A Egipto no se le puede imponer una dictadura militar pero tampoco una teocracia

El general Al Sisi al hacer su anuncio de golpe militar.
El general Al Sisi al hacer su anuncio de golpe militar.
La sociedad egipcia se debate entre dos soluciones incompatibles con el sistema democrático. Unos aclaman a los militares por desesperación, otros quieren arrastrar el país al pasado más oscuro.
A Egipto no se le puede imponer una dictadura militar pero tampoco una teocracia

El día 8 de diciembre del pasado año, sacudido Egipto por la crisis política y más soterradamente la social y la económica, advertía en el perfil de mi cuenta en Facebook que para Mursi hubiese sido mala opción recurrir al Ejército para acallar a la oposición, máxime porque eso hubiese significado forzar la situación y empeorar las relaciones con los militares, siempre presentados ante su propio pueblo como los garantes de la nación. Los militares no andaban muy satisfechos con los hechos porque se les había relegado del poder, al menos formalmente, y ello podía inducirles a plantearse su vuelta al escenario principal, tomando como excusa la incapacidad de Mursi para aliviar la crisis que aún vive dramáticamente el país.

"La peor solución que puede elegir Mursi -decíamos- es recurrir al Ejército para contener las protestas de la oposición en Egipto. Puede ocurrir que los militares se cuestionen haber dejado completamente el poder y tengan la tentación de recuperarlo. Sin duda, lo que ocurrirá es que la oposición constate que con un presidente integrista, dispuesto a colar la sharía en la carta magna, el país no va a ir nunca a ningún lado. Es el momento de apoyar sin ambigüedades a la oposición egipcia, pues si los fundamentalistas no caen ahora se harán fuertes, quizás para muchos años en un país, que entre otras cosas, necesita recuperar la península del Sinaí para la autoridad del estado".

Hay quien opina que el papel jugado por la oposición ha sido deplorable, aclamando a los militares sin aceptar el resultado de las elecciones, pero ese razonamiento es excesivamente simplista, habiéndose comprobado como Mursi ha intentado, al servicio de los Hermanos Musulmanes, integrar la sharía en el orden y las estructuras políticas y jurídicas del país. ¿Aceptar que el poder lo han tomado de muy democrática forma quienes pretenden con esa agenda la disolución de la democracia y el Estado de Derecho? Algo falla en dichos cálculos. No se puede negar la dificultad paradójica de la situación, pero las épocas turbulentas no necesitan políticos y analistas cándidos, sino clarividentes.

Han llegado los días de la tribulación para Mursi. Era algo anunciado, vista la división del país propiciada desde la Presidencia de Egipto. El general Abdel Fatah al Sisi tendió la mano a los Hermanos Musulmanes, al tiempo que comenzaba la detención de sus líderes; todo un mensaje de que no tolerará la injerencia de la religión en el ámbito de la política. Nos encontramos pues con la paradoja de que los militares sean los garantes de un cierto laicismo en un país de mayoría musulmana como Egipto. No obstante, el país se encuentra en una situación bastante difícil porque ni los militares son la solución ni a medio ni a largo plazo, ni la intransigencia cerril de los Hermanos Musulmanes es el futuro.

No se puede imponer a la sociedad egipcia una dictadura militar, pero tampoco una teocracia, no es justo, aunque a los islamistas conceptos como nación, Estado, política, sociedad y democracia les sean completamente ajenos. El camino es su necesario 'aggiornamento'.

A Egipto no se le puede imponer una dictadura militar pero tampoco una teocracia
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