El vodevil de Bárbara Rey y el rey honorífico, en primer plano

La artista dice que la trató como "una puta" y que, desde el primer momento, pudo quedar embarazada por sus intensas relaciones.
Maria García (Bárbara Rey) y Juan Carlos I. / RR SS. / F.R.
Maria García (Bárbara Rey) y Juan Carlos I. / RR SS. / F.R.

Las conocidas relaciones de mancebía que ha venido manteniendo el hoy Su Majestad Católica Honorífica Don Juan Carlos I (q. D. g), con la ciudadana María García García (del teatro), conocida como Bárbara Rey, han vuelto a enriquecer el vodevil nacional, otra vez con lo anunciado, como otras veces, como entrega total, definitiva y esperada sobre el mencionado asunto. La elevada retribución que se procura la interfecta, según ha trascendido, alimenta de nuevo el rendimiento económico obtenido por la causahabiente como fruto de su entente con el rey hoy abdicado, por volver a contarlo. Una de las curiosidades del caso, es que, si bien ayer, tales beneficios fueron extraídos directamente de los fondos públicos, hoy tienen su origen en el tráfico comercial ordinario que financia determinados medios, especialmente la telebasura. Ya que serán los ciudadanos que adquieran o demanden los productos que se promocionen en las pausas publicitarias, patrocinadoras del evento, o que luego se reflejen las en las revistas de peluquería, quienes de forma neta pongan los cuartos necesarios para dotar la renta que se lleva la protagonista de esta historia como beneficio o pago por contar los servicios que prestó al entonces jefe del Estado.

Pero esta vez, en el adelanto de la historia, la tal María García vino a decir que aquel al que ella diera amor, como ya contara antaño en un programa de los que se ocupan de estas cosas, pudo dejarla embarazada y que, ad litteram, “me trató como una puta”, aserto novedoso, que nunca se dijera, pero que ha mantenido al país en vela, distrayéndolo de otros asuntos que podían entretenerlos. El concepto de esta palabra, según la RAE no deja lugar a dudas y que corresponde (sic) a “prostituta, meretriz, furcia, ramera, zorra, fulana, pelandusca”. Y sobre todo, está el contexto familiar de esta nueva entrega y las revelaciones de un hijo sobre su madre y otros extremos que conducen del asombro a la perplejidad o simplemente a la pena ante las miserias humanas. No nos añadiremos a las especulaciones sobre el monto de los euros que la señora García se lleva de esta vez, y que son de varios ceros, en la continuidad del negocio que viene a ser en conjunto su medio de vida del que no sólo salieron sus rentas directas, sino otros beneficios, contratos y prestaciones.

Lo de que pudo quedarse embarazada tampoco es nuevo. La broma del embarazo querido: en su momento se sospechó que la artista hubiera querido quedar embarazada de Su Majestad Católica. Sobre esa eventualidad, hasta expertos en Derecho Civil y la Constitución publicaron sesudos análisis. El supuesto giraba sobre la responsabilidad personal, es decir, civil del rey, y el hecho de que según el artículo 39 de la Constitución española, todos los hijos son iguales ante la ley, con independencia de la filiación y el estado civil del progenitor o los progenitores. En el caso de que se pudiera demostrar que el hijo de Bárbara Rey era de Juan Carlos, incumbiría a este, teóricamente todas sus obligaciones paternofiliales  ¿Pero hasta qué punto el neófito adquiría todos los demás derechos de sus hermanastros, incluido el de la herencia dinástica?, se preguntaron los juristas.

Bárbara Rey niega haber cobrado, según el caso

Lo más insólito de María García, no es lo que dice, sino lo que niega. Pero parece que depende. La coincidente aparición de dos libros de coincidente contenido, muy documentados: “Al Servicio de su Majestad. La familia real y los espías. 50  años de conspiraciones, manipulaciones y ocultamientos”, de  Fernando Rueda, y “El jefe de los espías, El archivo secreto  del  general  Manglano, consejero del rey y director general  del  CESID,  del  23-F  a  la caída del felipismo”, de Juan Fernández-Miranda y Javier Chivote (que recogía los cuadernos con la propia memoria y archivos de las conversaciones de Manglano con Juan Carlos I) contribuyeron a relanzar ante la opinión pública que los servicios de inteligencia del Estado habían dedicado parte de su actividad a proteger las aventuras de cama del rey honorífico, pagar o buscar el modo de pagar a sus barraganas y hasta proporcionarle, todo con cargo a sus fondos reservados, un chalé donde llevar a cabo sus encuentros y aventuras extramatrimoniales.

