Argelia y España: del choque por el Sáhara a una alianza energética reforzada en plena crisis global

La reactivación del Tratado de Amistad marca un punto de inflexión tras la crisis diplomática de 2022, en plena escalada por la guerra en Oriente Próximo, en la que que Madrid y Argel sellan una nueva etapa de cooperación estratégica con el gas como eje central.
José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores y su homólogo Ahmed Attaf en Argel, Argelia. / @jmalbares
José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores y su homólogo Ahmed Attaf en Argel, Argelia. / @jmalbares

La relación entre España y Argelia da vuelta a la página. Tras más de tres años de tensiones derivadas del giro del Gobierno de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental al apoyar el plan de soberanía marroquí para la excolonia española, ambos países han optado por cerrar la crisis y priorizar intereses estratégicos compartidos, especialmente en materia energética.

El gesto clave ha sido la decisión del presidente argelino Abdelmayid Tebún de reactivar el Tratado de Amistad, Cooperación y Buena Vecindad, suspendido desde 2022. La visita oficial a Argel del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha servido para escenificar una reconciliación clave en este momento por el conflicto en Irán.

El contexto internacional explica en gran medida este acercamiento. La guerra en Oriente Próximo —con implicaciones directas en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz— ha tensionado los mercados energéticos y elevado los precios del gas. En este escenario, Argelia refuerza su papel como proveedor clave para Europa, y particularmente para España.

Actualmente, Argelia ya es el principal suministrador de gas natural a España, representando alrededor del 30 %-35 % de sus importaciones. Infraestructuras como el gasoducto Medgaz consolidan esa interdependencia estructural.

El Ejecutivo español estudia incluso aumentar en más de un 12 % las importaciones de gas argelino, según adelantó Bloomberg, en un movimiento que revela hasta qué punto la seguridad energética se ha convertido en una prioridad política. Empresas como Naturgy, con vínculos y contratos directos con la estatal argelina Sonatrach, ya han manifestado su interés en reforzar esta relación.

Una reconciliación sin resolver el fondo del problema

La crisis diplomática entre ambos países tuvo su origen en 2022, cuando España respaldó el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental, rompiendo con décadas de neutralidad. La reacción de Argelia, histórico valedor del Frente Polisario, se materializó con la retirada de su embajador, congelación del comercio y suspensión del tratado bilateral.

Sin embargo, el gas nunca dejó de fluir. Ese dato resulta revelador porque incluso en el peor momento político, la interdependencia energética actuó como dique de contención. Hoy, esa lógica se impone. Ni Madrid ni Argel pueden permitirse una ruptura prolongada en un contexto de volatilidad global. La diplomacia energética ha sustituido al conflicto político como eje de la relación.

Pese al acercamiento, el contencioso del Sáhara Occidental sigue sin resolverse. Durante la visita de Albares a Argel no hubo referencias explícitas al tema, lo que evidencia una voluntad compartida de aparcar las discrepancias para avanzar en otros ámbitos mientras el tema es abordado en la mesa de negociación impulsada por EE UU y bajo auspicio de la ONU, que reunió a los ministros de Exteriores de Marruecos, Argelia y Mauritania y el jefe de la diplomacia del Frente Polisario la semana pasada en la Embajada estadounidense en Madrid.

La reconciliación también tiene una dimensión comercial. Tras el levantamiento de las restricciones en 2024, las exportaciones españolas a Argelia se han disparado, alcanzando más de 2.100 millones de euros en 2025, un incremento del 270 %. Además, ambos países han acordado relanzar contactos institucionales al más alto nivel, con la vista puesta en una futura Reunión de Alto Nivel, la primera desde 2018. En paralelo, Madrid y Argel comparten preocupaciones en ámbitos como la estabilidad del Mediterráneo, el Sahel o los flujos migratorios, lo que refuerza la lógica de cooperación. @mundiario

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