¿Es necesario conocer a personas de culturas diferentes para empatizar más con ellas?

Hollande y Valls en el minuto de silencio en París.
Hollande y Valls en el minuto de silencio en París.

¿En qué grado está condicionado nuestro nivel de empatía por la proximidad cultural o hasta qué punto una emoción tan intensa y universal como el miedo modula el modo en que nos solidarizamo con determinadas víctimas?

¿Es necesario conocer a personas de culturas diferentes para empatizar más con ellas?

"La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti".

John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions.

La noche del pasado viernes 13 de noviembre tuve noticia de los ataques terroristas de París a través de distintos mensajes recibidos en mi teléfono móvil. Inmediatamente, me preocupé por si le podría haber ocurrido algo a alguien relativamente cercano. Recordé las ocasiones en que yo misma estuve allí, pensé en que una buena amiga mía y sentí, en ese momento y como muchos de vosotros, eso de "yo soy París". Lamenté profundamente las vidas segadas de quienes trataban de resarcirse a través del ocio una noche de viernes y, sin comerlo ni beberlo, en su lugar encontraron terror y muerte. Intenté calibrar las dimensiones de la angustia en los instantes de shock y confusión, de la lucha extrema por la supervivencia de quienes se fingían muertos o se debatían entre la vida y la muerte a la espera de auxilio.

Además de empatía con el dolor ajeno, experimenté un miedo y angustia propias. Como si se hubiese abierto una nueva fractura en la relativa ilusión de invulnerabilidad que nos ayuda a todos a conducirnos por la vida con relativa seguridad. Pues bien, todo este entramado de pensamientos me llevaron a otra reflexión mucho más teórica: al grado en que nuestro nivel de empatía está condicionado por la proximidad cultural (por cierto etnocentrismo) o hasta qué punto una emoción tan intensa y universal como el miedo (o nivel de amenaza percibida) modulan el modo en que nos solidarizamos más intensamente con determinadas víctimas.

Tuit de Victoria Permuy.
Mensaje de Victoria Permuy en Facebook.

 

Apenas unas horas después de lo ocurrido, lo reflejé en la red social que más tarde nos brindaría la posibilidad selectiva de poner en nuestra foto de perfil un filtro con los colores de la bandera de Francia (respeto muchísimo a quienes lo hayan hecho, pero yo no entré al trapo en esta cuestión por razones similares a las que esgrime la autora de este post). Comprendo, además, todo lo sincero y humano que puede haber detrás de este tipo de símbolos, porque acepto el mero hecho de que existen diferencias individuales en el modo en que sentimos empatía.

La empatía se define típicamente como la capacidad de experimentar las emociones del otro o como la facultad de adoptar mentalmente su perspectiva. En líneas generales, se suele efectuar una distinción entre empatía emocional y cognitiva. Cada individuo es empático en ambas dimensiones en cierta medida, en una sola o, incluso, en ninguna. La dimensión cognitiva de la empatía podría estar influenciada por el conocimiento del otro, de modo que daría cuenta del porqué reaccionamos como resortes ante lo ocurrido en París y no, por ejemplo, ante lo sucedido en Beirut horas antes.

Quizás sería necesario conocer a personas de culturas diferentes para empatizar más con ellas (algunas personas muy empáticas tendrían mayor capacidad de hacerlo sin este conocimiento), por un mecanismo similar al de la proximidad, muy bien sintetizado por Zajonc a través del "efecto de la mera exposición" aplicado al ámbito interpersonal.

La empatía, pos su parte, puede desarrollarse y reducir los prejuicios y el racismo. En un estudio donde se indujo a participantes blancos a empatizar con un hombre afroamericano, éstos posteriormente mostraron una menor incidencia del sesgo racial. El poner rostro a la barbarie nos ayuda a desarrollar más empatía, a enfatizar semejanzas sobre diferencias, y en esto último desempeñan un importante papel los medios de comunicación. Baste recordar al lector la imagen de Aylan, el niño sirio cuya fotografía se hizo viral, y supuso el despertar de la empatía occidental con los refugiados: Aylan podría ser cualquiera de nuestro hijos/as.

En dicha ocasión, los medios de comunicación removieron calculadamente emociones empáticas con la difusión de su imagen, en una operación deliberada de sensibilización- como señalaba Miguel Anxo Fernán Vello ,mientras que en otras las atenúan o inhiben, presentándonos las noticias relativas a la barbarie lejana en tono aséptico y normalizado. Por ejemplo, en el caso de Siria, nos hemos acostumbrado e, incluso, pensamos que allí ya han aprendido a vivir con el terror, que tienen menos miedo, que sufren menos o, en el peor de los casos, que sus vidas importan menos.
Por último, considero que esta emoción, el miedo, desempeña otro papel importante y sobre él nos llegan mensajes contradictorios: que el miedo es la victoria de los yihadistas, que estamos en guerra.

¿Es necesario conocer a personas de culturas diferentes para empatizar más con ellas?