El encarcelamiento de Lula da Silva divide Brasil

Lula da Silva, expresidente de Brasil, rodeado por una multitud de gente antes de entrar a prisión. Twitter
Lula da Silva, expresidente de Brasil, rodeado por una multitud de gente antes de entrar a prisión. / Twitter

Al menos 8 personas resultaron heridas en medio de los choques entre manifestantes y Policía tras el arresto del expresidente.

El encarcelamiento de Lula da Silva divide Brasil

Luiz Inácio Lula da Silva descansa tras las rejas. Brasil se divide. Algunos celebran, otros lloran. Mientras, el popular expresidente comienza a pagar una condena histórica de 12 años por corrupción y lavado de dinero. Al menos 8 personas resultaron heridas en medio de los choques entre manifestantes y Policía tras el arresto del exmandatario.

La entrada en prisión de uno de los mayores iconos de la política brasileña y el favorito para ganar las elecciones del próximo mes de octubre dejó al relieve la realidad que se vive en una nación marcada por dos bandos: los que celebran que un corrupto pague por sus delitos y los que defienden que un "líder incómodo" para algunos sectores ha sido víctima de una caza de brujas.

Antes de entregarse, Lula dio un épico discurso de despedida en el sindicato metalúrgico de São Bernardo. El veterano político habló por más de media hora y fue ovacionado por los suyos, quienes le pedían que no se rindiera ante la policía. Los presentes estaban conscientes de que ese -probablemente- sería su último acto popular.

Algo muy distinto fue lo que ocurrió en Curitiba, donde el exmandatario tuvo que enfrentar la otra cara de la moneda. La ciudad -que de por sí es símbolo de la operación Lava Jato, ya que allí fue donde se destapó la trama de corrupción de la estatal Petrobas- se había convertido en el escenario de una gran fiesta.

Centenas de personas festejaban en las calles el encarcelamiento del líder. Los fuegos, las cacerolas, las banderas de Brasil, los carteles con imágenes de Lula con ropa de preso e incluso botellas de champagne adornaban el momento. “Lula ladrón, tu lugar es la cárcel”, cantaban los detractores.

 

Con este escenario el panorama político brasileño se torna incierto. Los expertos aseguran que el encarcelamiento de Lula podría dar paso a varias opciones: la primera es que el experimentado político utilice la crisis a su favor para mostrarse como víctima y lograr preservar o hasta aumentar su influencia en el electorado.

La segunda alternativa es que sea precisamente esa victimización la que abra la puerta a un efecto rebote que recaiga sobre el candidato de ultraderecha y exmilitar Jair Bolsonaro. La tercera variante apunta hacia un Brasil mucho más fragmentado, con una ciudadanía acudiendo a las urnas sin mayor interés e instalando una base legislativa tan débil que pueda derribarse en la primera tormenta, como ha ocurrido con Michael Temer.

En cualquiera de los casos el futuro se vislumbra poco alentador. Lula da Silva, por su parte, ha dejado claro que la guerra apenas comienza. "La muerte de un combatiente no para la revolución", dijo con firmeza el brasileño antes de entregarse ante la justicia. @mundiario

 

El encarcelamiento de Lula da Silva divide Brasil