Santiago, 40 años como Patrimonio Mundial: cómo proteger una ciudad viva

El aniversario de la declaración de la UNESCO invita a reflexionar sobre cómo preservar la autenticidad de Compostela sin renunciar a su vitalidad social, cultural y residencial.

Vistas de Santiago de Compostela desde el monte Pedroso. / Mundiario
Vistas de Santiago de Compostela desde el monte Pedroso. / Mundiario

Cuarenta años después de que la UNESCO declarase Santiago de Compostela Patrimonio Mundial, la ciudad sigue debatiéndose entre dos pulsiones: la necesidad de preservar su autenticidad histórica y la obligación de garantizar que siga siendo un espacio habitable para quienes la sostienen cada día. La alcaldesa Goretti Sanmartín lo recuerda con claridad en su reflexión pública desde la edición Galicia de MUNDIARIO: Santiago no es solo su Catedral, ni su piedra, ni sus plazas eternas; es también la memoria afectiva de quienes la han elegido como hogar y la vida cotidiana que late en cada esquina.

Resulta difícil no reconocer la verdad que encierra ese diagnóstico. Compostela es una ciudad única, no por la postal del Obradoiro —que también—, sino por la mezcla irrepetible de historia, cultura, conocimiento y vida común que genera. Lorca lo entendió al instante, y desde entonces incontables generaciones de visitantes y residentes han experimentado la misma impresión: Compostela es un lugar que atrapa.

Pero ningún patrimonio, por monumental que sea, se conserva solo. La declaración de 1985 marcó un punto de inflexión no solo en la protección de la Ciudad Histórica, sino en la toma de conciencia colectiva de que Santiago debía cuidarse de un modo distinto. Las políticas de rehabilitación, la recuperación de espacios, la lucha contra el deterioro de la piedra o la sensibilización ciudadana fueron pasos decisivos. Y, aun así, no bastan.

La alcaldesa recuerda en MUNDIARIO —con razón— que la protección de un entorno patrimonial depende también de algo mucho más frágil y difícil de conservar: su tejido social. Una ciudad histórica sin vecinos es solo un museo. Una ciudad saturada por el turismo es un escenario. Y una ciudad entregada a la lógica de los souvenirs corre el riesgo de olvidar aquello que la hizo única. En ese sentido, iniciativas como frenar la souvenirización, recuperar usos tradicionales, apoyar el comercio de proximidad o facilitar vivienda asequible para familias pequeñas no son gestos simbólicos, sino políticas estructurales.

La Ciudad Histórica puede seguir siendo un espacio de vida real

Es cierto que el declive demográfico afecta a determinadas rúas más castigadas por la presión turística, pero también lo es que el cómputo global muestra un aumento del 26% de residentes desde 1996. Este dato refuerza la tesis de que la Ciudad Histórica puede seguir siendo un espacio de vida real si las instituciones perseveran en ese equilibrio difícil entre protección y habitabilidad.

El Consorcio de Santiago ha sido una herramienta determinante en esta tarea, aunque sus recursos se han visto menguados durante años. Recuperar un nivel de financiación adecuado no es un capricho: es una necesidad para abordar retos que van desde la rehabilitación integral del patrimonio hasta la adaptación al cambio climático. Una ciudad que aspira a sobrevivir otros cuarenta años como referente histórico debe invertir en ella misma.

El aniversario coincide, además, con una mirada hacia dentro. La Semana do Patrimonio Invisíbel, impulsada por el Concello que preside Goretti Sanmartín, abre espacios habitualmente inaccesibles y devuelve a la ciudadanía piezas ocultas de su propia historia. No es solo una actividad cultural: es un recordatorio de que el patrimonio existe porque la comunidad lo reconoce como parte de sí misma. De ahí que el éxito de la conservación dependa tanto del orgullo como de la técnica.

Goretti Sanmartín. / Mundiario
Goretti Sanmartín. / Mundiario

Compostela, como señala su alcaldesa en MUNDIARIO, debe seguir siendo un lugar de encuentro, reflexión y creación

Santiago, como señala Goretti Sanmartín, debe seguir siendo un lugar de encuentro, reflexión y creación. Para ello necesita menos ruido turístico y más vida cotidiana; menos explotación comercial del pasado y más compromiso con el futuro; menos simplificaciones y más políticas complejas, sostenidas y compartidas entre administraciones.

La protección del patrimonio no consiste únicamente en restaurar muros, sino en asegurar que detrás de cada puerta siga habiendo luz, conversaciones, familias, plazas vividas y una comunidad que se reconozca en su ciudad. Ese es el desafío para los próximos cuarenta años. Y también la esperanza. @mundiario

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