La ONU respalda el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como única vía “creíble”
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución que sitúa el plan de autonomía de Marruecos como la base principal para resolver el conflicto del Sáhara Occidental. El texto, redactado y promovido por Estados Unidos, describe la propuesta marroquí como una “solución viable, realista y creíble” para alcanzar un acuerdo político definitivo, un gesto diplomático que refuerza la posición de Rabat y que reconfigura el equilibrio político en el Magreb.
La votación —con 11 votos a favor, tres abstenciones (Rusia, China y Pakistán) y la no participación de Argelia— refleja un consenso parcial pero significativo dentro del Consejo. El documento insta a las partes a entablar negociaciones “sin condiciones previas” y “tomando como base” la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007. Este plan contempla un autogobierno administrativo, judicial y económico dentro de la soberanía marroquí, aunque sin detallar el grado de autonomía política ni los mecanismos de representación local.
La iniciativa es considerada un triunfo diplomático de Estados Unidos, que desde la Administración Trump ha respaldado abiertamente la soberanía marroquí sobre el territorio. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, celebró la resolución como “el comienzo de una nueva era de paz en la región” y afirmó que el plan marroquí es “la única base creíble para un acuerdo duradero”.
Esta posición consolida un cambio estructural en la política exterior estadounidense. Desde 2020, cuando Donald Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de su adhesión a los Acuerdos de Abraham, Washington ha impulsado que otros aliados —como Francia, el Reino Unido y España— adopten una línea similar. El respaldo del Consejo de Seguridad eleva ahora esa postura al rango de referencia internacional.
Desde Rabat, el rey Mohamed VI calificó la resolución como “una mutación histórica” y agradeció explícitamente “a nuestro amigo Su excelencia el presidente Donald Trump” por su papel en el proceso. El monarca sostuvo que la votación “abre el camino hacia una solución definitiva” y anticipó que países aliados, especialmente España y Francia, intensificarán su cooperación económica e inversión en las provincias saharianas.
La diplomacia marroquí lleva años tejiendo alianzas que combinan política y economía. Las promesas de inversión extranjera y de estabilidad regional han sido el principal argumento de Marruecos para presentar la autonomía como la alternativa más pragmática frente a la independencia.
Argelia y el Polisario, aislados
Argelia, principal aliado del Frente Polisario, se abstuvo de participar en la votación. Su embajador ante la ONU, Amar Bendjama, explicó que el texto “no refleja adecuadamente la doctrina de Naciones Unidas en materia de descolonización” y reiteró que “una solución justa y duradera solo puede alcanzarse respetando el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro”.
El Polisario, que mantiene su exigencia de un referéndum de autodeterminación, considera la resolución una claudicación del sistema internacional ante la presión diplomática de Marruecos y Washington. Sin embargo, el creciente aislamiento del movimiento, sumado al deterioro de su posición militar en los últimos años, reduce su margen de maniobra en la escena internacional.
La resolución también encarga al secretario general de la ONU una revisión estratégica de la Misión para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) en un plazo de seis meses. Este paso podría redefinir el papel de una misión estancada desde hace décadas y sin avances concretos en el referéndum prometido.
En la práctica, la votación refleja una reorientación del papel de Naciones Unidas: de garante de un proceso de descolonización pendiente a facilitadora de una solución política negociada bajo soberanía marroquí. Aunque el texto mantiene referencias a la “autodeterminación del pueblo saharaui”, el énfasis en la autonomía como “resultado factible” supone un viraje en el lenguaje diplomático de la organización.
El respaldo al plan marroquí también responde a un objetivo estratégico de Washington: estabilizar el norte de África, reforzar su influencia frente a Rusia y China, y consolidar el eje Marruecos-Israel dentro de los Acuerdos de Abraham. Como reconoció el mediador estadounidense Steve Witkoff en CBS, “nuestro objetivo es un acuerdo de paz entre Marruecos y Argelia en un plazo de 60 días”.
Este enfoque pragmático prioriza la estabilidad y la cooperación económica sobre el principio de autodeterminación, una fórmula que ya ha sido aplicada en otros escenarios regionales bajo la administración de Trump y ahora, de forma más estructurada, en su regreso al poder.
A casi 50 años de la Marcha Verde, el conflicto del Sáhara Occidental entra en una nueva fase. Con el apoyo de la ONU al plan marroquí, Rabat consolida su posición internacional, mientras que el Frente Polisario enfrenta la disyuntiva de aceptar un marco de autonomía o quedar relegado a un papel simbólico. @mundiario


