Dejando a un lado el derrotismo: el futuro del proyecto europeo en positivo

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, en la Eurocámara.
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, en la Eurocámara.

El inicio del nuevo ciclo institucional y los signos de recuperación económica son factores que favorecen el optimismo y ayudarán a reconectar Europa con sus ciudadanos.

Dejando a un lado el derrotismo: el futuro del proyecto europeo en positivo

El pánico inicial que siguió a la publicación de los resultados de las elecciones de mayo se ha atenuado a medida que avanza el proceso de construcción institucional. La amenaza de ingobernabilidad que muchos veían en la escalada del populismo y el euroescepticismo (o antieuropeísmo) en la cámara ha sido atajada gracias al compromiso del tradicional “bloque de centro” del Parlamento Europeo, formado por el PPE, el S&D y ALDE. Y fue el acuerdo de estos tres grupos políticos en la votación del pasado 15 de julio lo que permitió la confirmación Jean Claude Juncker como próximo presidente de la Comisión Europea.

La elección del luxemburgués crea un referente en el proceso de legitimación democrática del ejecutivo comunitario del que no hay vuelta atrás, al aparecer como el primer presidente de la Comisión Europea elegido por la ciudadanía (aunque indirectamente). Se había prometido durante la campaña que “esta vez era diferente”, pero aún existían serias dudas sobre si los jefes de Estado y de gobierno respetarían el sistema de los “spitzenkandidaten”, los nombres propuestos por los principales grupos políticos para encabezar las candidaturas. Finalmente, gracias a la presión de los sectores más federalistas de la UE y aún a pesar de la implacable oposición del Primer Ministro Cameron, el resultado de las urnas ha primado, dando un espaldarazo al proceso de integración europeo y abriendo la puerta a la incorporación en futuros procesos electorales de líderes políticos carismáticos y con proyección mediática. ¿Por qué no una candidatura de Merkel o Renzi para 2019?

Juncker, un motivo de optimismo

Con todo, y aunque la elección de Juncker es un motivo de optimismo para los europeístas, no deja de ser irónico que el pacto que lo aúpa a la presidencia de la Comisión –y que sitúa a Martin Schulz como presidente del Parlamento Europeo y garantiza la gobernabilidad en todas las esferas institucionales- pueda reforzar los argumentos de los euroescépticos sobre la “burbuja de Bruselas”. Se han apoyado estos grupos en la idea de que los dos grandes grupos son las dos caras de una misma moneda y, aunque no queda claro si su auge responde al desencanto con el proyecto europeo o fue un “voto de  castigo” a los gobiernos nacionales (principalmente en Francia y Reino Unido), conviene atajar sus críticas mejorando el funcionamiento de la Unión. No en vano, han logrado trastocar el equilibrio de fuerzas en la UE, dejando a Cameron y Hollande en entredicho frente a la estrella ascendente de Renzi y la consolidación de Merkel como líder europea.

Está por lo tanto en la mesa el debate sobre cómo mejorar el funcionamiento y la imagen de las instituciones sin retocar los Tratados, proceso que exigiría un tiempo con el que no contamos, para cumplir las expectativas de los europeos. El resultado de las elecciones exige una respuesta que indique que desde Bruselas se está atendiendo al mensaje de la ciudadanía, con el objetivo final de recuperar su confianza. Así, este 2014 puede ser la oportunidad para un nuevo comienzo, rompiendo la “burbuja de Bruselas” mediante un esfuerzo por hacer más eficaz y racional la administración de los distintos departamentos, al tiempo que se mejora la política de comunicación y la transparencia de toda la estructura institucional de la UE.

¿Una crisis de autoestima?

Deberíamos tomarnos un rato para pensar, de todos modos, hasta qué punto la crisis de confianza en el proyecto comunitario no es más una crisis de autoestima de la ciudadanía europea, que se ha visto golpeada durante la pasada legislatura por un momento económico terrible, por el aumento de las desigualdades y por la pérdida del peso de Europa a nivel global frente a países como China, Rusia o Brasil. Y es que los resultados de estas elecciones no son inéditos para la UE. Antes del período de incomparable bonanza del que disfrutamos desde los 90, el Parlamento Europeo ya contaba con fuertes grupos a la izquierda y derecha del “bloque de centro” antes mencionado. El descontento suele golpear con más dureza a los partidos del “establishment” al buscar la ciudadanía un voto de castigo apoyando fuerzas de la periferia ideológica, como ha ocurrido este 25 de mayo.

Si se demostrase esta teoría, podríamos encontrar motivos para el optimismo en la tendencia económica favorable que se empieza a apreciar en el conjunto de la Unión, que puede, a través del crecimiento y la creación de empleo, recuperar la confianza de los europeos en el proyecto de integración. 

Es esa recuperación de la confianza el punto de partida que ha tomado el Consejo Europeo en el establecimiento de las prioridades estratégicas para los próximos cinco años, incluidas en un documento que ha de servir de hoja de ruta en materia económica y política hasta 2020. Entre las prioridades señaladas se encuentran la creación de empleo, el crecimiento y la competitividad y la defensa de las políticas sociales, para reconectar con la ciudadanía más golpeada por la crisis económica. Asimismo, se apuesta por una mayor coordinación que garantice el suministro energético y la protección del medioambiente, luchando contra la peligrosa dependencia que se manifiesta regularmente en conflictos como el de Ucrania. @mundiario

El papel de la UE como actor de peso

El Consejo incide, por último, en la necesidad de recuperar el papel de la UE como actor de peso en el contexto global, con una voz única y coherente que dé imagen de proyecto sólido y de futuro.

El mismo mensaje que han reclamado los europeos este 25 de mayo, como refleja el 75% del voto emitido dirigido al conjunto de partidos proeuropeístas.

 

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