La OTAN rehúye de Trump ante las amenazas contra España: PP y Vox evitan respaldar a Sánchez
La nueva crisis diplomática entre EE UU y España ha dejado en evidencia las fracturas dentro de la política nacional y las tensiones en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El detonante fue la advertencia de Donald Trump de que “España debe ser castigada” por negarse a elevar su gasto en defensa hasta el 5 % del PIB, una cifra que el Gobierno de Pedro Sánchez considera excesiva y que rebasa los compromisos adquiridos en el marco atlántico, donde el objetivo sigue siendo el 2 %.
Ante la escalada verbal del presidente estadounidense, el secretario general de la Alianza Atlántico, Mark Rutte, ha optado por un tono de complacencia. En lugar de corregir o matizar las declaraciones de Trump, Rutte elogió su papel en la cumbre de la Alianza celebrada en junio en La Haya: “el presidente Trump ha sido extremadamente importante para lograr que la cumbre de la OTAN fuera un éxito. Sin él, no habríamos llegado a este resultado del 5 %”, afirmó el líder neerlandés, reforzando así la narrativa del mandatario estadounidense.
Rutte subrayó que los 32 aliados, “España incluida”, habían respaldado los “objetivos de capacidad” acordados en La Haya, pero evitó mencionar las amenazas de represalias o expulsión, que en realidad carecen de base jurídica dentro del Tratado de Washington. El jefe de la OTAN tampoco hizo alusión a las advertencias comerciales de Trump, pese a que la Comisión Europea ya ha recordado que las competencias arancelarias son exclusivas del bloque comunitario, no de los Estados miembros.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, intentó desactivar la polémica desde Bruselas al insistir en que las palabras de Trump son “una expresión” y no un “ataque”. Aun así, dejó abierta la puerta a revisar la inversión militar en el futuro: “yo puedo decir que en el 2025 España está cumpliendo su obligación asumida en el 2014. Lo que pase en el 2030 o en el 2035 creo que absolutamente nadie lo puede saber”, señaló. Su respuesta busca equilibrar la presión internacional con las limitaciones presupuestarias y la sensibilidad social ante un incremento del gasto en defensa.
PP y Vox se desmarcan del Gobierno
Sin embargo, el frente político interno no ha ofrecido un apoyo sólido al Ejecutivo. El Partido Popular y Vox han optado por evitar cualquier respaldo explícito al Gobierno de Sánchez, incluso frente a las amenazas de un mandatario extranjero. Desde Génova, fuentes del PP insisten en que “no están a favor de sanciones a España”, pero responsabilizan directamente a Sánchez de haber provocado la tensión al no cumplir —según ellos— sus compromisos con la Alianza. Vox, por su parte, ha ridiculizado la política de defensa del Ejecutivo, acusándolo de “infantilismo” y defendiendo las exigencias de Trump como un llamado al orden.
El eurodiputado Jorge Buxadé fue más allá al afirmar que “Trump solo le ha recordado a Sánchez que esto es una política de adultos”. Aunque criticó la amenaza de aranceles, evitó condenar la presión sobre España y se centró en atacar a la Comisión Europea y al acuerdo comercial con Mercosur, al que considera más perjudicial para la soberanía española que las declaraciones del presidente estadounidense.
La paradoja política es evidente: mientras el Gobierno busca mantener una posición de equilibrio entre el compromiso atlántico y la autonomía presupuestaria, la oposición se limita a utilizar el conflicto como arma interna.
La presión de Trump sobre España
Ni el PP ni Vox hablan abiertamente de alcanzar el 5 % del PIB en defensa en caso de gobernar, pero ambos aprovechan el episodio para insistir en la diezmada credibilidad internacional del Ejecutivo tras la cumbre de La Haya.
El trasfondo de esta controversia va más allá del gasto militar. Refleja una pugna de liderazgos en la OTAN y una presión creciente de Washington sobre los aliados europeos para que asuman una mayor carga financiera en un contexto de guerra prolongada en Ucrania y tensiones crecientes con Rusia. España, con un gasto previsto del 2,1 % en 2025, sigue cumpliendo los compromisos asumidos en 2014, pero Trump y Rutte impulsan un nuevo marco de exigencia que pocos países europeos están en condiciones de cumplir.
El silencio de Rutte y la ambigüedad de la oposición española dejan al Gobierno de Sánchez en una posición incómoda, obligado a defender la soberanía presupuestaria del país sin romper con sus aliados. En este nuevo tablero de presión geopolítica, España se convierte, una vez más, en el blanco de las tensiones entre el pragmatismo europeo y el unilateralismo estadounidense. @mundiario





