La campaña electoral en Madrid sorprende por los ataques personales

Lo que se ve por las calles de Madrid.
Lo que se ve por las calles de Madrid. / RR SS.
¿Es que no hay otra forma de contienda electoral que exponer y contrastar ideas que los ataques personales, las exageraciones, las mentiras y los insultos?
La campaña electoral en Madrid sorprende por los ataques personales

Debo confesar que en estos momentos no sé cuál de dos de los fenómenos presentes me produce mayor repugnancia. Cito: ver las excrecencias del programa basura de Tele5, que difunde en “prime time” la secuencia repetida de una concursante vomitando en un sucio cubo, dada la situación extrema en que la han colocado, o la campaña electoral y sus secuencias por la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Si yo fuera madrileño tendría difícil a quien votar, ni aun tapándome la nariz. ¿Es que falta alguna vileza que unos y otros no estén mostrando? Por encima de las propias ideologías o, en su caso, a pesar de las que se proclaman, unos y otros nos muestran el grado a que son capaces de llegar. La implicación personal del presidente del Gobierno, doctor Sánchez, como si él fuera el candidato, va mucho más allá de la lógica solidaridad con el que representa a su partido en esta contienda. Pero eso no es ni tan siquiera lo más llamativo, aparte de los actos de violencia contra actos legales de campaña, guste o no el mensaje de quienes lo celebraban. Por lo que se ha visto, unos y otros han dedicado más tiempo y energía a atacarse entre sí que a exponer ideas y soluciones.

No sé si los votantes del PSOE habrán estado de acuerdo en qué tempo de los dos que ha tocado el señor Gabilondo, quien como en su día hiciera el doctor Sánchez, ha pasado de decir que nunca pactaría con Podemos a invitar a Pablo Iglesias a la coyunda más profunda para hacerse con Madrid. Las subidas y bajadas del coche oficial en campaña –según el caso—de Pablo Iglesias, denotan la conocida desfachatez del morador de la mansión de Galapagar, con el resguardo permanente de un cuerpo que llamaba ayer “institución represora al servicio de la burguesía”. Pero no deja de ser curioso que el profesor interino de Universidad –empleo real del citado, hoy de nutrido patrimonio---  dejara el muelle puesto de vicepresidente del Gobierno, donde Sánchez decía que nunca lo tendría, para embarcarse en un negocio de inciertas perspectivas para su grupo según las encuestas variadas. Desde luego, no parece que su efigie haya surtido el efecto esperado y menos a costa de sus antiguos camaradas de “Más Madrid”.

Todos contra una

Hemos visto a un “todos contra una”, la actual presidenta en funciones, señora Ayuso, y unos y otros han rivalizado en un discurso patético, incluida la citada. No sé quien la habrá asesorado, pero hay que ser muy tonto para darle la vuelta a un eslogan de otro partido para construir su propio mensaje. En este caso ha mezclado churras con merinas y ha brindado a sus opositores un argumento para rebatirla y dejar en evidencia. Y otros, que fueron la gran esperanza del centro ya ni cuentan.

Pero el remate lo ha puesto Vox con su cartel sobre los menas. En una ocasión en que se abordó el problema de Cataluña con evidentes casos de delincuencia relacionada con la inmigración ilegal, el diputado de aquella comunidad Durán i Lleida dijo que hablar de un problema no es racismo ni xenofobia, sino hablar de un problema. Pero la cuestión está no sólo en las formas, sino en decir la verdad. La criminalización con carácter general de los menores no acompañados, del orden de 12.000 según los datos oficiales, aunque se sabe que son más, es tan injusta como incierta.

Hay una enorme variedad de situaciones, si bien los casos de menores conflictivos acogidos, españoles incluidos, han sido también frecuentes y conocidos, sobre todo en Cataluña y Madrid, tanto en los lugares de residencia –de lo que han dado testimonio sus cuidadores–, como en espacios cercanos a las mismas, especialmente en algunos barrios de Cataluña y Madrid, especialmente la Casa de Campo.

Los implicados en estos casos son una parte y en modo alguno todos los acogidos. Pero este puntual fenómeno debe ser encuadrado y tratado en su propia dimensión y no convertir a este colectivo en objetivo de la diana de la extrema derecha, sobre todo cuando se manipulan, exageran o se inventan y falsifican los datos. Que en algunos casos ha habido y hay problemas con los menas es cierto, pero con algunos menas como con otros que no lo son. @mundiario

La campaña electoral en Madrid sorprende por los ataques personales
Comentarios