Sana las heridas del pasado, no trates de controlarlo todo, acepta tu humanidad

Mujer en estado de ligereza y serenidad./ Victoria_Watercolor en Pixabay.
Mujer en estado de ligereza y serenidad./ Victoria_Watercolor en Pixabay.
Solo nos toca a nosotros decir basta, tomar posesión del timón del barco de nuestra vida y seguir la ruta de nuestro corazón en busca de una vida con más sentido, en lugar de tratar de controlar situaciones que no están en nuestro poder decidir.
Sana las heridas del pasado, no trates de controlarlo todo, acepta tu humanidad

Empezar de nuevo siempre es una dinámica que nos saca de nuestra zona de confort, pues necesitamos ajustarnos a una nueva realidad, autorizarnos a construir una nueva vida. Resignificar el dolor emocional, cerrar ciclos y emprender un nuevo camino no suele ser una elección sencilla, ya que muchas veces la realidad en la que vivimos no resuena con la nueva realidad que vibra en nuestro interior. En muchos casos, necesitamos aprender a aceptar el final, a dejar ir. Renunciar a lo terminado, trabajar las pérdidas y trabajar el desapego para ganar la libertad interior es el sustrato para construir una “nueva vida”. El proceso de renovación puede ser una experiencia dolorosa o liberadora. Depende de cómo interpretemos este movimiento en nuestras vidas.

Creo que la mayoría de las veces, los dos sentimientos se mezclan entre lo que se fue y lo que vendrá, entre la impotencia y la esperanza, entre un “callejón sin salida” y la aventura de explorar muchos caminos posibles.
Cuando estamos insatisfechos surgen varios interrogantes y valoraciones que rompen las puertas del alma, donde a partir de este momento nos preguntamos si todo lo que hicimos hasta entonces valió la pena y cuáles fueron los factores y motivaciones que contribuyeron a no terminar lo que hicimos.

Quizás sea esta insistencia disfrazada de persistencia la que nos confunde y nos inunda de chispas de optimismo, esperanza y fe en que aún en una situación que se deteriora, todo puede ser diferente, que encontraremos una salida o una solución. Si, muchas veces con nuestra persistencia, inteligencia emocional y asertividad lograremos revertir la situación, en otras necesitamos aprender que no tenemos control sobre tantas cosas, considerando que en la apuesta de la vida las cartas no siempre estará a nuestro favor y tal vez cualquier lucha no convenza a la vida para que nos devuelva lo que se fue. En este contexto, no queda otra alternativa que sacrificar lo que fue valioso para nosotros pero también costoso para nuestro ser, para nuestro caminar y vestirnos como un ser humano con nuestras limitaciones.

Ante las ruinas que quedan, lo que más deseamos es olvidar todo lo que nos frustró, nos defraudó, nos traicionó o nos lastimó. Queremos alejarnos a toda costa, olvidar nuestras elecciones equivocadas, mal pensadas, inmaduras e infelices, así como las viejas amarras de los velos de polvo que aún cubren nuestros recuerdos menos felices ante las tormentas de la vida, de lo que nos fue arrebatado, de nuestros sueños, desgarrado, que la vida nos obligó a rendirnos.

Pero nunca nos detuvimos a reflexionar sobre los temas que necesitamos replantear, a interiorizar cuánto más responsables podemos ser con nosotros mismos al no alimentar tantas expectativas de lo que no depende sólo de nosotros. Ante algunas circunstancias, es necesario considerar nuestra autorresponsabilidad en los trazos de nuestra vida, en la construcción de nuestros rumbos, en la elección de códigos de conducta y referencias y, si es demasiado pesado, invertir en psicoterapia.

En algunas circunstancias, es imprescindible desprenderse del pasado, de las cargas innecesarias que nos quitan la paz y la serenidad, de lo que nos angustia y sobre todo del caos que se empeña en no reorganizarse. En algunas circunstancias, la mejor opción que se puede tomar es reconstruir una nueva vida lejos de las ruinas del pasado. Así, solo nos corresponde a nosotros decir basta, tomar posesión del timón del barco de nuestra vida y seguir la ruta de nuestro corazón en busca de una vida con más sentido, en lugar de tratar de controlar situaciones que son No está en nuestra mano decidir y marcar el camino que queremos.

Sin embargo, no podemos olvidar que ese mismo pasado, aunque turbulento, es parte integral de nuestra historia, que nos brinda experiencias y aprendizajes, aunque se mezclen con el sufrimiento, la impotencia y el dolor.

Los aprendizajes y desafíos que moldearon y marcaron nuestras vidas, constituyeron lo que somos hoy. Todo lo que vivimos debe ser valorado, porque a partir de estas experiencias, que también son nuestros referentes, se nos dará la oportunidad de ser más estratégicos, experimentados y maduros para los días venideros, para aprender a actuar ante las adversidades y las inestabilidades. 

Así que debemos estar agradecidos incluso con aquellas flores que no florecieron y las semillas que no brotaron. Sin embargo, no podemos llorar nuestras pérdidas sin cesar. Estos, luego de elaborados, deben servir de sustrato para nuevas reconstrucciones de lo que solo se ha convertido en cenizas y polvo.

Todo se puede romper, destrozar, pero siempre podremos renovar el corazón, que "milagrosamente" se sanará ante una nueva posibilidad de volver a soñar, de reconstruir, de amar. La vida anhela la vida y ésta no espera el momento justo, el momento ideal. La vida aspira a la presentificación de lo que es ausencia en presencia, porque el mañana es una promesa que tal vez no se cumpla y el después tal vez nunca se materialice.

Ante el callejón sin salida, es necesaria una elección: permanecer ahí insistiendo en los mismos propósitos que no se logran, sin posibilidad de evolucionar, de dar un paso adelante, o mirar hacia adelante, renacer en alma y corazón, permitiéndonos renovar nuestra fe para que podamos visualizar los campos verdes que nos esperan, las flores que adornarán nuestros nuevos caminos. Y entonces, con paso firme y ojos esperanzados, nos aventuramos “con confianza” en este gran viaje que se llama vida.

Y a pesar de lo que pueda pasar, no podemos olvidar que muchas veces no tendremos control sobre algunas cosas y que en estos momentos necesitaremos vestirnos de humanidad. @mundiario

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