Plato del día

Salario Mínimo Interprofesional versus poder adquisitivo: ¡remar y remar sin llegar a la orilla!

Subir el SMI, sin controlar los índices de precios al consumo, es como darle pan a quien no tiene dientes o proporcionarle a un náufrago un flotador pinchado. ¡Doña Yolanda, póngale las pilas a su colega de Consumo, de partido y de gobierno.
¡Ellos se lo guisan...!
¡Ellos se lo guisan...!

Con todos los respetos para la Ministra de Trabajo y Vicepresidenta Segunda del Gobierno; compartiendo la euforia de los Sindicatos, caminando sobre las aguas profundas y abismales de ese Mar de los Sargazos por el que navegan las políticas salariales, el cacareado SMI, el zig-zag permanente entre lo que se percibe con el sudor de las frentes y lo que se deja en el camino, hasta cada final de mes, ante el estupor de muchas familias; incluso conmovido por la discriminación de los autónomos, como víctimas propiciatorias de la injusticia en el ámbito de lo que, alegremente, llamamos justicia social y, paradójicamente, ¡por un quítame unos euros!, pone de los nervios al sector de  grandes empresarios de lo que llamamos La Patronal, perdónenme si me dejo llevar por la osadía de poner palos en las ruedas en la redundante proposición estelar de Yolanda Díaz: esa señora de letras, curiosamente líder de un movimiento político que presume de Sumar, que en tantas ocasiones me da la sensación de que está bastante pez en ciencias.

Tampoco es que un servidor sea un doctor honoris causa en eso de la química, del álgebra, de la física, oye. Pero estos últimos días me ha dado por repasar ese fenómeno de los vasos comunicantes que le legó a la humanidad Blaise Pascal. Ese señor tan listo, en el siglo XVII, descubrió que era posible mantener el equilibrio de un líquido en dos recipientes (vasos) intercomunicados diferentes. Esta señora, en cambio, es incapaz de descubrir un método que mantenga el equilibrio entre el SMI y el poder adquisitivo de los beneficiados por tan encomiable iniciativa.

Claro que no lo puede hacer sola, la pobre mujer, por su cuenta y riesgo, y es, en ese punto, en el que quizá esté su talón Aquiles: si hay que aumentar el SMI, se aumenta, hombre, pero aumentar por aumentar, con la correspondiente efímera alegría para trabajadoras y trabajadores y la subsiguiente decepción de seguir llegando a fin de mes a dos velas, o una, o ninguna, me retrae a mi infancia, cuando me preguntaban si quería que me contasen el cuento de la buena pipa y, contestase una cosa o la otra, me corregía mi amable cuentista: yo no he dicho ni sí, ni no, yo he dicho si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa. Y así día tras día, como Yolanda año tras año…

¿Acaso no hay un Consejo de ministras y ministros?; ¿no hay entre ellos un ministro de consumo, por cierto, correligionario de la señora ministra?; ¿no es posible equilibrar, en modo Pascal, la subida del SMI con el control de precios al consumo? Es que esto, verás, es el cuento de nunca acabar cuyas consecuencias son la cuentas de nunca cuadrar. Esto del regalo envenenado de la subida del dichoso SMI, viene siendo tan frustrante como la sonrisa de un niño cuando recibe un globo, y la inevitable desilusión cuando, más tarde o más temprano, inexorablemente explota.

Puede dar la sensación de que dé votos, asunto del que está tan necesitada Doña Yolanda; que refuerce el papel de los sindicatos en este gran teatro del mundo; que el personal se resigne, aferrado a la idea de que ¡menos da una piedra! Pero una sociedad democrática, en un Estado Social y de Derecho, con un gobierno que sabemos que va diciendo por ahí, ¡hey!, que es progresista, resulta conmovedor que acepte gatos por libres y timos de la estampita salariales. Si hay que subir el SMI, se sube, ¡coño!, pero sin que se cuele de extranjis la pérdida de poder adquisitivo ¡Tanto remar, remar, remar y no llegar nunca a la orilla…! @mundiario

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