La UE, ante las tensiones entre EE UU y China

El futuro estará definido por una intensa competencia entre grandes potencias y una reconfiguración del orden mundial. Europa debe aprovechar esta oportunidad para reafirmar su relevancia con acción decidida y valiente.
China, la UE y EE UU. / Dreamstime
China, la UE y EE UU. / Dreamstime

La Unión Europea (UE) precisa dotarse de cohesión interna para resistir las tensiones crecientes entre EE UU y China, a sabiendas de que la supremacía económica y política no requiere que China se convierta en la primera potencia mundial para generar inestabilidad.

Las dinámicas de poder y las estrategias adoptadas por las dos grandes potencias están moldeando un orden mundial fragmentado que demanda una respuesta europea firme y decidida. Pero hay más claves que la vuelta al poder de Donald Trump: el mundo también sufre de gran inestabilidad por la despoblación de los países desarrollados y la criminalización de algunos Estados.

El sistema internacional basado en las reglas de Bretton Woods y la Organización Mundial del Comercio (OMC) se tambalea desde hace años. EE UU, bajo la administración de Donald Trump (y con continuidad bajo la de Joe Biden), fue abandonando progresivamente este marco multilateral al considerar que ya no sirve a sus intereses. La obstrucción al funcionamiento de la OMC, el uso de aranceles con fines geopolíticos y las sanciones económicas han minado los principios que sostuvieron la globalización en las últimas décadas.

Europa, uno de los grandes beneficiarios de ese orden, se encuentra ahora desorientada. Dependía de un comercio global fluido, inversiones extranjeras y el paraguas de seguridad proporcionado por EE UU. Sin embargo, ese mundo ya no existe. En un contexto de redefinición de áreas de influencia y competencia económica, Europa debe adaptarse rápidamente para no quedar relegada al papel de espectadora.

China, una potencia disruptiva

A pesar de los desequilibrios financieros internos y una desaceleración económica significativa (con tasas de crecimiento del PIB cayendo del 9,5% en 2000-2010 a un modesto 3% en 2022), China sigue siendo un jugador clave. Su estrategia no depende de superar a EE UU como la economía más grande del mundo, sino de consolidar su influencia global a través del control de cadenas de suministro, la inversión en tecnologías punteras y la autosuficiencia en recursos naturales.

Esta realidad pone a China en una posición de ventaja para aprovechar la fragmentación del orden internacional. Su presencia creciente en América Latina y el Sur Global, así como su capacidad para desafiar las sanciones estadounidenses, refuerza su papel como actor disruptivo. No obstante, esta misma influencia también genera tensiones significativas, amplificando la inestabilidad mundial.

EE UU y la nueva era Trump

La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca marca un cambio aún más profundo en la política exterior estadounidense. Su enfoque estará centrado en el continente americano, priorizando la reducción de la inmigración ilegal, el combate al tráfico de fentanilo y la contención de la influencia china en América Latina.

Además, su administración probablemente intensificará la guerra comercial con China, lo que agravará las divisiones geoeconómicas y consolidará la tendencia hacia un mundo menos integrado.

Europa: cohesión o irrelevancia

Ante este panorama, Europa enfrenta su mayor desafío en décadas. La desunión interna y su tendencia a priorizar reglas y procedimientos sobre decisiones estratégicas ágiles la han dejado mal posicionada. Las divergencias entre sus principales potencias, como la oposición de Francia al acuerdo UE-Mercosur o la negativa de Alemania a una política industrial europea común, obstaculizan su capacidad para actuar como un bloque cohesionado.

Europa necesita abandonar esta mentalidad de país pequeño y asumir riesgos para fortalecer su posición global. Debe eliminar barreras internas al mercado único, invertir en tecnología y defensa, y reformar sus procedimientos para adaptarse a un mundo en constante cambio. La gestión de la pandemia demostró que Europa puede actuar unida cuando es necesario; ahora debe repetir esa hazaña en un contexto geopolítico más complejo.

El sur global tiene un papel

El llamado Sur Global, compuesto por economías emergentes como India o Brasil, a los que suele asociarse México, está desempeñando un papel cada vez más relevante.

Estos países han demostrado resiliencia macroeconómica y capacidad para mantener una política de alianzas flexibles, evitando alinearse exclusivamente con EE UU o China. Su influencia creciente añade una capa de complejidad al tablero global, desafiando las viejas estructuras de poder.

La hora de la acción y del liderazgo

El futuro inmediato estará marcado, por tanto, por una competencia feroz entre grandes potencias y una redefinición del orden internacional. Europa tiene una oportunidad única para reafirmar su relevancia, pero esto solo será posible si actúa con valentía y determinación.

El tiempo de la prudencia excesiva, tan asociado a la figura de Angela Merkel, ha pasado; es la hora de la acción y del liderazgo. En este mundo fracturado, la unidad europea no es solo deseable, sino absolutamente necesaria para garantizar su supervivencia como actor global significativo. @mundiario

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