El eje nuclear: cómo el independentismo converge con la derecha para presionar a Sánchez

El futuro de la energía nuclear en España ha formado una alianza inesperada, aunque circunstancial: ERC y Junts con PP y Vox, que convergen con el objetivo de frenar el apagón de los reactores previsto entre 2027 y 2035.

Santiago Abascal, líder de Vox; Míriam Nogueras, portavoz de Junts; Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Gabriel Rufián, portavoz de ERC - Mundiario
Santiago Abascal, líder de Vox; Míriam Nogueras, portavoz de Junts; Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Gabriel Rufián, portavoz de ERC - Mundiario

En plena coyuntura energética marcada por la volatilidad geopolítica, el apagón masivo de la semana pasada y la debilidad del despliegue renovable, el calendario de cierre de las centrales nucleares pactado por el Gobierno con las eléctricas se tambalea. Lo que parecía un consenso técnico y político está siendo erosionado no solo por el empuje del PP y Vox, sino por una alianza táctica que incluye a ERC y Junts, dos actores clave para la estabilidad parlamentaria de Pedro Sánchez.

Tanto Esquerra Republicana como Junts han empezado a mostrar abiertamente su incomodidad con el cierre progresivo de los reactores nucleares. Lo hacen con argumentarios distintos, pero con el mismo resultado: un freno al apagón nuclear. Mientras Junts defiende la prolongación de la vida útil de las centrales como vía para garantizar el suministro eléctrico y proteger a la industria catalana, ERC recurre a una narrativa más social: sin alternativa energética viable, sin reindustrialización y sin planes de recolocación para los miles de trabajadores afectados, cerrar las nucleares sería “irresponsable”.

Este posicionamiento, en el caso de ERC, no es solo técnico, sino profundamente territorial. Tarragona, donde se ubican dos de las centrales operativas, depende económicamente de ellas. Y el partido de Oriol Junqueras no quiere asumir el coste de aparecer como el verdugo de los empleos locales.

La derecha no ha perdido la oportunidad de capitalizar el momento. El PP, que este martes llevará al Congreso una proposición no de ley para replantear el cierre del parque nuclear, ha convertido la defensa de la energía atómica en un eje central de su estrategia energética. La visita a la central de Almaraz del vicesecretario de Economía del partido, Juan Bravo, coincidió con el apagón de la semana pasada y simboliza esa apuesta. Pero lo más llamativo es que esta defensa nuclear se ha colado como condición para apoyar incluso políticas que nada tienen que ver, como el decreto antiaranceles frente a la ofensiva comercial de Donald Trump.

Al sumar a Vox y a parte del independentismo a su cruzada, los populares pueden sentirse legitimados para forzar al Gobierno a reconsiderar su estrategia. Aunque el PSOE y Sumar mantienen que las nucleares no son el camino —y, de hecho, señalan que durante el apagón fueron un problema ya que estaban paradas—, la presión política empieza a superar la resistencia técnica.

Una paradoja política que descoloca a Sánchez

El Ejecutivo de coalición está atrapado entre sus compromisos climáticos, su pacto con las eléctricas y una geometría variable parlamentaria que cada vez le pone más contra las cuerdas. La izquierda, con Podemos, EH Bildu y la derecha nacionalista del PNV en contra de alargar la vida de los reactores, mantiene su línea roja en lo nuclear. Pero sus aliados de investidura, ERC y Junts, se mueven ahora en otra dirección.

Esta paradoja genera una presión doble: por un lado, desactiva el discurso de que solo la derecha defiende las nucleares; por otro, revela las carencias del Gobierno en materia de transición energética. Como bien apunta ERC, si no se han hecho los deberes para desplegar renovables, asegurar el empleo y reconvertir las zonas afectadas, cerrar las nucleares sería una temeridad más ideológica que realista.

¿Un eje coyuntural o una nueva dinámica?

La pregunta que se impone es si esta confluencia entre independentismo y derecha sobre la energía nuclear es una coincidencia puntual o el preludio de una nueva dinámica legislativa. En un Congreso sin mayorías claras, cualquier coincidencia táctica puede traducirse en derrotas políticas para el Gobierno, como ya se ha visto en otras votaciones sensibles.

El debate nuclear, lejos de ser solo técnico, se ha convertido en una palanca de presión política y territorial. En este tablero, Pedro Sánchez deberá decidir si cede a la realidad que imponen sus socios pragmáticos —y sus adversarios— o si se mantiene firme en el cierre nuclear, arriesgándose a sufrir nuevas derrotas parlamentarias con consecuencias imprevisibles. @mundiario

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