La CUP, Artur Mas y la ruina: ¿nos la jugamos a penaltis?

Militantes de la CUP. / Facebook
Militantes de la CUP en Sabadell. / Facebook

Según esta autora, el esperpento al que Artur Mas ha sometido a la sociedad catalana nos devuelve el reflejo de una sociedad quebrada, desorientada, impávida ante el desmoronamiento.

La CUP, Artur Mas y la ruina: ¿nos la jugamos a penaltis?

El esperpento al que Artur Mas ha sometido a la sociedad catalana nos devuelve el reflejo de una sociedad quebrada, desorientada, impávida ante el desmoronamiento. El resto de los españoles observan ojipláticos cómo una región rica, desarrollada, intelectualmente sobrada, asiste a la entrega de su futuro a un pequeño grupo  antisistema.

La votación que los cuperos realizaron ayer en Sabadell es de risa. Durante la tarde, mientras votaban una y otra vez a puerta cerrada y con voto secreto, me preguntaba cuántas veces tendrían que votar para que saliera el resultado que querían. Pero ¿cuál era ese resultado deseado? El que buscan los nacionalistas radicales –la investidura de Mas como mal menor- o el que pretenden alcanzar los marxistas que, como diría Pablo Iglesias, persiguen asaltar el cielo a través de la revolución.

Resulta sorprendente el empate técnico que, a la tercera, parte exactamente por la mitad los votos de los cuperos: 1.515 contra 1.515 Sin embargo, lo divertido no es que nos la estemos jugando a 3.030 votos, lo mejor de todo es que si David Vitali, miembro de la CUP, no hubiera pasado el día 27 de diciembre en Andalucía –por cuestiones familiares, como él mismo reconoce en un tuit- su voto habría decidido el futuro de una comunidad de más de siete millones de habitantes, que genera el  20% del PIB español, que vio nacer a Gaudí, a Miró y a Dalí y que pasea por todo el mundo los éxitos futbolísticos de su primer equipo.

Pero todo son risas hasta que el pantumaca se nos pudre. La humillación de la CUP a Mas sería un mal menor si no supusiera la humillación de todos los catalanes y, por extensión, la del conjunto de los españoles.  La claudicación de Convergencia (o Democracia y Libertad, chámalle X) un partido liberal conservador, arrodillado ante una pandilla de antisistemas, es esclarecedor. O Mas o elecciones. ¿Y si nos lo jugamos  a penaltis?

La CUP, Artur Mas y la ruina: ¿nos la jugamos a penaltis?
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