Los riesgos de la aplicación de aspectos de la Ley de la Memoria Democrática
Desde diversas perspectivas, tanto jurídicas como históricas o simplemente morales, se están haciendo, por parte de diversos especialistas análisis sobre los efectos o el alcance final de uno de los aspectos esenciales de la “Ley de la Memoria Democrática”, de Pedro Sánchez, en cuanto que van a revivir un debate que vuelve a dividir a los españoles, pero que tiene uno de esos efectos menos imaginable: convertir en “víctimas del franquismo” a sujetos que cometieron toda suerte de asesinatos y tropelías y que, en cualquier caso, desde el punto de vista moral, deberían ser considerados lo que fueron y en modo alguno rehabilitarlos. En ese sentido en todo caso, esa revisión debería ser selectiva y documentada, separando las arbitrariedades que, sin duda se cometieron, tanto en uno como en otro bando, de quienes, también en los dos lados, fueron autores de crímenes execrables. Aunque en ese sentido, la anulación de todas los procesos y sentencias no pasa de tener un carácter simbólico, conviene no perder la memoria completa. Y ese aspecto es y debe ser diferente de la recuperación, dignificación y digna sepultura de las víctimas de las crueles acciones que se cometieron la retaguardia de la zona llamada nacional o la represión judicializada del franquismo. Esas dudas no dejan de perturbar otros aspectos positivos y reparadoras de dicha ley con las verdaderas víctimas.
Acaba de aparecer un interesante libro que, desde una perspectiva novedosa y un documentadísimo trabajo en todos los archivos donde se guardan los datos de aquel episodio, recupera los episodios del Madrid republicano, en cuanto al papel de los porteros y otros empleados en la salvación de personas perseguidas y también el heroísmo y el valor de quienes, perteneciendo a organizaciones leales a la República, arriesgaron sus vidas para preservar las de quienes pertenecían al otro bando o simplemente no eran del suyo. Se titula “Vecinos de Sangre. Historias de héroes, villanos y víctimas en el Madrid de la guerra civil 1936-1939”. Es un libro conmovedor, de Pedro Corral, un reconocido investigador sobre la guerra civil. Sigue a otro no menos conocido de Javier Esparza, titulado ”El terror rojo en España. Epílogo: El terror blanco”. El hilo conductor de esta obra es la “Causa General” abierta contra dirigentes y miembros de las organizaciones de izquierda y anarquistas, acusados y ejecutados por los actos y matanzas que se les atribuyeron. El valor de esta obra es que está prologada por el hispanista Stanley Payne, que la califica de la “narración más completa del terror republicano”.
Según Palacios y Stanley G. Payne, las estimaciones actuales permiten aventuras que en el bando republicano se cometieron 56.000 asesinatos, cifra que casi se dobla en el bando de Franco, al sumarse las ejecuciones judiciales, derivadas de los consejos de guerra que se prolongaron durante muchos años tras la guerra civil. No hay diferencia alguna entre los pistoleros de la Falange o los de la CNT, la FAI o el Partido Comunista de entonces. El libro “La dominación roja en España. Causa General instruida por el Ministerio Fiscal”, editada por la Dirección General de Información en 1961, es un recuento desde el bando franquista de los crímenes atribuidos a la República. Pero los crímenes, asesinatos, sacas y ejecuciones que allí aparecen, muy ilustrados con las fotos de aquellas desdichadas personas ocurrieron y que la memoria de estas víctimas ya fue reivindicada y honrada. Pero lamentablemente, da la sensación de que, pese a sus aspectos reparadores de la memoria de las víctimas de la represión franquista, la nueva ley carece de la altura de miras necesaria para reconocer que en las dos partes se cometieron las mismas tropelías y dotarse de un sentido reconciliador de lo que no anda sobrada la de la ·Memoria Democrática”.
De ejecutores a víctimas
La aplicación de esta ley corre el riesgo, si se ejecuta, sin más, de permitir “reconocer” como víctimas y héroes de la democracia y “víctimas del franquismo” a los miembros de las checas del Madrid republicano que cometieron 3.000 crueles asesinatos. Ya en tiempos de Carmela estuvieron a punto de incluirlos en una placa junto con verdaderas víctimas del franquismo, en los casos en que, como el gallego Garcia Atadell, del PSOE y amigo de Prieto, fue ejecutado cuando escapa con su botín. Por cierto, que sus compinches de las CNT-FAI, Partido Comunista y PSOE, también lo perseguían por no repartir los despojos de sus acciones. Por su checa llegaron a pasar 800 personas. Las checas fueron centros facultados para realizar detenciones, requisas y asesinatos durante la Guerra Civil española. Su actividad en Madrid comienza en julio de 1936 y, en muchos casos, se prolonga hasta noviembre de ese mismo año, continuando algunas de ellas su actividad bajo otras formas. En esos meses, más de 1.000 chequistas sembraron el terror en la capital. El libro informe que recoge su actividad se titula “Checas de Madrid” y es el resultado de más de 3 años de investigación del Instituto CEU de Estudios Históricos (Universidad CEU San Pablo). El proyecto “Checas de Madrid”, objeto de subvención en régimen de concurrencia competitiva por parte del Ministerio de la Presidencia, fue un ejemplo de la cobertura a la investigación sobre la memoria histórica que recogen las Órdenes PRE/480/2011, de 2 de marzo y PRE/809/2011, de 4 de abril (Resolución de 24 de noviembre de 2011). El 30 de septiembre de 2016 se presentó y se hizo entrega de un ejemplar de “Checas de Madrid” al Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, Francisca Sauquillo, del PSOE.
A ver ahora qué pasa cuando se aplique la ley de Sánchez. Eso va a ser una sorpresa. @mundiario