La contundencia de los resultados electorales no permite negar la evidencia

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy.

Resulta difícil decir a estas alturas algo que todavía no se haya dicho, pero resulta aún más difícil para muchos aceptar el contundente mensaje de las urnas.

La contundencia de los resultados electorales no permite negar la evidencia

Los hechos nos dicen que el PP ha ganado las elecciones de forma contundente, creciendo en votos y creciendo en escaños mientras todos los demás descendían en ambos apartados. Esos 55 escaños de diferencia con el segundo deben dejar claro para todos los que no les gusta que Rajoy lidere ese proyecto, que la mayoría está con él, y como dice un amigo mío muy del PP "eso con Rajoy. Con Pluto tendríamos mayoría absoluta", frase que deja muy claro que España mantiene una mayoría social de derechas porque la izquierda, aún pese a a reunir 16 partidos en UP, sigue en dos bloques, el comunista y el socialdemócrata.

Los resultados sin embargo no dejan de ser un calco de los del 20-D, así que suponemos que no se les ocurrirá volver a decir que los votantes nos hemos equivocado. La única diferencia es que la campaña del PP sembrando el miedo al populismo y la teoría del voto útil con más medios que nadie, ha dado sus frutos y logró el traspaso de 8 votos de Ciudadanos y 5 del PSOE. Por lo demás todo sigue igual aunque con matices. Hubo un sorpasso, pero del PP al PSOE en Andalucía, lo que siembra dudas sobre la sucesión que parecía tan clara, la de Sánchez por Susana Díaz, lo que quizás dé relevancia a Chacón por aquello de ser catalana que es donde está el primer problema a resolver. Otro matiz interpretativo es que el centro, el espacio que ocupa Ciudadanos, se consolida con un suelo por encima de los tres millones de votos, pero que pese a su pequeña pérdidas de votos una ley electoral obsoleta y pensada para contentar al nacionalismo, les ha arrebatado esos ocho escaños. Y por último admitir que la unión de Podemos e IU ha debido ser rechazada por parte de los militantes comunistas y parte de los militantes populistas porque de otra forma es difícil entender la pérdida de un millón de votos, lo que se ha dado en llamar Iglexit.

Pese a todo la situación ha cambiado porque el PSOE con Ciudadanos ya no suma más escaños que el PP, ni el PSOE con Unidos Podemos suma más que el PP y Ciudadanos que lógicamente trataría de parar a Podemos que ha dejado de sumar con el PSOE. El cualquier caso, si nos ceñimos a los números, veremos que el PP atrayendo a Ciudadanos, al PNV, y a Coalición Canaria, se quedaría en 175 escaños, justo en el 50% y a uno de la mayoría. Esto nos lleva a esperar que Sánchez anteponga su sentido de estado, y admitiendo la contundente victoria del PP, se abstenga y deje gobernar a Rajoy, y que lo mismo haga Rivera aunque esté siempre ha pensado más en lograr pactos que en dificultarlos. Todo lo dicho antes no vale porque este resultado no es el esperado ni el previsto en las encuestas que una vez más han demostrado que solo sirven para desorientar.

Hasta Pablo Iglesias debería reconocer los números y dejar de hacer promesas ni cábalas. Ni él ni nadie puede prometer cambios porque el PP vuelve a tener mayoría de bloqueo en las dos Cámaras y sin él no son posibles. Es la realidad guste o no. Tampoco deberían regalar sus escaños los partidos de ámbito nacional o los nacionalistas moderados. Hay muchos puntos en los que coinciden y que deberían formar parte de pacto de legislatura, la ley electoral, el poder judicial, las reformas del Senado y las Diputaciones, las ley de educación, la leyes anticorrupción y éticas, etc., y si es posible una alternativa a los independentistas catalanes que siguen sin sumar mayoría. 

Los españoles estamos convencidos de que no volveremos a las urnas... ni a la fuerza.

La contundencia de los resultados electorales no permite negar la evidencia
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