La prospectiva amoral, Sánchez, Illa y la ausencia de la bandera de España
Mensaje recibido. El protocolo y el ceremonial son lenguajes simbólicos y hacer o no hacer una cosa tiene significado. Y son tan importantes que en la vida oficial y pública y están pautados, con disposiciones como la “Ley de Banderas” o los decretos de precedencias del Estado o de las propias autonomías. En el acto de entronización de los consellers del Gobierno de Illa no estaba presente otra bandera que la de Cataluña, y no la de España. Fue notable y evidente. El acto de la toma de posesión trae causa del propio Estatut y éste de la Constitución, pero lo que se pudo evidenciar fue un acto plenamente soberano como de una nación per se.
Por elevación hay que situar esta evidencia en el contexto real de la reconfiguración del Estado hacia un no especificado modelo federal, formado por varias naciones, una especialmente notable de elementos propios de la plena soberanía. Más allá de esa evidencia, ahora resulta que nos dicen que un partido que se declara “catalanista”, y con programa socialdemócrata, pero que canta la Internacional y levanta el puño, pero que, en contra de sus propios documentos y principios básicos, establece que la vecindad civil, o sea, el lugar de residencia de un ciudadano, determina que goce de derechos diferentes a los del común del resto del país.
Y todo esto ocurre porque el señor presidente de Gobierno, que ha colocado a Illa en la presidencia de la Generalitat, como lo fue él mismo en la del Estado a cambio de precio o tasa, cediendo todo lo necesario de lo que le impusieron sus consocios. Uno de los más notables turiferarios de Sánchez lo ha descrito con enorme precisión, “ya que no se siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos”. Y lo más insólito es que al mismo tiempo diga que se debe a sus principios y que siempre cumple lo que dice, pero eso se matiza con que sabe hacer “de la necesidad virtud” y cambiar de opinión.
Compromisos para no cumplir
Y eso nos sitúa en lo que la sociología política, la psicología y las reglas éticas denomina “prospectiva amoral”. Es caso de produce cuando un determinado sujeto hace proposiciones y establece compromisos que sabe que no va a cumplir. Sino que cuando los formula lo hace con una reserva intelectual y la justificación subsiguiente cuando ha de explicar su cambio substantivo sobre lo que enunciara. Y eso “no es mentir, sino cambiar de opinión”. En el caso de Sánchez y sus más directos colaboradores (como Carmen Calvo (que dijo aquello de que “los socialistas somos de fiar”) o María Jesús Montero (que nos explicaba enfáticamente por qué la amnistía no cabía en la Constitución o que la unidad fiscal de la nación era inamovible) la repetición de estos actos es evidencia de esa prospectiva amoral.
En el caso de Sánchez, hemerotecas y videotecas ofrecen ya una serie consecutiva que tiene llamativas paradas. La prospectiva se define como el conjunto de análisis y estudios que se llevan a cabo previsoramente para explorar o predecir el futuro en una determinada materia o dirección. En el caso de determinados políticos, como Sánchez, esos cambios de opinión y objetivos necesitan liberarse de toda atadura moral y amoldar las leyes o las disposiciones que hubieran podido condicionarlas de alguna forma, para alcanzar el poder o los objetivos. De ahí el cinismo de decir que cuando se afirmó una cosa se quería decir lo contrario o que, como dicen los tamborileros de Sánchez como virtud, “que no se siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos”.
Pero eso no ha hecho más que empezar. Otro notable ejemplo de esa amoralidad prospectiva la encontramos en la ponencia marco del 40 Congreso del PSOE, celebrado en 2021 en Valencia; es decir, las líneas básicas de actuación de la organización en todos los ámbitos. Entre las 304 páginas de las que se compone el documento, en el apartado titulado “por un sistema fiscal progresivo y dirigido a la inclusión social” se incluye lo concerniente al sistema de financiación territorial”. Y se destaca que desde que Sánchez era presidente “adquirió el compromiso de consensuar un nuevo sistema de financiación autonómica y local que diera solución a las disfunciones arrastradas desde hace años atrás, en aras de disponer de una propuesta, que una vez alcanzados los consensos necesarios, daría paso a la tramitación de las leyes precisas para su materialización, tras un amplio y extenso debate nacional. ¿Qué fue ese debate cuando se toman ya decisiones de enorme trascendencia como los acuerdos con ERC y el plan de ejecución que repercute sobre el conjunto? Por cierto, todo un detalle, Illa otorgó Justicia y calidad democrática de Cataluña al conseller Ramón Espadaler, que organizó el referéndum de 2014. Ya tiene experiencia. @mundiario