Las elecciones al Parlamento de Cataluña producen desvaríos generalizados

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

Los partidos políticos se ven obligados a dar un discurso con miras a elecciones catalanas, pero si no son secesionistas tienen además que dejar un ojo puesto en las  generales.

Las elecciones al Parlamento de Cataluña producen desvaríos generalizados

Los partidos políticos se ven obligados a dar un discurso con miras a las elecciones catalanas, pero si no son secesionistas tiene que dejar un ojo puesto en las generales.

Dentro de la dificultad que esto entraña, Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, se le ha ocurrido la promesa de suprimir el Tribunal Costitucional. La idea es atractiva para todos los catalanes porque este Tribunal es el que les negó el Estatuto que habían aprobado en referéndum, aunque fuese a instancias del PP, y también puede gustar a los que sin ser catalanes quieren una independencia total de este órgano, hoy politizado hasta límites insultantes como puede ser que su presidente, Francisco Pérez sea un afiliado del PP.

La falta de independencia de este Tribunal es tan notoria que desde las primeras votaciones cada juez ha votado normalmente en la línea que lo haría el partido que le había propuesto, algo que ya ocurrió con la expropiaciones de Rumasa donde fue necesario el voto de calidad del Presidente para deshacer el empate, y que sigue ocurriendo como una copia del Parlamento donde impera la disciplina de voto. Suprimirlo podría eliminar el problema si el Tribunal Supremo, que supuestamente absorvería las competencias, fuese totalmente apolítico, pero parece difícil creer que esa sea la solución porque la interferencia de la política en la justicia ya empieza en las propias gestiones del Fiscal General, nombrado por el Gobierno. La conclusión es que Albert Rivera ha puesto el dedo en la llaga pero que la solución tiene que ir un poco más allá, consensuarla, y hacerla extensiva a todo el poder judicial.

Otros casos que me parecen de menor calado no dejan de tener su importancia y transcendencia, ahí la llamada de atención de Durán y Lleida de UDC, sobre la necesidad de que los secesionistas además de prometer la independencia, deben presentar un programa porque se supone que van a gobernar al menos año y medio en sus sueños más fáciles, pero no parecería lógico que Cataluña estubiese año y medio, caso dos, sin gobernar y sin programa. 

Y para terminar este breve resumen llega la parte cómica si el asunto no fuese tan serio, Barcelona votará antes del 27S si es o no independentista. Yo espero que Ada Colau sepa lidiar este tema porque un Ayuntamiento o una ciudad no puede ser independentista o españolista porque no representa a la mayoría de los habitantes de Barcelona y estos temas no deberían politizarse. Los políticos están para administrar la soberanía popular de acuerdo a un programa votado mayoritariamente y no recuerdo que este tema lo haya sido.

Podría seguir pero entonces acabaría metiendo en el saco ciertas actitudes vistas en Navarra y diversos puntos de España, y podría llegar a la conclusión de que esta nave está perdiendo el rumbo ¿se ha roto el timón?

Las elecciones al Parlamento de Cataluña producen desvaríos generalizados
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