice o  de  su sinceridad, por ejemplo.

En consecuencia, reparen, no sólo por respeto, en los gestos faciales de su interlocutor, movimientos de manos, mirada, entonación, postura corporal, silencios e, incluso, vestimenta, espacio y escenario que acoge a quien habla.

Merece la pena observar el lenguaje corporal de los políticos en entrevistas, declaraciones improvisadas, mítines o intervenciones parlamentarias.

Mandíbulas contraídas

La primera imagen que me viene a la memoria es la de mandíbulas fuertemente contraídas, visible para cualquier mediano observador, que puede reflejar contrariedad, dureza, tensión o incomodidad ante las preguntas o interpelaciones. ¿Se han fijado en determinadas intervenciones de Pedro Sánchez?

Muy significativo y frecuente es el gesto de ceño fruncido, unido a frente arrugada, de un buen número de nuestros políticos, que puede obedecer a un estado de Irritabilidad, escasa paciencia, enfado, desagrado, acompañado de importantes dosis de agresividad en la palabra. Pablo Iglesias, Irene Montero y Abascal son ejemplos paradigmáticos, aunque esa actitud se extiende a colegas de otras formaciones políticas.

El gesto adusto que suele acompañar a un gran número de políticos refleja muy claramente el tiempo de crispación, enfrentamiento y resentimiento que estamos viviendo. A él suele unirse el dedo índice levantado o señalando, para advertir al personal de que deben tomar en serio sus palabras.

Sonrisa fácil

En contraposición a los anteriores están los de sonrisa fácil, independientemente de la seriedad del tema. Recuerdo al señor Casado y a varias ministras.

Me chifla el triángulo formado por los dedos índices y los pulgares; se ve que la inmensa mayoría de ellos han acudido a la misma escuela de expresión corporal. ¿Tendrá algún significado? Que yo sepa, se considera símbolo reivindicativo de los derechos de la mujer, pretendiendo representar una vagina.

Otro tic muy extendido: toque en el micrófono al iniciar una intervención y golpe rápido y displicente para bajarlo cuando finalizan una intervención en el parlamento. ¿Intencionalidad despectiva, o soy muy puntilloso?

También la vestimenta forma parte del lenguaje gestual. En Las Cortes se exige a los ujieres uniforme, corbata y hasta guates blancos, incluso en pleno verano, sin embargo algunas señorías acuden con atuendo casual, muchos de ellos sustituyendo la corbata por la “palestina”,  con mochila al hombro como un excursionista, y no digo más. Una enorme contradicción, falta de respeto y de tacto, porque, añado, los visitantes tampoco pueden entrar de cualquier forma.

Qué decir la actitud...

¡Qué decir de su actitud durante las sesiones parlamentarias! Lo vemos en televisión y no les produce vergüenza leer el periódico, manejar el teléfono, bostezar y hasta adormilarse…, todo ello mientras habla desde la tribuna otro diputado. Añadamos gritos, pateos, insultos –tienen que recurrir a retirarlo de las actas oficiales para evitar el bochorno ante la historia-, abandonos en plena sesión, escaños vacíos,… Eso sí, si hay que votar no falta uno.

Termino. Muchos discursos están llenos de lugares comunes, circunloquios, frases farragosas y sin terminar, preguntas no respondidas, reiteraciones... por ello no olvidemos su lenguaje corporal, que, con frecuencia, resulta más elocuente que sus palabras. @mundiario

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