El Nuevo Mundo de Trump ya no acudiría a salvar al Viejo Mundo de Churchill
A pesar de que grandes extensiones de Europa y muchos viejos e ilustres Estados han caído, o pueden caer, en las garras de la Gestapo y de todo el odioso aparato del régimen Nazi, no vamos a flaquear ni a fallar. Juntos continuaremos hasta el final, lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y en los océanos, lucharemos con creciente confianza y con mayor fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla, no importa cuán alto sea el precio, lucharemos en las playas, lucharemos en todos los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, ¡no nos rendiremos, jamás!, y si, cosa que no creo ni por un momento, esta isla, o una buena parte de ella, se viera subyugada y hambrienta, entonces nuestro Imperio de ultramar, armado y custodiado por la flota británica, proseguiría con la lucha, hasta que, cuando Dios decida, el Nuevo Mundo, con todo su poderío y su fuerza, dé un paso al frente al rescate y liberación del Viejo.
Inicio esta reflexión de Sir Whinston Churchill en el Parlamento Británico, cuando el único reducto de libertad en la Europa de los tatarabuelos de los tataranietos de ahora era, exclusivamente, una isla geográfica, todavía libre, todavía soberana, todavía poseída por el espíritu de Camelot y sus caballeros de la Tabla Redonda defendiendo el Santo Grial de aquella forma de ser, de pensar, de vivir en esa placenta cultural, política, económica, social, a la que aún llamamos (no se sabe por cuanto tiempo) El Occidente. Y, la inicio de esta manera, porque las voces de los Churchilles de ahora, en el Europarlamento aislado en la eurocapital de Bruselas, no están dispuestas a alzar el tono y anunciar que, si nos siguen tocando los huevos, invadiendo con drones nuestro espacio aéreo, practicando el sabotaje tecnológico, amenazándonos con apretar los botones que lo mandan todo al carajo, volveríamos a luchar en las playas, en los aeródromos, en los campos, en las calles, y asegurando que ¡no nos rendiríamos jamás!
Los Hitlers surgen cuando los pueblos sometidos a rendiciones de Versalles se someten o se convierten en tifosi de odiados/amados líderes, o ahora, en esa desconsolada Madre Rusia que, tras la caída del Muro de Berlín, y la irreparable pérdida de repúblicas de ese otro lado del Telón de Acero que conformaban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que eran como hijas, oye, han pasado de aquel ¡Heil Stalin! como salvoconducto para la supervivencia, a este forzado y forzoso ¡Heil Putin! indispensable para evitar un viaje sin retorno al Archipiélago Gulag.
De manera que, una de dos, o los europeos se preparan para abandonar su zona de confort del pacifismo, del adiós a las armas, de esa superioridad diplomática, moral y moralista que propaga la estrategia de poner la otra mejilla, o aceptan el irremediable destino de aquel Johnny que, en el celuloide de Hollywood, cogió su fusil. Con un agravante para un Churchill de ahora, en comparación con el Churchill original: que ahora, en Nuevo Mundo de Trump, no acudiría al rescate y liberación del Viejo Mundo, como laque Nuevo Mundo de Roosevelt o Truman. @mundiario


