Las cesiones de Sánchez facilitan al independentismo el alcance progresivo de sus metas
Una de las mentiras más comprobable es que, entre otras cosas, gracias a la amnistía y el resto de las cesiones al independentismo catalán, esta comunidad es un oasis de paz, de normalidad democrática e institucional, pese a la evidencia de hechos, con presencia de autoridades relevantes, como el president Illa y el del propio Parlament, Josep Rull, este sonriente, como acaba de comprobarse en la ceremonia de entrega del 57 Premio de Honor de las Letras Catalanas, que recayó en el filósofo y teólogo Pere Lluís Font. Organizada por la entidad independentista Òmnium Cultural en el Palau de la Música (marco de la trama convergente del 3 %), Illa tuvo que escuchar los abucheos secesionistas de buena parte del público asistente.
El president se vio envuelto en pie por una marea de gritos de una masa en la que también coreaba “independencia, independencia” a su lado Josep Rull, con cara de satisfacción. Este personaje fue uno de los condenados e indultado por Sánchez por los episodios del 1 de octubre de 2017. Illa tuvo que escuchar como el presidente de la entidad separatista, Xavier Antich, reivindicaba la figura del prófugo Carles Puigdemont. Y frente a la postura de éste, como era preciso decir algo, la consejera portavoz Sílvia Paneque, tuvo que decir algo y considerar que todo fue un acto democrático en el que se mostró una más de las diversas opciones ideológicas que existen en Cataluña, y que son otros los que quieren crear un clima de confrontación.
Así que dejémonos de embuste. Esto es sin duda, un episodio más que desmonta la repetida interpretación de que la amnistía es la solución que viene a aliviar los males de una sociedad convulsionada por el abusivo Estado represor y que ahora reina otro clima de diálogo y convivencia. El avance de que la amnistía será plenamente aplicada sin obstáculos, salvo el asunto de la malversación que afecta a Puigdemont, pero que también debe ser resuelto. Lo cierto es que desde que está al frente del Estado, aquel que dijera que “por mis principios” nunca pactaría con los que ahora los sostienen (con unos en su Gobierno dijo que no dormiría y con los otros que nunca es nunca, etc…) el independentismo catalán cubre etapas e impone sus metas.
El referéndum a la espera
Porque aparte de los indultos, en su primera fase, la reforma del Código Penal, la cesión de la gestión tributaria, el control de fronteras y la amnistía, queda pendiente la pieza esencial, el referéndum, cosa que Sánchez dijera en su momento que, junto con la amnistía nunca otorgaría, y ya se ha visto. La cuestión es cómo disfrazarlo de prospección consultiva. Pero una consulta se hace para algo, para en función de su resultado aplicar una medida conforme al dictamen de los consultados. Pero en el lote global faltan otras piezas, propias de un Estado independiente o camino de serlo, no sólo el por ahora pendiente reconocimiento de su lengua nacional en Europa, sino el progresivo y ahora impulsado desarrollo de la representación internacional, a través de la creciente red de embajadas.
Conviene recordar, por cierto, que fue el propio juez Santiago Vidal de la Constitución catalana, quien reveló que Pedro Sánchez les ofreciera reponer, mediante leyes orgánicas, aquellos aspectos que el Tribunal Constitucional suprimiera del famoso Estatut de 2006, que Zapatero dijera que aceptaría sin más cuando se lo mandaran de Cataluña, tras pactar con Maragall aquello de un Estado asimétrico. Si aplicamos a Pedro Sánchez el principio de la estadística, referido a se acaba ejecutando lo que anteriormente manifestara que nunca realizaría, no cabe duda de que, tras sus continuadas negativas a que en Cataluña se va a celebrar un referéndum, podemos colegir que lo habrá antes o después. Y sus consocios de lo recuerdan. Es divertido ahora recordar que Sánchez dijera que no podría dormir teniendo en su Gobierno a Pablo Iglesias, porque era partidario del referéndum en Cataluña. Y ya ven.
Alcanzada la amnistía a cuestión se centra ahora en atender la reivindicación de un referéndum, mediante una trampa semántica, dialéctica y jurídica. Es decir, que lo que se acuerde en las negociaciones entre Sánchez y Puigdemont, a través de sus emisarios. Una de las características de los llamados referendos consultivos es precisamente su carácter facultativo, en no pocas ocasiones porque decisiones políticas controvertidas, ya tomadas. Al tiempo. Si la amnistía cabe en la Constitución ¿cómo no va a caber el referéndum quiere Puigdemont y los otros socios preferentes del doctor Sánchez lo imponen y lo que se acuerde con Junts y ERC sea sometido a refrendo de los ciudadanos con residencia civil en Cataluña, al amparo del artículo 92 de la Constitución? Esa disposición está ubicada en el Título III. De las Cortes Generales. Capítulo II. De la elaboración de las Leyes y establece la posibilidad de someter a “referéndum consultivo las decisiones políticas de especial trascendencia”. Al tiempo. Sólo hay que saber como presentarlo. @mundiario.