Venezuela tiene derecho a volver a ser una democracia
La democracia en Venezuela enfrenta un momento crucial, un punto de inflexión que pone en tela de juicio no solo la legitimidad de sus instituciones, sino también el derecho de sus ciudadanos a elegir libremente su destino. La crisis actual, marcada por protestas opositoras, marchas paralelas del chavismo y una presencia militar desbordante en las calles, subraya la necesidad urgente de defender los valores democráticos en un país que ha sido testigo de una erosión sostenida de sus libertades.
La cuestionada reelección de Nicolás Maduro, denunciada por la oposición y desconocida por gran parte de la comunidad internacional, refleja un panorama donde el poder se mantiene a través de la fuerza y no del consenso. Las acusaciones de fraude electoral, respaldadas por informes de observadores y organizaciones internacionales, confirman lo que millones de venezolanos perciben: la voluntad popular ha sido ignorada y reprimida. Las cifras hablan por sí solas: en las manifestaciones post-electorales, 28 muertos, casi 200 heridos y más de 2.400 detenidos evidencian el coste humano de una represión implacable.
La oposición, liderada en este caso por figuras como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, representa la esperanza de un cambio hacia un gobierno que respete los principios democráticos y los derechos humanos. La movilización convocada para este 9 de enero no es solo una protesta, sino una llamada al mundo para que mire hacia Venezuela con solidaridad y acción. La presencia internacional de González Urrutia, quien ha conseguido el respaldo de mandatarios y líderes democráticos en distintos países, subraya la importancia de la presión externa para garantizar una transición pacífica y justa.
En contraste, el oficialismo responde con la activación de un plan de “defensa” y un despliegue masivo de fuerzas armadas y policiales. Este enfoque militarista no solo intensifica la tensión, sino que también refuerza la dependencia del gobierno de Maduro en los uniformados para mantenerse en el poder. La lealtad jurada por el alto mando militar a Maduro es un recordatorio preocupante de cómo la institución castrense ha sido cooptada para consolidar un régimen que muchos consideran ilegítimo. Venezuela tiene derecho a volver a ser una democracia, a pesar de Maduro. "Yo estoy aquí por voluntad de Dios todopoderoso, por la voluntad de nuestro pueblo", llegó a decir el dictador en la televisión estatal, en un mensaje surrealista.
Un pueblo que no está dispuesto a rendirse
La democracia, sin embargo, no es solo un sistema político; es una expresión del poder ciudadano. Las marchas opositoras, a pesar de la represión, son una prueba de que los venezolanos no han perdido la esperanza ni el deseo de un futuro distinto. La participación masiva en las calles, el respaldo internacional y la resistencia frente a las amenazas y la violencia son testimonio de un pueblo que no está dispuesto a rendirse.
Es fundamental que la comunidad internacional continúe su apoyo a las fuerzas democráticas en Venezuela. Las sanciones dirigidas, el reconocimiento de líderes opositores y la condena a las violaciones de derechos humanos deben mantenerse como herramientas para presionar a un régimen que ha demostrado su desprecio por las normas democráticas. Más allá de las acciones políticas y diplomáticas, es necesario un compromiso firme con los principios de justicia, libertad y dignidad humana.
En esta hora crucial, defender la democracia en Venezuela no es solo una causa local; es un llamamiento global. Los venezolanos necesitan saber que no están solos en su lucha. El mundo tiene la responsabilidad de apoyar su búsqueda de libertad y de asegurarse de que el 10 de enero no sea el comienzo de un nuevo período de oscuridad, sino el inicio de un camino hacia la restauración de la democracia y el estado de derecho. La democracia puede ser frágil, pero su fortaleza radica en la determinación de quienes la defienden. Y en Venezuela, esa determinación sigue viva. A pesar de Nicolás Maduro. @mundiario



