El único lado bueno de la historia, es la democracia
Si son ustedes tan amables, hagan el favor de acompañarme a un viaje al centro del pasado. Se admiten personas de edad avanzada, baby boomers, milenials y todo tipo de seres humanos censados en este pedazo al suroeste de Europa llamado España. Hagamos memoria los mayores que corrimos delante de los llamados grises (aquellos guardias de la porra del franquismo), si todavía la conservamos, claro; reflexionen las cincuentonas y sesentones; dejen por un instante sus iphons los jóvenes abducidlos por las las redes y retrocedamos todos juntos hasta aquel punto de partida en el que volvió a resonar por nuestras calles, en nuestras casas, expresiones como elecciones libres, referéndum, Constitución, separación de poderes, libertad de prensa y todo aquel nuevo vocabulario que nos permitió darle los buenos días a la democracia.
Si los veteranos conservadores y progresistas en nuestras casas, en las aulas, en las tertulias televisadas o radiadas, en artículos de opinión sobre papel periódico, no hemos sido capaces de explicarles a nuestros descendientes de dónde veníamos y a dónde pretendíamos llegar, tras cuarenta y pico años de oprobiosa dictadura, es porque el conjunto de los bandos denominados vencedores o vencidos nunca llegaron a comprender que, en realidad, aquella maldita guerra de nuestro desencuentro la había perdido todo el pueblo español. Los porcentajes de fascistas y comunistas, intentado convertir a este país en fotocopias de la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini por un lado o en clones de la URSS de Stalin o la China d Mao por otro, eran minoritarios en comparación con un conjunto de ciudadanas y ciudadanos que, con más o menos suerte en la vida, en espacios urbanos y rurales, con mas o menos posibilidades de conseguir el pan nuestro de cada día para los suyos, tuvieron que empuñar fusiles según el lugar de la geografía en el que les pilló aquel absurdo y cruento duelo fratricida.
Un país, sus decenas de millones de habitantes, ni entonces ni ahora es saludable que caiga en la tentación de levantar un muro y atribuirse, de una parte o la otra, el copyright de estar en el lado bueno de la historia. Solo un porcentaje de tontos/%., iluminados, egocéntricos, probablemente chalados, oye, rodeados de sumisos lacayos y exaltados hooligan en torno a unas siglas que, por sí solas, por una parte yo que sé y por otra qué quieres que te diga, pueden erigirse en jueces supremos del bien y el mal en este convulso territorio de seres humanos (¡solo seres humanos, eh…!), con DNI español.
El único lado bueno de la historia en el que me gustaría encontrarme, este año 25 del siglo XXI, es la democracia en estado puro, la libertad sin ira, la alternativa serena de gobiernos, la fluidez en los pactos de estado que necesita este país para que, el parte médico de su estado de salud, no siga siendo de pronóstico reservado. @mundiario


