Trump reduce la presencia de EE UU en el flanco este de la OTAN: retirada de soldados en Rumanía
EE UU ha comenzado a materializar un cambio de era en su política exterior. La retirada parcial de tropas desplegadas en Rumanía, anunciada esta semana por el Gobierno de Bucarest tras ser notificado por Washington, simboliza el distanciamiento progresivo del gigante norteamericano respecto a sus socios europeo.
El movimiento, presentado oficialmente como un “ajuste operativo” dentro de la estructura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), supone un paso más en la estrategia del presidente Donald Trump de concentrar los esfuerzos militares y diplomáticos de su país en la región del Indo-Pacífico, con China como prioridad absoluta.
La reducción del contingente estadounidense en Rumanía —que pasará de unos 1.700 a cerca de 900 efectivos— ha generado preocupación entre los socios del flanco oriental de la OTAN, los más expuestos a la amenaza rusa. Aunque el Pentágono insiste en que la decisión “no implica una disminución del compromiso con la Alianza Atlántica ni con el artículo 5 de defensa mutua”, el gesto llega en un momento de máxima tensión.
Rusia ha intensificado en las últimas semanas sus acciones de guerra híbrida: sabotajes, ciberataques e incursiones aéreas en espacio aliado. Este mismo miércoles, aviones polacos interceptaron una aeronave rusa sobre el mar Báltico sin plan de vuelo ni transpondedor, y se reportaron nuevas violaciones del espacio aéreo en Estonia y Polonia. En ese contexto, el repliegue de Washington envía un mensaje ambiguo que los aliados interpretan con inquietud: ¿está Europa preparada para defenderse sola?
Europa ante la encrucijada de su seguridad
Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los países europeos han incrementado su inversión en defensa, pero la brecha con las capacidades estadounidenses sigue siendo abismal. La UE depende del armamento de precisión, la logística avanzada y los sistemas de vigilancia de EE UU. Informes como el del Centro Belfer de la Universidad de Harvard advierten de que Europa tardará al menos una década en alcanzar una autonomía militar suficiente.
La OTAN, consciente del impacto político del anuncio, ha tratado de minimizarlo. Incluso con este “ajuste”, la presencia de las fuerzas estadounidenses sigue siendo mayor que la existente antes de 2022, aseguró la organización en un comunicado. Bucarest también intentó transmitir calma: “la decisión ha tenido en cuenta que la OTAN ha consolidado su presencia y actividad en el flanco oriental, lo que permite a EE UU ajustar su postura militar en la región”, explicó el ministro de Defensa rumano, Ionut Mosteanu.
Sin embargo, el trasfondo geopolítico es evidente. La Casa Blanca considera que Europa debe asumir más responsabilidades en su defensa y que el foco estratégico de Washington debe desplazarse hacia Asia-Pacífico, donde la rivalidad con Pekín define la agenda global.
El repliegue parcial en Rumanía responde también a la presión política del presidente Trump, que desde su regreso al poder ha insistido en que los aliados europeos “dependen demasiado de Estados Unidos”. Trump reclama que todos los miembros de la OTAN cumplan con el compromiso de invertir al menos el 5% de su PIB en defensa, una meta que ninguno de los aliados alcanza y que, por el rechazo de España, es la principal astilla en la Alianza Atlántica.
Europa, ante su prueba de fuego
La reducción de la presencia militar estadounidense en el flanco oriental también ocurre mientras Rusia redobla la presión híbrida sobre los socios europeos más vulnerables, como Rumanía, Polonia o los países bálticos.
El gesto estadounidense no solo cambia la arquitectura de defensa del continente, sino que también reabre un debate de fondo sobre la autonomía estratégica de Europa. La guerra en Ucrania, los ataques híbridos y el resurgimiento de las tensiones fronterizas han devuelto la defensa al centro de la agenda comunitaria. Sin embargo, la Unión Europea aún carece de una política de seguridad común efectiva y de los medios financieros para sostener su propio escudo militar.
La Comisión Europea propone ahora utilizar parte de los activos rusos congelados —unos 185.000 millones de euros— para financiar la reconstrucción de Ucrania y fortalecer su defensa, pero la medida divide a los Estados miembros. Bélgica, sede de Euroclear, teme represalias judiciales de Moscú, mientras otros países reclaman avanzar de inmediato.
El repliegue de EE UU llega en un momento decisivo. Con una guerra en curso a las puertas del continente y una OTAN en proceso de redefinición, Europa debe asumir el liderazgo de su propia seguridad. Washington ha empezado a soltar el timón, y el Viejo Continente ya no puede permitirse navegar a la deriva. @mundiario





