Plato del día

Yo Groenlandia, Tú Ucranialandia, Él Taiwanlandia, y lo que se pueda, troncos…

¡Hasta mañana si ustedes quieren, Trump, Putin, Xi Jinping…!, señoras y señores de esos de la guerra. Se han puesto a jugar al beisbol con esa pequeña pelota a la que llamamos Tierra y, nosotras y nosotros, miles de millones de corderos, ¡con estos pelos!, enganchados en las redes, en silencio ante los televisores.
¡Esperando al tercero en discordia!
¡Esperando al tercero en discordia!

Ahora, con todos los canales de información, deformación, desinformación vía papel, vía audiovisual o a través del descontrolado e incontrolable ciberespacio, ni siquiera los  bienintencionados Cipreses de José María Gironella podrían creer en Dios. Llámenme ustedes pesimista, aguafiestas, lo que les dé la gana (de pensamiento, en mi propia cara o desde las trincheras en las que millones y millones de cobardes autómatas, conservadores o progresistas) están degradando la altura de miras de Antonio Machado cuando, en un momento de apasionada debilidad humana, dejó grabado para la posteridad un poético y pionero twit que le salió del alma, cargado de inofensivas balas de salva: ¡si mi pluma valiera tu pistola!

Aquella pluma cargada de tinta republicana enamorada, ansiaba que Lister, el Jefe de los ejércitos de la causa en el Ebro (cuando el Ebro se transformó en un Rubicón en la historia de España), descansa ahora en paz en Colliure, lugar de Francia, impotente para volver a recodarle a los caminantes y las caminantes españolas que, al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve (se deber ver) la senda que no has de volver a pisar.

El problema es que la estamos pisando, oye. La senda genuinamente española y las sendas europeas y mundiales. Que ya no es cosa de poetas inclinar las balanzas en un poema, sino de francotiradores apostados en las redes; de ejércitos de paisano anhelando que sus pancartas valiesen los misiles, los drones, las armas de destrucción masiva de una civilización que agoniza; de gobernados a la deriva en sus respectivas zombilandias; de gobernantes de carne y hueso transformados en dioses todopoderosos que han suplantado a los dioses y diosas intangibles de toda la vida: los Alás, los Budas, los Cristo Rey, las Nüwas, las Shivas, las shintoistas, los y las de tantas tribus de un planeta (con resignados e incrédulos creyentes ex teocráticos) que han empezado a susurrar todas las noches, al meterse en las camas y recordar que están en manos de un Trump, de un Putin, de un Xi Jinping, de un Netanyahu, de un Maduro, de un Milei, de un Kim Jong-un, de un Ayatolá, gente así, aquel ¡hasta mañana si tú quieres!

 In illo témpore, verás, estaba dedicado exclusivamente a cada uno de sus respectivos dioses y diosas, pero ahora la dedican, ¡a ver qué remedio!, a cada uno de sus respectivos y respectivas divinidades actuales, mortales, eso sí, pero omnipresentes, omnipotentes y prácticamente inderrocables. Estos que, abren la boca, y nunca les salen mensajes como aquellos que auguraban un mundo feliz, no sé si te acuerdas: ¡mi paz os dejo, mi paz os doy!, sino estos otros Mesías, que no han caído precisamente del cielo, sino del infierno, predicando un mensaje apocalíptico pot toda la faz de la Tierra: ¡mi guerra os dejo, mi guerra os doy! que, francamente, ladies and gentlemen, nos lo ponen de corbata a medida que avanza este invierno de nuestro descontento, en este nuevo año que, se sabe como ha empezado, pero vayan ustedes a saber cómo termina. Y lo que podría ser más hodido, con perdón. ¿Cómo empezará el siguiente, eh…?  

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