¿Para qué quiere que le preguntemos, si ya sabemos lo que nos va a contestar?

La tendencia en los Estudios de Mercado y en el Marketing Digital es: “No pregunte. Sólo dígale al algoritmo qué le preguntaría a una persona y éste le dirá lo que dicha persona contestaría”.
Dos mujeres. / Autor.
Dos mujeres. / Autor.

Como sabe, estamos inmersos en la Inteligencia Artificial Generativa, pero los mecanismos de dicha inteligencia van evolucionando y con ello, asimilando nuevos componentes que facilitan enormemente la toma de decisiones. Entre los componentes que se integran en la IA se encuentran los denominados Algoritmos Sinápticos, o también llamados “Algoritmos ADNe®”. Una revolución liderada por la empresa española JCBSON.

¿Cuál es la clave? Bien. Le anticipo que se trata de algo, hasta ahora, increíble.

Este tipo de algoritmos nos dice lo que contestaría una persona sin necesidad de hacerle la pregunta. Su funcionamiento se basa en la réplica del modelo sináptico de las personas. Actualmente, dicho modelo matemático se focaliza en los principales neurotransmisores que rigen el comportamiento, los cuales, una vez secuenciados, ofrecen más de 36.900 millones de combinaciones.

Su captura se realiza en menos de 2 minutos, a través de 27 breves enunciados que reflejan un código anonimizado (Id) de 7 dígitos dobles.

Le pongo un ejemplo: 26:28:31:24:31:09:19. Así de “fácil”.

Una vez se dispone de dicho código, ya no es necesario preguntar a las personas, sino al algoritmo. Éste nos dirá lo que cada individuo contestaría en caso de hacerle una, cientos o miles de preguntas.

Para una mejor comprensión de este avance biotecnológico, pensemos en un partido político que necesita saber qué le preocupa a los ciudadanos y qué tono debe utilizar en sus declaraciones.

También puede pensar en una empresa que desea saber de qué color será el coche eléctrico más apreciado entre los consumidores fans de esta tecnología, o bien, medite sobre una institución sanitaria que se plantea qué mensaje debe lanzar para sensibilizar a la sociedad.

Bien, para disponer de la información necesaria para activar un plan de acción, ya no es necesario recurrir a las encuestas tradicionales. Únicamente hay que preguntarle al algoritmo. Él nos dirá todo lo que queremos saber.

EL PASADO Y LAS ENCUESTAS

Hasta ahora conocíamos las opiniones de las personas a través de encuestas cargadas con una gran diversidad de preguntas. Dichas encuestas solían ser largas y tediosas, ya que el objetivo era alcanzar la máxima precisión posible a la hora de ofrecer información útil de rango estadístico.

Así, las respuestas eran analizadas a través de filtros socio-económico-demográficos para obtener una idea de las preferencias de segmentos ya estratificados por una gran diversidad de parámetros cruzados, como por ejemplo sus ingresos económicos, número de hijos, barrio donde se habita, etc…

Esta metodología nos ha ido enseñando sus ventajas y sus inconvenientes, paradójicamente de forma simultánea, tanto en la veracidad de las respuestas, como en las intersecciones de los criterios filtrados. Nos referimos, entre otros muchos ejemplos, a que, por vivir en el mismo barrio, no se tiene el mismo número de hijos, ni por tener el mismo número de hijos, vamos a disponer de la misma renta.

Así, en el pasado hablábamos de encuestas declarativas estructuradas en varios módulos, con preguntas diferenciadas en cada uno de dichos bloques, hasta alcanzar un mínimo de 300 cuestiones a responder por un sujeto.

EL PRESENTE ES HÍBRIDO

La personalización, la precisión y la predicción no se pueden tratar con algoritmos que ofrecen un rango de confiabilidad menor al 97%.
Así mismo, esta nueva generación de algoritmos supera con holgura el rango de significancia bioestadística y por ello, aporta la información requerida, de forma veraz, en cuestión de segundos.
De esta manera, planificar una campaña publicitaria, proceder al lanzamiento de un servicio o diseñar las características de un producto concreto, es una función muy sencilla para la tecnología algorítmica a la que nos referimos.

Dicha ecuación trabaja de forma concéntrica, ya que la implicación de elementos externos y/o circunstanciales matiza, no la respuesta, sino la intensidad de dicha contestación y su interrelación, en racimo, con el resto de respuestas virtuales.

Así, el algoritmo es capaz de relativizar la opinión proyectada y de este modo, ofrecer respuestas absolutamente humanizadas.

EL FUTURO ES LA PREDICCIÓN

Este tipo de algoritmos son fundamentalmente predictivos. Por ello, se estima que la estructura matemática actual se mantendrá. Lo que parece ser que sí se irá ampliando, será el número de neurotransmisores analizados y la forma de capturar dicha información.

Por un lado, las actividades combinadas de las moléculas neurotransmisoras se irán descubriendo hasta la máxima concreción, así como su intervención en los entresijos de las sinapsis que rigen el comportamiento.

En la actualidad, solamente se conoce una pequeña parte de la actividad cerebral relacionada con las emociones, pero a pesar de que queda mucho por recorrer, esa parcela es absolutamente fiable. Es la base inamovible del conocimiento restante.
Por ello, al igual que la dopamina fue descubierta en 1952 y la acetilcolina en 1921, probablemente en el año 2050 también puedan ser analizadas nuevas moléculas para ser incorporadas al algoritmo ADNe®.

En lo relativo a los modelos de captura del código ADNe®, no resulta descabellado pensar que en cuanto la confiabilidad de la traducción de la información de algunos biomarcadores se vea incrementada desde el actual 20% hasta el 97%, los propios datos obtenidos molecularmente podrán enlazarse con dichos algoritmos para responder, de forma autónoma, lo que un número indeterminado de personas contestaría.

EL META-FUTURO TIENE SU RIESGO

No se trata de pensar en un desarrollo que nos llevaría siglos, sino de una revolución algorítmica que se verá consolidada en cuestión de décadas.

Así, eso de “Cuando miramos hacia atrás, vemos el futuro”, ya es una realidad gracias a los modelos predictivos.

Por ello, y gracias a la condición predictiva de este tipo de algoritmos, podemos evitar un mal uso de la tecnología.

Al igual que cada uno posee un DNI, una cuenta bancaria codificada, un SIP o la matrícula en su vehículo, también seremos conscientes de la necesidad de disponer, conocer, proteger y gestionar nuestro código ADNe®. De esta manera, solamente cederemos su utilización (en su caso) a través de nuestra aceptación, sin posibilidad de rastreo, una vez el uso de dicha información se encuentre totalmente acotado.

Pero, ¿Qué pasaría si una macro empresa u organismo comprase una multitud de códigos?

Podría ocurrir que, para paliar ese riesgo, lo que “se venda” no sea el código, sino las respuestas que darían esos códigos ante unas preguntas concretas en una gran diversidad de temas y sectores, como por ejemplo en sanidad, consumo, inversión, seguros, etc…

Así mismo, para mediar en su control y gestión, también se cuenta con el alineamiento con los Neuroderechos.

Pero ya sabe… todavía queda pasar por el futuro y éste, puede predecirse. @mundiario

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