El pasado no acaba de pasar nunca en España, un país atrapado en el tiempo

El Estado español sigue repleto, en grandes, medianas y pequeñas ciudades, de rótulos en homenaje a hombres o hechos de la España “una”, ni grande ni libre.

El dictador español Francisco Franco Bahamonde.
El dictador español Francisco Franco Bahamonde.

El Estado español sigue repleto, en grandes, medianas y pequeñas ciudades, de rótulos en homenaje a hombres o hechos de la España “una”, ni grande ni libre.

A pesar de que ya pasaron 40 años más, todavía quedan supervivientes que no logran disfrazar la oreja. Observen si no el rasgar de vestiduras de quienes, amparándose en los  “principios democráticos”, arremeten contra la alcaldesa de Madrid por atreverse a desmontar placas de calles de contumaz franquismo, pero no invocaron los mismos valores para exigir hace mucho tiempo que se cambiasen los nombres impuestos por la dictadura.

Ahora bien, Carmena está llevando su celo a meter en el mismo saco a determinados intelectuales, escritores y poetas como Álvaro Cunqueiro, Josep Pla, Manuel Machado y Gerardo Diego, cuya “ adhesión al Movimiento” debe atribuirse, exactamente igual que respecto de infinidad de  ciudadanos anónimos, a salvavidas o a casos de muy dudosa adscripción.

De aquella Transición que nunca se acaba, viene estas tolerancias sin precedentes en Alemania, Italia, Francia… salvo el pragmatismo paneslavista de Putin.

El Estado Español sigue repleto, en grandes, medianas y pequeñas ciudades, de rótulos en homenaje a hombres o hechos de la España “una”, ni grande ni libre.

Sin movernos de nuestra Galiza, abonda hojear los callejeros de Santiago, Vigo, A Coruña, Ourense, Pontevedra, Lugo y Ferrol para sumirnos en la pesadilla de estar “atrapados en el tiempo.”

Que en ningún tiempo fue mejor.

          

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