Es gratificante que haya ejemplos de buena sintonía entre gobierno y oposición

José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid. / Mundiario
José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid. / Mundiario
António Costa y Rui Rio, por un lado, y José Luis Martínez Almeida y Rita Maestre, por otro, han sabido asumir un principio rector de Garrigues Walker y acompañarlo con una política de comunicación capaz de generar diálogo y confianza.
Es gratificante que haya ejemplos de buena sintonía entre gobierno y oposición

En tiempos de crisis, cabe tener presentes algunas reglas de oro para un buen diálogo y una mejor comunicación. Dentro del cúmulo de malas noticias políticas, económicas y sociales en relación con el coronavirus que día a día nos abruman, cuando saltan a la primera plana informaciones positivas se agradecen. Por ejemplo, que en Portugal el líder de la oposición Rui Rio, del partido conservador PSD, le escriba al primer ministro António Costa, del partido socialista PS: “Lamentablemente, en la vida política no siempre se da esa unión contra un enemigo común, pues no es raro que aparezcan los que no resisten la tentación de intensificar los ataques al Gobierno de turno, aprovechándose partidariamente de las fragilidades políticas que la gestión de una realidad tan compleja acarrea siempre. En mi opinión, esa no es, en este momento, una postura éticamente correcta. Y no es, además, una posición patriótica”.

Otro ejemplo: que Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital de España y nada sospechosa de afinidad con la derecha, apoyara públicamente la labor del alcalde José Luis Martínez Almeida, ganándose la ovación tanto de los concejales de la coalición de PP y Ciudadanos como de muchos madrileños.

Es gratificante que haya ejemplos de buena sintonía entre gobierno y oposición, cuando lo “normal” parecen ser discrepancias y broncas, deslealtades e insultos. Seguro que tiene que ver con que, según muchos observadores, tanto António Costa en Lisboa como José Luis Martínez Almeida en Madrid han sabido gestionar la crisis con un alto grado de eficacia, ganándose así el respeto de oposición y ciudadanía. Quizás también con que los dos políticos se caracterizan por ser propensos hacia el diálogo. 

En 2009 me pidieron que presentara el libro “El diálogo como herramienta para la acción a favor del desarrollo humano”, de Daisaku Ikeda y Ricardo Díez Hochleitner. Lo hice definiendo 10 reglas de oro para facilitar el diálogo, que resumiría hoy de la siguiente manera:

1º) Antes de empezar la fase inicial del diálogo, definir la posición propia sobre la base del conocimiento.

2º) Una vez comenzado, defender la posición propia sobre la base del argumentario preparado.

3º) Comunicar la posición propia con educación. Parafraseando al ex ministro y ex director general de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza: “Comunicación sin educación es peligrosa, pero educación sin comunicación inútil”.

4º) Escuchar al oponente con respeto, para que la deliberación no se convierta en un “diálogo de sordos”, que, como describe la Real Academia, es una “conversación en la que los interlocutores no se prestan atención”.

5º) Mantener una posición abierta y tolerante con respecto a las opiniones del contrario, para enriquecer las ideas iniciales a través de la incorporación de argumentos del interlocutor que sean asumibles a la línea de pensamiento propio.

6º) Cuando la primera fase del diálogo se ha agotado, saberle poner punto final. No hay nada peor que diálogos eternos, que dejan la sensación de frustración por aburrimiento.

7º) Después de esta primera fase, reflexionar para ordenar las ideas propias y ajenas, así como sacar las conclusiones adecuadas, sobre las posibilidades de un acuerdo y sus consecuencias.

8º) En la fase final del diálogo, presentar nuevamente los puntos de vista propios, revisados y enriquecidos por las experiencias en la primera fase.

9º) Siempre intentar tender puentes, para afrontar con éxito el paso a la acción, es decir al compromiso. Parafraseando nuevamente a Federico Mayor Zaragoza. “Acción sin diálogo es peligroso, pero diálogo sin acción inútil”.

10º) Hay que tener valor para asumir riesgos, porque en palabras, esta vez sí, del ex ministro Federico Mayor Zaragoza. “Riesgos sin conocimiento es peligroso, pero conocimiento sin riesgos inútil”.

Soy consciente que estas reglas para facilitar un buen diálogo no siempre llevarán a compromisos y soluciones para salir de una crisis. Pero ayudarán, al igual que  la definición de la democracia que formuló en 2010 el abogado e intelectual Antonio Garrigues Walker: “Es un sistema cuyo objetivo básico es el de facilitar la convivencia, no en el acuerdo, que sería cosa de poco mérito, sino justamente en el desacuerdo – que es lo que suele haber - ,y esa convivencia es precisamente fruto de un diálogo en el que hay que aceptar, como principio rector, que no podemos tener…toda la razón, y que siempre se pueden buscar soluciones aceptables, o por lo menos tolerables, para todos”. 

Pienso que tanto António Costa y Rui Rio como José Luis Martínez Almeida y Rita Maestre han sabido asumir este principio rector de Garrigues Walker y acompañarlo con una política de comunicación capaz de generar diálogo y confianza. Un clima creado sobre esta base facilita la convivencia. Y una buena convivencia repercute positivamente en una democracia. 

No todos los políticos tienen el don orador de un Barack Obama. Pero se puede superar la profunda brecha entre el exceso de información que nos invade y la falta de comunicación que nos paraliza con ayuda de: 

> Un alto grado de credibilidad de los actores principales, como consecuencia de decisiones convincentes y probadas en el pasado, así como de honestidad y prudencia en lo personal y político;

> Una coordinación eficaz dentro del gobierno de turno, para evitar informaciones contradictorias que irriten a la opinión pública; 

> Un diálogo permanente con la oposición, los agentes sociales y demás representantes de la sociedad civil, para tener en cuenta sus argumentos en la toma de decisiones, dentro de lo asumible; 

> Una política de comunicación veraz, responsable y transparente, que vaya al grano y sea creíble.

Por desgracia, tenemos ejemplos de comunicación poco edificantes, por fuera de lugar y tono. Un ejemplo penoso, entre muchos: la descalificación en una rueda de prensa de Maritxell Budó, portavoz de la Generalitat, al Gobierno por su gestión de la crisis sanitaria, sosteniendo que en una Cataluña independiente “no habría tantos muertos”.

Prefiero que se queden hoy con los ejemplos positivos de Portugal y Madrid, antes de desearles ¡ánimo! @mundiario

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