ZONA FRANCA

El senador Pujol de Junts puso a Sánchez en su sitio en el Senado, pese al barullo

Todos dieron un bochornoso espectáculo en la comparecencia del presidente del Gobierno en el Senado. Sánchez mostró falta de respeto a la cámara y su habitual cinismo ordinario. Pero el senador del PP Alejo Joaquín Miranda contribuyó al circo con su desmedida actuación.
El senador de Junts, Pujol, llamó a Sánchez "escapista".
El senador de Junts, Pujol, llamó a Sánchez "escapista". / RR SS de F.R.

Otras veces hemos aludido aquí a la evidencia cotidiana de que la actual clase política española es posiblemente la peor de la historia. Y no sólo por su deficiente bagaje en los ámbitos donde se precisar mayor conocimiento para desenvolverse, sino en la práctica ordinaria del quehacer parlamentario, las formas, los estilos, el manejo del idioma o las simples reglas de urbanidad. He querido esperar a la primera oleada de opiniones para dar la mía sobre el bochornoso espectáculo que unos y otros dieron a la nación en la realmente pintoresca comparecencia del presidente del Gobierno ante el Senado. Por una parte, Pedro Sánchez mostró, aparte de la falta de respeto a la cámara, su habitual cinismo ordinario. Pero el otro gran personaje que le dio la réplica, el senador del PP Alejo Joaquín Miranda durante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo', se comportó como un bárbaro agresivo, maleducado, perdiendo sobre la marcha, y las formas de exponerlas, las razones que podía tener en sus intervenciones.

Fue lamentable. Y aunque cabría entretenerse en otras actuaciones digamos que pintorescas como la senadora trans, que toca en todos los saraos, y que en este caso entonó una laudatio de Sánchez, muy bien disfrazada como personaje de su propio personaje. Sánchez demostró una vez más su total falta de respeto a la cámara. Claro que su papel no era fácil, y ya sabemos que es un maestro en el uso del lenguaje equivoco, o que para él mentir es sólo cambiar de opinión. Pero hay que decir que en medio del clima creado se defendió con lo que tenía a mano, negando evidencias, mostrando los huecos de su memoria y atacando y remontándose a las propias miserias del PP, que oportunamente evocó para escapar de las suyas propias.

Quiero pensar que el PP tendría en sus cuadras un alazán menos brioso y con mejor doma dialéctica y formar que el señor Miranda. Su acoso desmedido a Sánchez, sin esperar que concluyera sus respuestas, repitiendo los mismos tópicos de sus preguntas, representan uno de los momentos más infames de la historia del parlamentarismo español. Y además, en ese todo, de ese modo, con tal carencia, sus intervenciones fueron de todo ineficaces para el fin propuesto, dado que Sánchez supo salir airoso de tales lances. Tiene gracia que Miranda acuse a Sánchez de acudir al Senado a montar un circo, cuando él mismo ejerció como jefe de pista durante gran parte de la sesión.

A Sánchez no le importa mentir ni que lo sepamos

A su vez, a Sánchez no le importa mentir, a sabiendas de que sabemos que mienten y de que él sabe que sabemos que miente. ¿Cómo puede decir que no conocía a Aldama si tiene fotos con él? Con otra calma, manejando los datos conocidos y no de modo torrencial, se hubiera colocado a Sánchez en la necesidad de responder a las cuestiones concretas que se le tenían que preguntar sobre su conocimiento de las andanzas de Koldo García; de Ábalos y Cerdán, sus hombres de confianza, y el resto de los temarios del enredo, desde las relaciones de su mujer, la bachiller que dirige cátedras en la Complutense, las empresas patrocinadoras, el apoyo a éstas del Gobierno, y las peripecias, residencia y devenir de su hermano. Aun así, comprendiendo lo incómodo que el trance tuvo que ser para él, Sánchez no puede calificar a la sesión de “comisión de la infamia” en la propia sede parlamentaria. Ese calificativo no va a aparecer en el acta. Ya veremos lo que refleja el diario de sesiones.

Siguiendo la sesión, recordaba yo otros casos ocurridos en el Parlamento británico, tan rico en anécdotas de la capacidad de sus miembros de usar el humor, la ironía, los recursos del idioma, sus capacidades incluso en situaciones especialmente críticas y dramáticas, porque eso es el parlamentarismo, parlamentar. Pero, aparte de todo esto, la sesión nos ha legado perlas para la historia personal de Pedro Sánchez, cuando dijo que su relación con Koldo fue anecdótica, algo más debía ser cuando hasta era el custodio de las actas que eslabonan su propia carrera dentro del partido. Pero es una más. Sánchez iba bien documentado por su equipo de asesores, e incluso evidenció su capacidad del montaje teatral que adornaría la pretendida seriedad de sus respuestas, porque aparte del genérico “No me consta”, se ponía las gafas para leer los pretendidos informes que avalaban la solvencia de sus respuestas. Su director de escena merece todo el reconocimiento. Con todo ello, la crítica más dura, la advertencia más peligrosa, que realmente reveló la delicada situación en que se hallaba el compareciente la protagonizó l senador de Junts, Eduard Pujol, al acusar a Pedro Sánchez de ser “un escapista” y de haber incumplido los compromisos adquiridos con su formación. “Llegamos a esta comisión como partido de la oposición a un Gobierno incumplidor. Su Gobierno nos ha obligado a decir ‘hasta aquí’”, ha advertido desde el primer momento el dirigente posconvergente. El tono de Pujol ha sido radicalmente distinto al de los portavoces de otros comprensivos consocios de Sánchez. @mundiario

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