Un Estado fallido, dos Gobiernos y sin instituciones: cómo el conflicto en Libia agravó el desastre
Las devastadoras inundaciones en Derna, Libia, que han dejado miles de víctimas mortales y decenas de miles de desaparecidos, representan un duro golpe para un país ya asolado por más de una década de guerra civil y divisiones internas. Libia es un Estado fallido que carece siquiera de un Gobierno unificado que pueda gestionar las infraestructuras y las alertas, pues tampoco existe un organismo de monitoreo meteorológico (como la AEMET en España) que pudiera dar la alarma y seguimiento al ciclón Daniel.
Con dos Ejecutivos paralelos que nunca establecen contactos entre sí, las milicias étnicas y el yihadismo en el sur del país se suman a la carestía de las instituciones que ha exacerbado la destrucción causada por el ciclón Daniel, calificada como uno de los mayores desastres con proporciones “épicas” por la ONU.
La magnitud de esta catástrofe y las dificultades para la llegada de ayuda internacional han llevado a los dos principales grupos rivales en Libia, los gobiernos de Trípoli en el oeste y Tobruk en el este, a colaborar, lo que podría significar un paso a una reconciliación momentánea para hacer frente a la tragedia, aunque una solución política a largo plazo por el momento seguiría fuera de la mesa.
De hecho, los organismos y analistas internacionales han coincidido en que la tragedia en Derna en un cúmulo de muchos factores. El desmoronamiento de las presas por la falta de mantenimiento, la falta de apoyo a las infraestructuras, las vías de comunicación ya débiles por el paso de los años que se han visto destruidas como las carreteras y puentes que complican la llegada de la ayuda extranjera, se suman al hecho de que los dos gobiernos tardaron al menos 48 horas en comunicarse entre sí por primera vez tras el desastre.
Libia, sumida en el caos desde 2011
Desde la caída del régimen de Muammar el Gadafi en 2011, Libia ha estado sumida en el caos. En lugar de una apertura hacia la democracia, el país se enfrentó a una guerra civil en su lugar entre dos grupos armados con el respaldo de combatientes extranjeros, y en la que diversas milicias étnicas y religiosas lucharon por los resquicios de poder y para hacerse con bastiones en los que los dos ejércitos regulares no pueden llegar. Esta situación también abrió espacio para la expansión del yihadismo hacia el sur, cerca de la frontera con la región del Sahel
En 2020 la ONU consiguió un anhelado cese al fuego. Desde entonces con el respaldo de combatientes extranjeros existen el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) en el oeste, con sede en Trípoli reconocido por la ONU, Turquía y Catar; y un Gobierno de Estabilidad Nacional (GEN) cuyo “parlamento” funciona en Tobruk, se fundamenta en el Ejército de Liberación Nacional Libio del mariscal Jalifa Hafter, que alberga a efectivos remanentes de las guarniciones de Gadafi, milicias tribales del este y mercenarios subsaharianos. Este grupo paramilitar está apoyado por Egipto, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia, dado que el grupo de mercenarios Wagner luchó en sus filas.
Por su parte, el sur del país es la región menos poblada (cuando Libia tiene seis millones y medio de habitantes) y está principalmente dominada por milicias locales de las etnias tuareg (bereberes nómadas) y los tubu (seminómadas en la frontera con Áfrca subsahariana).
La falta de inversión en infraestructura y bienes públicos, incluso en períodos de relativa paz, ha dejado al país sin la capacidad de gestionar crisis como las inundaciones recientes.
División internacional y recursos en juego
La comunidad internacional ha respaldado a diferentes facciones en Libia. La ONU, Turquía e Italia apoyan al gobierno de Trípoli, mientras que el gobierno de Tobruk ha recibido apoyo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Rusia. Este conflicto ha llevado a una situación política estancada a pesar de los esfuerzos para alcanzar un gobierno unificado.
Irene Fernández-Molina, profesora de Relaciones Internacionales, destaca a RTVE que el conflicto en Libia no es principalmente ideológico, sino económico. Los recursos, como los ingresos petroleros y los negocios ilegales, se han convertido en la base de la economía de guerra, lo que incluye contrabando de petróleo, tráfico de armas y de personas, aupado por su situación geográfica especial como puerto de salida de rutas de migración ilegales a través del Mediterráneo central.
Impacto en la población civil y migrantes
La violencia y la inestabilidad en Libia afectan gravemente a la población civil y también a los migrantes que intentan llegar a Europa. La falta de un Estado funcional y de servicios básicos como hospitales y alertas meteorológicas ha exacerbado el sufrimiento de la población.
Además, la ausencia de una coordinación adecuada y la división política dificultan la llegada de la ayuda humanitaria a las áreas afectadas. La comunidad internacional ha llamado a superar los bloqueos políticos para garantizar la atención a las víctimas.
La catástrofe podría impulsar un acercamiento
A pesar de la complejidad de la situación en Libia, la magnitud de la catástrofe podría facilitar un acercamiento entre los gobiernos rivales. El envío de ayuda y la colaboración en momentos de crisis pueden sentar las bases para una cooperación a largo plazo. Sin embargo, la consolidación de un gobierno unificado y estable sigue siendo un desafío importante en el camino hacia la paz y la reconstrucción de Libia.
La tragedia de las inundaciones en Derna destaca la necesidad urgente de unificar a Libia y restaurar su infraestructura y servicios básicos para evitar futuras catástrofes y permitir que la población recupere una vida digna. @mundiario




