Abascal mueve ficha en Extremadura: Vox abre la puerta a entrar en el Gobierno de Guardiola
Bambú no descarta ya ninguna fórmula, incluida la entrada en el Ejecutivo, para tensionar la negociación con el PP y trasladar toda la presión sobre la presidenta extremeña, cuya investidura vuelve a depender de sus votos.
El día después de las elecciones en Extremadura arreció un pulso político en toda regla. Santiago Abascal ha optado por enseñar las cartas pronto y con la advertencia de que Vox no regalará su apoyo para que el PP de la presidenta popular María Guardiola pueda seguir gobernando. El resultado electoral —11 diputados y cerca del 17% de los votos— ha reforzado al partido de extrema derecha hasta convertirlo, de nuevo, en árbitro imprescindible de la gobernabilidad. Y su líder quiere que ese peso se traduzca en poder real.
El planteamiento de Abascal es deliberadamente binario. Ha emplazado al PP a decidir con quién quiere pactar —PSOE, Unidas por Extremadura o Vox— y ha evitado cualquier gesto que rebaje la tensión. No hay equipo negociador designado, no hay conversaciones con Alberto Núñez Feijóo y no hay, por ahora, condiciones concretas sobre la mesa. Ahora mismo “la pelota está en el tejado de Guardiola”, defendió el líder de los ultras a la prensa en una valoración de los excelentes resultados de su partido en los comicios de este domingo.
Hasta ahora, Vox había defendido una estrategia de influencia externa: acuerdos programáticos sin entrar en los gobiernos autonómicos para evitar el desgaste. Esa línea, tras su salida de los ejecutivos regionales bajo el pretexto del reparto de menores migrantes en Canarias, ha coincidido con una mejora notable de sus resultados. Sin embargo, Abascal ha dejado abierta la puerta a un giro táctico en Extremadura. “Todas las opciones están encima de la mesa”, ha afirmado, sin descartar explícitamente volver a ocupar carteras en un Ejecutivo del PP.
No es un matiz menor. Entrar en el Gobierno supondría romper con la hoja de ruta reciente de Vox, pero también podría interpretarse como la consecuencia lógica de su crecimiento electoral. Abascal insiste en que el escenario ha cambiado: hubo elecciones anticipadas y Vox “ha multiplicado por dos” su representación en la Asamblea de Extremadura. Con ese argumento, prepara el terreno para elevar sus exigencias.
🔴 @Santi_ABASCAL CONTESTA:
— VOX 🇪🇸 (@vox_es) December 22, 2025
"Es el PP el que tiene que elegir si pacta con el PSOE para aplicar políticas socialistas, si pacta con Podemos para aplicar el feminismo extremo de Irene Montero, o si pacta con VOX para que se produzca el cambio que fue robado y traicionado por la… pic.twitter.com/Md3YAG7UVP
Guardiola, más dependiente y con menos margen
Guardiola convocó elecciones con el objetivo explícito de librarse de la dependencia de Vox. El resultado ha producido el efecto contrario. El PP ha ganado, pero se ha quedado a cuatro escaños de la mayoría absoluta y apenas ha sumado un diputado más, mientras Vox se ha disparado. La investidura vuelve a estar en manos de Abascal, pero con una correlación de fuerzas más incómoda para la presidenta en funciones.
Desde Vox subrayan ese dato una y otra vez. Abascal ha llegado a ironizar con la pérdida de votos del PP y a negarse a felicitar a Guardiola, remarcando que los extremeños han respondido con “dos tazas” a su intento de evitar a Vox. Es una forma de debilitar la posición negociadora del PP y de recordar quién ha salido reforzado de las urnas.
Aunque Abascal evita detallar condiciones, sí ha dejado pistas sobre el marco político que exigirá. Vox no aceptará acuerdos que “invisibilicen” a sus votantes y solo apoyará fórmulas que impliquen un “gran cambio” en Extremadura. Ese cambio se traduce, previsiblemente, en cesiones programáticas en materias clave para el partido: rechazo al Pacto Verde Europeo, política migratoria más restrictiva, revisión de políticas de igualdad o símbolos de confrontación con el Gobierno central.
La referencia a la Comunidad Valenciana, donde Vox apoyó la investidura de Juanfran Pérez Llorca como sucesor de Carlos Mazón un año después de la tragedia de la dana, tras imponer consignas en el discurso, sirve como antecedente. Pero Abascal ya ha advertido de que Extremadura es “una nueva fase”, lo que sugiere demandas mayores. La entrada directa en el Ejecutivo sería el máximo exponente de esa escalada.
Un pulso también con Génova
El movimiento de Abascal no solo interpela a Guardiola, sino también a la dirección nacional del PP. Feijóo ha pedido a Vox una lectura “responsable” de los resultados y ha reclamado que facilite un Gobierno del PP sin bloqueos. Al mismo tiempo, ha tratado de minimizar el auge de la extrema derecha, presentándolo como un crecimiento paralelo al del PP y no a su costa.
Sin embargo, dentro del partido popular hay preocupación. Barones como el andaluz Juanma Moreno admiten que el avance de Vox complica la obtención de mayorías absolutas y reconocen que la extrema derecha seguirá creciendo mientras no asuma responsabilidades de gobierno. Esa reflexión introduce una paradoja: lo que preocupa al PP podría ser, precisamente, el incentivo de Vox para entrar en el Ejecutivo y consolidar su perfil institucional.
Por ahora, Abascal mantiene todas las opciones abiertas y traslada la incertidumbre al PP. La abstención técnica, el apoyo condicionado o la entrada en el Gobierno siguen sobre la mesa. Vox no tiene prisa y sabe que el calendario juega a su favor. Guardiola, en cambio, necesita estabilidad y un Ejecutivo operativo cuanto antes.
Extremadura se convierte así en el primer laboratorio de un ciclo electoral que continuará en otras comunidades. Tras su resultado electoral, Vox quiere decidir hasta dónde llega su influencia. Y esa ambigüedad calculada es, hoy, su principal herramienta de presión sobre María Guardiola.