Imágenes de las relaciones de Bárbara Rey y Juan Carlos en el pasado.
Imágenes de las relaciones de Bárbara Rey y Juan Carlos en el pasado. / RR SS.

En las dos obras se alude a los dos chantajes a que María García, conocida como “Bárbara Rey”, a quien Juan Carlos llamaba “La Pariente”, por su apellido artístico, somete a Juan Carlos y cómo llega a estar cobrando durante diez años una elevada cantidad de millones de pesetas al mes, hasta alcanzar la suma total, tras un pago inicial de 100 millones, de otros 500 por su silencio. Además, de un programa estrella en la televisión pública española y en la cadena pública valenciana. Esta amiga de Juan Carlos había instalado frente a la cama donde recibía al rey un sistema de grabaciones de sus encuentros y cuando el CESID entró en su casa en busca de las pruebas de sus relaciones, llegara a presentar una denuncia en comisaría por este asalto, y acusa al edecán privado de Juan Carlos —con quien ya negociara antes el pago de sus servicios— Prado y Colón de Carvajal de ser el responsable del asalto.

Sobre esta historia, otra persona que aporta nuevos datos es la periodista Pilar Urbano, quien en su libro “Yo entré en el CESID” (Plaza y Janés, Barcelona, 1997), identifica incluso al experto que pudiera haber ayudado a Bárbara Rey a instalar los dispositivos de grabación. Así, bajo el epígrafe “¿Dónde está el vídeo maldito de Bárbara Rey?” (págs. 355-361), su confidente afirma que las grabaciones de la conocida actriz  habrían sido montadas por “cierta tienda de artilugios sofisticados que está por Alcalá. Son amigos. El dueño de la tienda está en muy buenas relaciones con BR.”. Del mismo modo que entonces, Bárbara Rey dijo haber sido objeto de un atentado y que temía por su vida, ahora, tras esta nueva entrega, insiste en lo mismo, como personaje amenazado.  Derivado el asunto a la plena astracanada, en diciembre de 2021, Bárbara Rey dijo estar dispuesta a comparecer en el Senado para responder a las preguntas que se le hicieran sobre los 600 millones, tal y como pidiera un senador valenciano, según la cuenta final, que habría de obtener por sus servicios y silencio, ante la duda de que efectivamente salieran de los fondos reservados de los servicios de inteligencia y no, como se pretendió luego decir, de donantes amigos del su amigo íntimo.

Aquella primera denuncia de 1997

Cabe recordar que el viernes, 27 de junio de 1997, el diario El Mundo, en su sección de Sociedad, daba cuenta de que semanas atrás, la conocida estrella había presentado una denuncia en la comisaría del distrito madrileño de Tetuán en la que acusaba al empresario y embajador de España Manuel Prado y Colón de Carvajal de robarle casetes, cintas de vídeo y fotografías comprometedoras. Este material, dijo entonces, además de afectar a su intimidad perjudica a “una persona importante de la cual no desea en estos momentos decir su identidad”. De las propias manifestaciones de la interfecta a sus amistades se conoció que la actriz llevaba 17 años de relación con el misterioso personaje y que este la visitaba con frecuencia. Los últimos acontecimientos, las revelaciones de su hijo, la publicación explicitas de las fotos con Juan Carlos en actitud cariñosa, la publicación de las grabaciones donde el ahorra rey honorífico habla con desenfado de su propia familia, han desembocado ahora en este nuevo episodio de una historia digna de una película de Berlanga. Conviene recordar que en 1997, Maria García confesó sentirse amenazada, y ahora de nueco reitera que, luego de hablar, vuelve a temer que le pueda sobrevenir cualquier cosa no deseada. No dice de parte de quien. No hace falta. @mundiario 

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