Por qué España necesita más autogobierno frente a la Unión Europea

Sin capacidad real de decisión en Bruselas, el Estado pierde legitimidad para exigir obediencia interna y pone en riesgo su propio modelo territorial.

Ilustración de la relación entre España y la UE. / Mundiario
Ilustración de la relación entre España y la UE. / Mundiario

Sí, avance lo que avance la integración europea (démoslo ahora por supuesto), si España no mantiene un grado sustancial de autogobierno, con capacidad no solo de ejecución sino de decisión, será suicida (nota: la distinción decisión-ejecución es clave). Y perdería todo derecho a exigir a las comunidades autónomas que «traguen» cuantas políticas europeas adopte la Comisión, porque es imposible que todas, todas, todas las políticas de Bruselas sean tragables por las doscientas y pico regiones que componen la Unión, más las que vengan. En una UE descomedida y desnortada, y con regiones de lo más variopinto, de Laponia a Madeira, es metafísicamente imposible que todas, todas, todas las normas y acciones europeas les vayan bien a todas.

Conviene recordar que si desde hace más de treinta años (con muchas menos regiones que hoy, y menos heterogéneas) existe un Comité de las Regiones, es por algo. Que tengamos que recordarlo ya sugiere que la cultura política europea ha perdido la dimensión regional que un día tuvo, y que los que mandan, mandan, ignorando a las regiones.

España, ante la UE, recuerda el comportamiento de Galicia ante España: sometimiento. Feijóo lo rebosa; como Rueda; pero no es monopolio del PP: es transversal. Estos días, todos aquí alaban el discurso del canadiense Mark Carney en Davos, el anti-Trump, sin pararse a pensar que España no cumple lo que Carney dijo: que "no está en la mesa sino en el menú", y parece que a gusto y, como el verdulero comunista del ejemplo, sigue llenándose la boca con verdades oficiales jurídico-internacionales, que Carney ya da por pasadas, porque es realista y sabe que este es otro mundo. España no, y no echa de menos autogobernarse.

España confunde integración europea con sumisión política. Sin autogobierno estatal, las autonomías buscarán defensa directa en Bruselas

Un ejemplo. En la UE, por fin, y ante la locura de Ucrania, parece que Italia, Alemania y Francia defienden hablar con Rusia, sea por las vías europeas oficiales o no; si hace falta, con un enviado especial, pasando de Von der Leyen y Kallas, dos insensatas belicistas que carecen de toda legitimidad democrática. Si la iniciativa va adelante, será un ejercicio de autogobierno por parte de esos países. Ignoro qué saldría de una conversación con Putin. No debe de ser como ir a la cafetería de la universidad. Pero algo ha quedado claro: si los Estados quieren proteger a sus ciudadanos, o frenar una insensatez clamorosa, deberán desmarcarse de Bruselas a veces (me temo que cada vez más).

Si España no lo hace, si colabora en el castigo a su propio agro, su pesca o su industria automovilística; si se autogobierna poco, si ejecuta servilmente hasta la última ocurrencia de Bruselas, pierde todo derecho moral a impedir que sus comunidades autónomas se autodefiendan, pasando de Madrid si hace falta. Si España conservase una dosis sustancial de autogobierno, puede que en el interior fuera injusta (siempre lo ha sido); pero si ni siquiera la conserva, las comunidades autónomas deberían pasar de Madrid y enfrentarse directamente a Bruselas en las materias de su competencia, pues Bruselas está obligada a respetar la identidad constitucional de los Estados miembros (art. 4.2 del TUE).

Si Galicia, o Murcia, o quien sea, no puede realísticamente esperar de España ninguna defensa seria, su obligación de hacerlo todo a través de Madrid cesa. Las relaciones región-Estado-UE deben ser contractuales y de consentimiento —government by consent— y no de trágala. Y la insensata y autoritaria Bruselas lleva ya demasiados pasos en esa dirección, por procedimientos no trumpistas pero, a la larga, quizá más efectivos.

Precisamente ahora, los americanos están recordando al mundo que forma parte de la democracia y el federalismo la posibilidad de resistirse seriamente al poder; a cualquier poder. ¿Y si el gobernante fuera san Francisco de Asís? Pues, aparte de ser poco probable, también. España, en cambio, sigue asociando democracia, Estado de Derecho, modernidad y progreso con sumisión, tanto en su interior como ante la UE. @mundiario

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