Europeísmo en juego: España reprocha a Alemania su tibieza ante las amenazas de Trump
La tensión entre España y Alemania ha escalado tras la comparecencia conjunta en la Casa Blanca entre el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente estadounidense Donald Trump, en la que este último lanzó duras amenazas comerciales contra Madrid. La ausencia de una defensa pública por parte de Berlín ha provocado una reacción directa del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, quien trasladó a su homólogo alemán su “sorpresa” por la actitud del canciller.
El episodio no es menor. En un contexto marcado por la guerra en Irán y las crecientes exigencias de Washington a sus aliados, Trump afirmó que España era “un aliado terrible” y amenazó con “cortar todo el comercio con España” después de que el Gobierno de Pedro Sánchez rechazara permitir el uso de las bases de Morón y Rota en operaciones militares contra Irán.
En ese mismo escenario, Merz subrayó que España es el “único país” de la OTAN que no ha aceptado elevar el gasto en defensa hasta el 3% o 3,5% del PIB, en línea con las nuevas exigencias que Washington ha elevado incluso hasta el 5%.
Albares fue claro en su reproche. “Cuando uno comparte con un país una moneda, una política comercial común, un mercado común, espera la misma solidaridad que España ha tenido”, afirmó en referencia directa a Alemania. El ministro evocó el respaldo español a Dinamarca ante las tensiones por Groenlandia y la presencia militar en el flanco este de la OTAN, particularmente en Letonia, como ejemplos de compromiso europeo.
Más allá del tono diplomático, el mensaje político es evidente: España esperaba una defensa explícita en público frente a una amenaza comercial que afecta no solo a un Estado miembro, sino al conjunto de la Unión Europea. La queja no se limita a un desacuerdo puntual, sino que apunta a una diferencia de concepción sobre cómo debe ejercerse la solidaridad comunitaria cuando la presión proviene de Washington.
Albares añadió además una comparación con los anteriores cancilleres alemanes: “Desde que estamos en el Gobierno hemos conocido tres cancilleres: Merkel, Sholz y ahora Merz. No me imagino a Merkel o Scholz con unas declaraciones de ese tipo, había otro espíritu europeísta”. La alusión a Angela Merkel y Olaf Scholz introduce una dimensión histórica: ¿ha cambiado el tono alemán hacia una posición más pragmática y menos simbólicamente solidaria?
El silencio de Merz y su defensa posterior
La imagen que marcó el episodio fue la del silencio del canciller alemán en el Despacho Oval mientras Trump criticaba a España. Merz no intervino públicamente para contradecir o matizar las amenazas. Más tarde, ya ante la prensa alemana, explicó que sí abordó la cuestión en privado.
“Le dije que España es parte de la Unión Europea y que como tal, cuando negociamos un acuerdo sobre aranceles con los Estados Unidos, lo hacemos juntos o no lo hacemos, y no hay modo de tratar especialmente mal a España”, declaró el canciller. Y añadió: “Hice esto a puerta cerrada, porque no quería escalar o discutir este conflicto en público”.
Desde Berlín, el portavoz del Gobierno insistió en que la UE “cierra filas contra amenazas arancelarias y otras amenazas”. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho: la percepción de que Alemania priorizó evitar un enfrentamiento público con Washington antes que escenificar una defensa visible de un socio europeo.
El núcleo de la disputa no es solo diplomático, sino estratégico. La Administración Trump ha intensificado su presión para que los miembros de la OTAN eleven sustancialmente su gasto militar. España mantiene el 2% del PIB como techo suficiente, mientras Estados Unidos reclama hasta un 5%. Merz, alineado con la idea de mayores contribuciones, afirmó que estaba intentando “convencer” a España para alcanzar el 3% o 3,5%.
La cuestión del gasto en defensa se ha convertido en un eje de diferenciación dentro de la Alianza Atlántica. Para Berlín, el refuerzo presupuestario es una señal de compromiso con la seguridad colectiva. Para Madrid, el 2% ya representa un esfuerzo considerable respecto al 0,9% que existía en 2018, y el Ejecutivo sostiene que España es un socio fiable.
Este desacuerdo estratégico se produce en un momento especialmente delicado: guerra en Oriente Próximo, tensiones comerciales globales y un entorno transatlántico menos previsible que en etapas anteriores.
Friedrich Merz, canciller de Alemania, sobre el gasto en defensa: "Estamos intentando convencer a España para que suba al 3 o al 3,5% del gasto, que es lo que acordamos en la OTAN. España también tiene que cumplir"#Canal24Horas
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) March 3, 2026
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¿Una grieta estructural o un choque coyuntural?
Las relaciones entre España y Alemania atraviesan una etapa compleja, aunque no necesariamente estructural. En septiembre, en su primera reunión bilateral oficial, Merz elogió el “impresionante” esfuerzo español en materia de defensa, aunque advirtió de que todos los países deberán gastar más. Aquella reunión ya mostró diferencias en política exterior, especialmente sobre Gaza y el reconocimiento del Estado palestino.
La actual crisis revela algo más profundo que un desacuerdo puntual: expone distintas sensibilidades sobre cómo gestionar la relación con Estados Unidos y cómo equilibrar la cohesión europea con los intereses nacionales. Alemania parece optar por la contención pública y la negociación discreta; España reclama visibilidad política.
Por ahora, el Gobierno español insiste en que no espera “ninguna consecuencia” comercial y que la fortaleza del país descansa en la moneda única, el mercado único y la política comercial común. Alemania, por su parte, recalca que Europa actúa unida frente a amenazas externas. @mundiario


