Azcón y el pulso por el voto rural en Aragón: el trasvase del Ebro como línea roja frente a Vox

En la recta final de la campaña aragonesa, el presidente autonómico ha iniciado un enfrentamiento directo con la ultraderecha al convertir la defensa del agua del Ebro en un eje central de su estrategia para disputar uno de los temas más sensibles para el campo.
Jorge Azcón, presidente de Aragón. / @Jorge_Azcon
Jorge Azcón, presidente de Aragón. / @Jorge_Azcon

La cuestión del agua ha vuelto a ocupar un lugar central en la política aragonesa. El debate sobre el trasvase del Ebro, latente desde hace décadas, ha resurgido con fuerza tras la apuesta de Vox por la interconexión de cuencas, una propuesta que en Aragón despierta un rechazo transversal, especialmente en el medio rural y entre los agricultores.

En este contexto, el presidente autonómico y candidato del Partido Popular a la reelección, Jorge Azcón, ha decidido marcar perfil propio y confrontar abiertamente con la formación de Santiago Abascal para intentar captar un voto rural que las encuestas sitúan como decisivo.

Azcón es consciente de que el campo aragonés percibe el trasvase como una amenaza directa a su supervivencia económica y a su futuro productivo. Por ello, ha intensificado en los últimos días un mensaje de rechazo frontal a cualquier derivación de agua del Ebro, utilizando esta posición como un elemento diferenciador frente a Vox y como una herramienta para erosionar su crecimiento en los sondeos.

El Ebro no es solo un río en Aragón: es un símbolo político, económico y territorial. Desde hace años, la oposición al trasvase ha sido un punto de consenso social en amplias capas de la comunidad, más allá de siglas partidistas. El temor a perder recursos hídricos clave para la agricultura, la ganadería y el desarrollo rural ha convertido este debate en una línea roja difícil de cruzar.

En ese marco, las declaraciones de Vox defendiendo la interconexión de cuencas han actuado como catalizador político. Aunque la formación evita el término “trasvase”, su planteamiento ha reactivado recelos históricos. Santiago Abascal lo expresó con claridad en un acto en Zuera: “Esa palabra es una trampa, que evoca al robo de agua. Lo que nosotros defendemos es la interconexión de todas las cuencas. Que no se vaya al mar el agua que necesitan todos los españoles. En España hay agua para todos y hacen falta infraestructuras para que el agua llegue a todas partes”. Lo que incluye el aprovechamiento del agua del río Ebro para otras regiones.

Este enfoque, sin embargo, choca frontalmente con la sensibilidad dominante en el campo aragonés, donde la prioridad sigue siendo garantizar el agua para el territorio antes de cualquier redistribución.

Azcón endurece el discurso y busca diferenciarse

Frente a esta postura, Azcón ha optado por un mensaje nítido y reiterado, especialmente en sus actos en el medio rural. En Barbastro, durante una comparecencia ante los medios, fue especialmente explícito: “Creo que iniciar este debate es un error. Los agricultores saben lo fundamental que es el agua en nuestra comunidad autónoma, por lo que es absolutamente incompatible que se apoye el trasvase del Ebro y luego decir que defiendes al campo en Aragón. Mientras yo sea presidente de Aragón, nunca va a haber un trasvase que nos quite el agua que necesitamos para que se vaya a otras zonas”, insistió.

El candidato popular no solo ha puesto empeño en resaltar el rechazo al trasvase, sino que ha vinculado esta posición con la defensa integral de Aragón, extendiendo el argumento al ámbito fiscal y político. En esa línea afirmó: “Igual que un trasvase de agua no es aceptable, un trasvase de nuestros impuestos a los independentistas catalanes tampoco es aceptable”.

Este discurso busca conectar con un electorado rural que combina preocupación por la inseguridad económica del campo ante el modelo de financiación pactado por el Gobierno central y ERC para Cataluña, rechazo a decisiones percibidas como impuestas desde fuera y un creciente desapego hacia las instituciones tradicionales.

El factor Vox y la batalla por el campo

Las encuestas explican en buena medida esta estrategia. El sondeo de Sigma Dos publicado por El Mundo apunta a que Vox podría alcanzar hasta 61 escaños y duplicar su resultado de 2023, mientras que el Partido Popular se movería en un escenario más ajustado, con riesgo de perder apoyos. Por su parte, el CIS ya advertía antes del inicio de la campaña de que el 26,3% de los trabajadores agropecuarios, forestales y pesqueros se inclina por la formación de Abascal.

Azcón parece haber identificado el trasvase del Ebro como una de las pocas cuestiones capaces de frenar ese avance en un nicho electoral clave para Vox. De ahí que haya situado el agua como uno de los temas que, a su juicio, marcarán el sentido del voto el próximo 8 de febrero.

La elección de escenarios tampoco es casual. La presencia de Azcón en la Feria de la Candelera de Barbastro, una cita histórica vinculada al comercio y al campo, refuerza su apuesta por el mundo rural. Allí insistió en la defensa de la agricultura, reclamó más apoyo a la PAC y la reducción de la burocracia, y volvió a ligar la protección del sector primario a la defensa de los recursos hídricos.

En ese contexto, reiteró: “Mientras yo sea presidente del Gobierno de Aragón nunca va a haber un trasvase del Ebro, nunca voy a apoyar un trasvase que quite el agua que necesitamos en Aragón de nuestros agricultores para que pueda ir a otras zonas. Y mucho menos sin que, encima, las infraestructuras hidráulicas, los embalses que tiene nuestra Comunidad autónoma, estén acabados y llevan ya años paralizados”.

El choque entre Azcón y Vox en torno al trasvase del Ebro revela una pugna más amplia por el liderazgo del espacio conservador en Aragón y, en particular, por el voto rural. Mientras Vox plantea una visión nacional del reparto del agua basada en grandes infraestructuras, el presidente aragonés apuesta por un discurso territorializado, centrado en la defensa de los intereses autonómicos y del campo. @mundiario

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