El bipartidismo no ha quedado en la calle, pero empezó a bajar las escaleras

Pablo Iglesias, en su programa La Tuerca.
Pablo Iglesias, en su programa La Tuerca.

Los electores reflexionaron el día 24 y el retrato de la situación lo llevaron el 25-M a las urnas, con un latigazo a la línea de flotación de PP y PSOE, destaca este periodista.

El bipartidismo no ha quedado en la calle, pero empezó a bajar las escaleras

Los electores reflexionaron el sábado, 24,  y el retrato de la situación lo llevaron el domingo, 25 de mayo, a las urnas. Latigazo al bipartidismo e irrupción en la escena de una formación política nacida cuatro meses antes. Para el Guinness de los récords. Primera reacción, Rubalcaba se hace el harakiri, mientras el PP de Mariano Rajoy esconde la cabeza debajo del ala, se queda con la victoria numérica y niega la evidencia: la pérdida de 2.5 millones de votos. Si hablamos de fracasos, el primero hay que adjudicárselo a la ciencia demoscópica. Los resultados y encuestas, en claro desencuentro. Deben de hacérselo mirar los estudiosos. En segundo lugar, el zarpazo al bipartidismo, que no ha quedado en la calle, pero ha empezado a bajar las escaleras. Del 80% de los votos conseguidos en las anteriores elecciones, ahora no llega al 50%. Es evidente que estamos ante el principio del fin de ciclo, que el papelón de las dos grandes formaciones en alternancia, asociado a los recortes, perversión y corrupción, han provocado el fenómeno del que ya se venía hablando, que no es otro que la desafección pura y dura y, por consiguiente,  la exigencia perentoria de una regeneración.

Causa-efecto

La credibilidad ha caducado. Y aquí radica la relación causa-efecto de lo que ha sido la gran noticia o la gran novedad del 25M: el éxito de Podemos. Pablo Iglesias, que se honra con llevar el nombre del fundador del PSOE y la UGT y que invoca a Salvador Allende en sus mítines, tiene un directo que encandila. Podríamos decir que es un "piquito de oro" como ha quedado probado en las numerosas tertulias a las que era invitado, imagen televisiva que, estoy convencido, ha sido un trampolín decisivo y le ha permitido enganchar con un sector de españoles, nada despreciable cuantitativamente hablando. Las urnas así lo reflejan. Pero no solo el "punch" de la tele lo acreditó en tan corto espacio de tiempo, también ha calado en la sociedad su juventud, sintonizando ampliamente con ese segmento social, el discurso crítico, que la gran mayoría de ciudadanos quiere escuchar y, además, la articulación de propuestas que ha colocado encima de la mesa. Falta por ver, y tendremos tiempo en adelante, si el joven profesor resulta un personaje de artificio, que ha pillado el voto del cabreo y de la impotencia de un sector importante de ciudadanos, que no ve posibilidades de desalojar a las grandes formaciones del poder, y ahí se queda la cosa o, por el contrario, es capaz de fabricar toda una arquitectura imprescindible para, una vez vista la reacción en las urnas, canalizar nuevas oleadas de seguidores y afrontar futuras convocatorias electorales.

Proyecto ideológico

No desdice, políticamente hablando, que el proyecto ideológico que abandera Pablo Iglesias lleve una carga importante de utopía, o de inviabilidad, no exenta, dicho sea de paso, de un lenguaje y gestos tal vez propios de un izquierdismo infantil. Pero, está claro que su verbo político está en las antípodas del neoliberalismo imperante y de una UE que en esta grave crisis se ha revelado como un fiasco para los intereses de las clases medias y bajas, especialmente de los países más débiles del sur y cuyo aparato solo obedece a la troika y, en particular, a los intereses de Alemania. Podemos ahora ha tocado poder, sirva la redundancia, y vamos a ver si sus dirigentes ven las cosas de igual manera desde la plaza pública que desde las esferas institucionales. Los tiempos son llegados para que la opinión pública y publicada los examine e incluso trate de ponerlos contra las cuerdas. Que si el oro de Moscú o el dinero del chavismo, que si el movimiento bolivariano o la dictadura "fidelcastriana", que si los coqueteos con organizaciones abertzales y del entorno de ETA, o el doctrinario del marxismo-leninismo, etc, Se comulgue o no con Podemos, o con su líder, nacido de las asambleas de calles y plazas, predicando una democracia real y participativa, convendrán los demócratas que hacen falta este tipo de revulsivos, aunque solo sirva, al menos de momento, como conciencia crítica visible porque este país ha quedado huérfano de oposición desde hace bastante tiempo.

Las cosas claras

Habrán de poner las cosas claras en lo que respecta a su ideario. Habrán de responder necesariamente a los principios que dicen que inspiran su acción política y a los compromisos adquiridos en la campaña electoral. Habrán de recorrer la distancia que media entre el dicho y el hecho, que a veces es larga y sinuosa. De entrada, parece que buscan la alianza con partidos más hechos como puede ser la propia IU. Es probable que estén afectados por el vértigo del éxito y lo mejor es la conjunción de esfuerzos, en lugar de quedarse solos en plan Robinson Crusoe. En fin, queda mucha tela que cortar.

El bipartidismo no ha quedado en la calle, pero empezó a bajar las escaleras
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